Las heroicas jornadas de octubre de 1977 Por Carlos Núñez Téllez, Comandante de la Revolución fallecido el 2 de octubre de 1990

Las heroicas jornadas de octubre de 1977 Por Carlos Núñez Téllez, Comandante de la Revolución fallecido el 2 de octubre de 1990
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La historia de la lucha revolucionaria de Nicaragua tiene en las Heroicas jornadas de octubre de 1977 uno de sus eslabones más importantes. No se trata únicamente de los niveles de heroicidad que allí fueron alcanzados y que constituyen algunas de nuestras páginas más gloriosas, sino también de sus profundas repercusiones en la conformación de lo que sería la estrategia del FSLN para el derrocamiento de la dictadura y la toma del poder.

El período inmediatamente anterior –de diciembre de 1974 hasta octubre de 1977– se caracteriza por una sistematización casi sin precedentes de la represión. Son años de grandes embates de la dictadura contra el movimiento popular que tienen como objetivo central el aniquilamiento del FSLN; años extremadamente duros para la vanguardia revolucionaria.

Durante 33 meses, Somoza ejerció de manera directa un absoluto control del Estado, del aparato militar e, incluso, de las relaciones económicas, procediendo a la más arbitraria política económica que trajo como consecuencia el deterioro creciente de su rol de representante del conjunto de la burguesía.

En medio de una crisis sociopolítica seria, profundamente enraizada en la desastrosa gestión económica, amparado en el estado de sitio y la ley marcial, Somoza desata un feroz acoso a los contingentes guerrilleros en la montaña, la persecución implacable a los militantes del FSLN en las ciudades, la más violenta represión contra las bases sociales del movimiento revolucionario.

Cuando el terror institucionalizado parecía configurar el aniquilamiento de la alternativa revolucionaria, ya para entonces encarnada claramente por el FSLN, la reactivación de la lucha de masas en sus distintos frentes es la que va templando –en las más difíciles condiciones– la capacidad y la voluntad de lucha de las masas populares. Las luchas obreras, las luchas estudiantiles, el renovado impulso de la lucha por reivindicaciones políticas y democráticas, la resistencia violenta a las bandas somocistas, las denuncias nacionales e internacionales del régimen de terror y el genocidio contra nuestros campesinos, van conformando niveles cada vez más altos de conciencia en el pueblo, al punto que –conjuntamente con otros elementos– son factor determinante en el intento del régimen y sus aliados imperialistas de implementar una farsa democratizante y demagógica apelando al concurso de la burguesía opositora.

La reacción y el imperialismo daban por aniquilado al sandinismo. Confiados, intentarían aniquilarlo políticamente con un proyecto sui géneris reformista burgués. La demostración de los avances y la reafirmación de la lucha armada por parte del movimiento revolucionario fue la gloriosa Jornada de Octubre.

San Carlos, Masaya y Ocotal platean claramente que, peses a los reveses y la persecución, el FSLN no se arredra, que es capaz de retomar la ofensiva. Demuestra la autoridad política del FSLN en el seno del pueblo y que el pueblo ha alcanzado un nivel de conciencia que lo lleva a tomar las armas al llamado de la vanguardia.

La Ofensiva de Octubre de 1977 es una demostración contundente del carácter ilegítimo de cualquier reagrupamiento político que, a instancias del imperialismo, pretendiera salvar la inminente crisis total mediante un somocismo “remozado”.

Octubre es el campanazo, es el aviso de que en el futuro se desencadenaría un proceso ininterrumpido de integración de las masas populares a la lucha armada como vía fundamental hacia el derrocamiento de la dictadura y la toma del poder en función del logro de sus objetivos históricos.

Grandes fueron las lecciones de Octubre para el movimiento popular y particularmente para la vanguardia.

El primer mandato que se deriva de Octubre es la unidad como tarea impostergable para los sandinistas. Este fue el legado de los sandinistas que cayeron en esta jornada, entre ellos Pedro Arauz, el entrañable “Federico”, uno de los dirigentes más caracterizados de nuestra vanguardia, quien forjó y aportó grandes experiencias en materia organizativa y cuyos enormes esfuerzos fueron factor importante en la estructuración del FSLN a nivel nacional.

San Carlos, Masaya y Ocotal son el detonante que pone de manifiesto que hay condiciones para dar un salto cualitativo en el desarrollo de la lucha y que de ese salto dependerá –y eso se confirma pocos meses después– la victoria o la derrota de las fuerzas revolucionarias.

Octubre incide en la perspectiva militar de la vanguardia. Una de sus lecciones es que la guerra también puede librarse en las ciudades y que hay disponibilidad de las masas para hacerlo.

Octubre constituyó incuestionablemente un anuncio del reconocimiento de la lucha de las masas y su participación beligerante como protagonistas de hechos combativos. Fue la primera gran clarinada de la gran insurrección que, en su ofensiva final, daría al traste con la tiranía.

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