Los héroes del retén del 17 de octubre de 1977 Por Guillermo Antonio Martínez

Los héroes del retén del 17 de octubre de 1977 Por Guillermo Antonio Martínez
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Eran las 6:45 de la mañana del 17 de octubre de 1978 y yo transitaba en compañía de mi señora, Virginia de los Reyes Ruiz González, y de Eva Lozano, que trabajábamos en Pinturas Sur, a la altura del km 13½ de la carretera a Masaya, cerca de los paredones contiguos al cauce El Arroyo y el puente del mismo nombre, pero mejor conocido por el nombre de la empresa.

Ese día, los tres miramos unos chavalos arriba de los paredones. Yo pensé que eran garroberos que casi siempre estaban introduciendo varas en los hoyos que había en los paredones para sacar a sus presas, pero la diferencia fue que estos nos hicieron señas para que pasáramos rapidito. Pero no: muchas horas después supimos que estaban armados y emboscados. Ellos fueron los que frenaron durante horas a decenas de guardias somocistas que ese día querían llegar a toda prisa a Masaya, en donde los guerrilleros del Frente Sandinista habían atacado el cuartel militar.

Empieza la balacera

Estábamos a 150 metros del portón de la empresa. Apuramos el paso y llegamos rapidito pues teníamos que estar a las 7:00 de la mañana. Cuando nos disponíamos a encender las maquinas, a las 7:10 am, escuchamos las primeras detonaciones de bombas, en el lugar exacto por donde acabábamos de pasar; fueron detonaciones seguidas y potentes, también disparos de todo calibre. Eran los chavalos con los que nos habíamos encontrado. No pasó mucho tiempo cuando escuchamos disparos de ametralladoras de alto calibre, estallaban bombas y escuchamos el rugir de aviones y avionetas sobrevolando el lugar. Algunas de las bombas eran tan potentes que estremecían el edificio, la pintura saltaba de las máquinas y se regaba en el piso.

Cuando eran las 8 de la mañana, me trasladé al segundo piso de la empresa para observar mejor la situación. Ya estaban ahí otros trabajadores viendo el combate. En esa planta se almacenaban envases y había una gran puerta corrediza que la teníamos entreabierta. Cuando los aviones pasaban, los que iban en ellos apuntaban sus ametralladoras a la puerta del piso donde estábamos. Pasaba el avión y entonces medio abríamos la puerta para seguir viendo el combate. Se miraba el puente en donde había un camión parqueado con dirección hacia Masaya que tenía el rótulo BATAAN y desde abajo del camastro se miraban 5 chavalos disparando armas automáticas. El ruido de los balazos era atronador.

Minutos después varios de nosotros decidimos replegarnos a las oficinas porque era el lugar más seguro debido a que estaba construido de bloques.

Arreció el combate. Las bombas estremecían los ventanales. Encerrados en las oficinas, nos lanzamos al piso. Se escuchaban los silbidos de los balazos.

Guardias Nacionales desplegados en el retén colocado por tres héroes sandinistas en el kilómetro 13 y medio de la carretera a Masaya, el 17 de octubre de 1977

Dos trabajadores heridos

En eso, como media hora después, nos avisaron que dos compañeros de trabajo habían sido heridos en el combate y que debíamos rescatarlos. Ellos eran Manuel Salvador García y José Antonio Gómez. Uno de los aviones había disparado con una ametralladora contra la puerta corrediza cerca de la cual estábamos minutos antes. Los muchachos no lograron cerrar a tiempo la puerta y recibieron los impactos de bala.

Cuando llegamos al segundo piso, ya venían saliendo. Uno de ellos venía caminando con un balazo que había entrado y salido de su pierna izquierda. El otro venía chineado por otro compañero, pues el balazo le deprendió todo el muslo de la pierna derecha. Nunca encontramos la carne que le había arrancado de un solo cuajo.

Fue en ese momento del rescate, como a las 8:45 de la mañana, y teniendo la malla perimetral a unos 80 metros del edificio donde yo estaba, que vimos a dos muchachos que caminaban a la orilla del cerco. Uno vestía camisa blanca y el otro llevaba camisa roja: eran los muchachos que estaban dejando su puesto de combate para salvar sus vidas. Habían defendido el punto por casi 2 horas, en desventaja frente a 300 guardias, 2 aviones y una tanqueta. Ya de vuelta en las oficinas y en el piso, escuchamos que estaba rafagueando las oficinas. Se sentían los impactos y el sonido de ventanales cayendo al suelo.

Después de las ráfagas, sonó el teléfono. A quien respondió le ordenaron que todo los que estábamos en el interior del edificio teníamos que salir con las manos en alto. Quien recibió la orden llamó a la caseta del vigilante y pidió que le pasaran a quien había llamado. Le preguntó quién nos garantizaba la vida. La repuesta fue un tableteo de metralla desde la tanqueta contra las oficinas. Sin que nadie nos ordenara todos salimos en fila con las manos arriba. Éramos entre 80 y 90 trabajadores.

Cuando estábamos afuera, nos percatamos de la gravedad del asunto en que estábamos metidos. Estaba la tanqueta y un pelotón de guardias apuntándonos con sus armas. Cuando íbamos saliendo, un guardia nos recibió para registrarnos. No decía nada, sino que solo nos pateaba: hablaba con la punta de sus botas. A mí en lo personal no recuerdo que me haya pateado, pero a otros sí.

Después de este registro, otro grupo de guardias nos recibió y nos revisó. Una vez que terminaban su registro, a cada uno lo agarraban la cabeza y lo obligaban a pegarla al pecho. Luego lo lanzaban a la grama que cubría un jardín espacioso que había en las afueras del edificio y lo obligaban a estar boca abajo, con la orden de no levantar la cabeza. Si desobedecen, nos dijeron, nos volarían la cabeza a balazos.

Un colega era capitán de la Guardia Nacional

Todavía faltaban varios de nosotros en fila india esperando que nos revisaran cuando el oficial de la Guardia ordenó al operario de la tanqueta disparar frente a todos. Yo logré revisar con la vista que ninguno estuviera herido o muerto. Deduje que lo había hecho para demostrarnos que estaban dispuestos a todo, para amedrentarnos.

Una vez todos boca abajo en la grama comenzaron a preguntarnos que dónde estaban los que estaban disparando. La Guardia andaba registrando todo el edificio. El oficial que comandaba dijo que iban a bombardear la fábrica porque ellos sabían que ahí estaban los que atacaron.

Para mi sorpresa, de entre nosotros se levantó el Gerente de Ventas y se identificó ante los militares como oficial ad honorem de la Guardia Nacional, con grado de capitán y presentó su tarjeta de identificación que lo acreditaba como tal. Se fue a platicar con el oficial pero no supimos qué habían hablado. Pero después nos empezaron a preguntar por qué teníamos dos heridos, pues el combate había sido afuera y no dentro de la fábrica. El guardia ad-honoren se encargó de explicar. Media hora después desmontaron el operativo, aunque los aviones seguían realizando vuelos rasantes sobre nosotros y la fábrica.

Los dos heridos fueron llevados por la Cruz Roja al hospital. Y quiero destacar la actitud de una señora que trabajaba con nosotros, creo que se llamaba Gladys, quien se puso de pie y les dijo a los guardias que ella acompañaría a los heridos. Se les paró duro a los guardias. Ella tenía los ovarios bien puestos, pues aunque ella sabía que estaba en peligro. Ninguno de los guardias le dijo nada. Ella se montó en la ambulancia y se fue con los dos heridos.

Estuvimos unas dos horas acostados boca abajo en la grama y en ese lapso, escuchamos hablar a los guardias de cómo mataron a los muchachos, a los que yo había visto a la orilla de la malla. Los mataron cerca de las instalaciones de la fábrica, donde había un plantío de mangos y plátanos, con bombas que lanzaron desde el avión.

Cuando nos estaban registrando pude ver a personal de la Cruz Roja que venía con dos camillas desde el fondo, como a unos 80 metros de distancia, pero yo no pude observar bien los cadáveres, porque la situación era muy tensa y no podía acercarme.

A las 11 de la mañana aproximadamente, la Guardia terminó de constatar que ninguno de los trabajadores de la empresa tenía nada que ver con los hechos acaecidos y nos dieron la orden de salida.

Huellas del combate

Como nosotros vivíamos en el sector nos íbamos a pie. Miré el camión grande, tipo van de 8 toneladas, parqueado en la entrada de la empresa. En el vidrio delantero tenía un enorme orificio de bala, de unas 16 pulgadas de diámetro. Tenía el rótulo de BATAAN. Cuando caminábamos sobre la carretera miramos una casa que estaba hecha de ladrillos de barro, completamente desbaratada por los disparos y las bombas que le habían lanzado desde el avión.

También había un carro marca Renault, color cremita claro, sobre el camino a mano izquierda que bordea la cima del paredón, que tenía un orificio de bala en los vidrios delantero y trasero, de más o menos unas 16 pulgadas de diámetro: fue traspasado de lado a lado.

Un poste de cemento, para el tendido telefónico, había desaparecido pues solo quedaba la madera donde van los alambres, la base y algunos alambres y hierro retorcidos. Exactamente en ese punto era donde estaban los muchachos del paredón izquierdo. Los otros muchachos estaban en similar posición en el paredón derecho o de abajo.

Salimos a la carretera y nos encontramos como 200 metros del pavimento alfombrado con casquillos de balas de fusilería de gran calibre, de M50, de bazuca que utiliza la tanqueta. Para dar un paso, teníamos que poner el pie y batir dentro la capa gruesa de casquillos para apoyarlo y luego hacer lo mismo con el otro pie.

Ya bajando frente a los paredones miramos mucha sangre, la suela y la mitad del cuero del cuerpo de una bota militar, varias jeringas y un frasco que decía Morfina, un niple galvanizado que había explotado. Más adelante estaban dos vehículos de la Guardia, un camión y un jeep, estrellados contra el muro del puente. No había nadie a bordo de ambos. Más adelante, subiendo la cuesta, había otro jeep GN sin nadie en el interior. A medida que caminábamos, iban disminuyendo los casquillos en el pavimento.

Cuando llegamos al empalme de Ticuantepe quedamos libres y pudimos respirar tranquilos. Ya no había GN en el monte. Cuando llegamos a la casa, nos dimos cuenta que el Frente Sandinista había atacado el comando de Masaya.

Caídos en el combate

Manuel Sánchez García (Ángel o Cleto), de 26 años; dejó una hija, Claudia María. Tuvo tres hermanos, pero uno de ellos falleció hace tres meses. Le sobreviven Mario y Clementina Sánchez García. Carmen Patricia Díaz Sánchez es sobrina de Manuel.

Rolando José López Porras (Jacobo), de 25 años; dejó tres hijos: Yimy López Vivas, Rolando López Vivas y Jairo López Vivas.

Norman de Jesús López Porras (Hugo), de 23 años; dejó un hijo, Norman José López Gaitán.

La mamá de los hermanos López Porras, falleció hace 8 años. Aún viven dos hermanos de Norman y Rolando, cuyos nombres son Róger y Leyla López Porras

Heridos

Manuel Salvador García y José Antonio Gómez, trabajadores de Pinturas Sur

Prisioneros

José González (José Culebra), habitante del sector que en estado de ebriedad se llegó a asomar creyendo que había una Purísima; y un joven de apellido Naranjo, trabajador de la empresa Pinturas Sur

Sobrevivientes

Virginia de los Reyes Ruiz González y Guillermo Antonio Martínez

Semblanza de los hermanos López Porras (Escritas por amigos y familiares)

Norman de Jesús López Porras, “Hugo”

En las primeras horas de la mañana del 17 de octubre de 1977, a sólo cuatro días de haberse realizado las acciones de San Carlos, Río San Juan, y San Fabián, en el norte del país, se escuchaban noticias de fuertes enfrentamientos armados en la carretera de Managua a Masaya y en la propia ciudad de Masaya.

A medida que transcurre el tiempo, se conoce con certeza los sucesos: uno en el km. 13 1/2 carretera a Masaya y el otro propiamente frente al Cuartel de Masaya, en donde un grupo de veinte combatientes del Frente Sandinista de Liberación Nacional son los protagonistas de las acciones.

Sincronizadamente a los sucesos de la ciudad de Masaya, se programan otros dos objetivos que son montar un retén en la carretera Tipitapa-Masaya, el cual no opera porque no se hacen presentes los destinados a esa misión, y otro retén en el kilómetro 13 1/2 carretera Masaya-Managua, donde se encuentran los compañeros los hermanos Norman y Rolando López Porras y Manuel Sánchez García. Los combatientes sandinistas están armados de una ametralladora calibre 30, un fusil Garand y un M-3.

Luego del combate, la Guardia reporta solo 9 bajas, aunque en realidad fueron 20 entre muertos y heridos.

Se puede afirmar con certeza que los compañeros que caen en la jornada de octubre de 1977 son héroes, pero hay que reconocer que Norman, Rolando y Manuel se agigantan como tales al cumplir con firmeza, disciplina y alto espíritu revolucionario la misión que les encomendó la Vanguardia.

Ellos lucharon contra un contingente de 200 soldados reforzados por dos aviones, un helicóptero, tanquetas, un lanza llamas, cuatro M-50, nueve M-30 y morteros de 60 mm. La calidad moral de tres sandinistas y su convicción revolucionaria pudieron más que la aplastante superioridad numérica de la represión dictatorial.

Hijo de tigres…

Norman López Porras, de seudónimo “Hugo”, nace el 22 de enero de 1954 en la comunidad Pío XII en el municipio de Nandasmo, departamento de Masaya.

No es por azar que se le destaca como responsable en este operativo, sino porque precisamente a lo largo de su trayectoria ha mostrado constantemente decisión combativa y muy clara conciencia en cuanto al papel que le corresponde jugar.

Su padre, Gustavo J. López, agricultor y su madre Esperanza Porras, ama de casa; ambos fuertes opositores al régimen de Somoza. Su padre sufre prisión y vejámenes en tres ocasiones; la primera, en 1955, acusado de repartir papeletas en contra del régimen de Somoza; la segunda vez, lo sacan de su casa en la madrugada del 22 de septiembre de 1956, fecha en que un grupo de patriotas encabezados por Rigoberto López Pérez ajusticia al dictador Anastasio Somoza García; y la última vez después de los sucesos del 11 de noviembre de 1960, cuando un grupo de opositores al régimen somocista participan en el ataque a los cuarteles de Jinotepe y Diriamba. A don Gustavo lo acusan de cómplice. Al no probársele nada, al cabo de 22 días recupera su libertad.

Su madre cae presa en 1967 acusada de hacer circular tarjetas electorales que comprueban el fraude electoral de ese año. En esa ocasión doña Esperanza fue obligada a caminar desde Pio XII hasta el Cuartel de Masaya, unos 15 kilómetros de distancia. Además, sufre torturas psicológicas.

Estos hechos demuestran el ejemplo de patriotismo y coraje que recibe Norman de Jesús de sus padres y que sin lugar a dudas, pesa mucho en la formación del compañero.

Las primeras letras las aprende en la escuela rural de Masatepe, finalizando su primaria en 1966. Es un niño estudioso y muy creativo. Su padre cuenta que le gustaba hacer juguetes como yoyos y trompos; además es muy cariñoso con sus padres y hermanos, pero muy reservado en sus cosas.

Su adolescencia la pasa en condiciones similares a la de los muchachos de su medio, ayudando a su familia en las labores de la agricultura. En 1969 cuando cursa su tercer año de secundaria, comienza a desarrollar su carrera revolucionaria, al participar en el movimiento estudiantil del Instituto Anastasio Somoza. Por estos años se viene gestando en algunas partes del país un fuerte movimiento estudiantil y de masas en apoyo a los hermanos sandinistas que guardan prisión en las cárceles somocistas, y de protesta por el mal trato que estos reciben.

Expulsado del colegio

Organizó huelgas y dirigió la toma de su colegio por espacio de tres días. Por su participación es apresado. En la cárcel es amenazado de recibir castigos más fuertes si continua participando en la lucha estudiantil. La directora del Instituto donde estudia lo expulsa y lo mal recomienda para que no sea admitido en ningún otro colegio estatal.

Se traslada a Managua y continúa sus estudios en el Instituto “Andrés Bello”, bachillerándose en diciembre de 1973. Al siguiente año ingresa a la carrera de ingeniería civil, en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), donde continúa sus actividades incorporado al Frente Estudiantil Revolucionario (FER).

Nuevamente cae preso, esta vez en Las Esquinas, San Marcos, Carazo; ocasión en la que lo bajan de un autobús a golpes y culatazos de fusil. Su hermano Rolando, observa la captura y cuenta a su familia que Norman sacó de su bolso una documentación que llevaba, la rompió hasta hacerla pequeños pedazos y se la tragó, demostrando así el grado de responsabilidad revolucionaria, ya que al evitar que esa correspondencia cayera en manos de la GN protegía las estructuras clandestinas que él conocía.

Desde 1975 se destaca como cursillista; asiste a varias sesiones de trabajo y estudio en el Seminario Nacional de Managua, reflejándose en él características propias del verdadero cristiano.

Militante de tiempo completo

En 1976, al integrarse de lleno a las filas del FSLN, y cursando el tercer año de ingeniería, decide abandonar sus estudios para dedicarse de tiempo completo al trabajo de la organización. Norman abre el trabajo en el campo, organiza en Masatepe una célula compuesta por Manuel Sánchez y Freddy García, otra en Pio XII compuesta por Francisco Porras, Zacarías López, su hermano Róger López Porras y su primo Juan Ángel López, con quien logra montar dos grandes buzones con armamento en las zonas de Pio XII y en San José, de Masatepe.

A la vez, construye un ranchito en la finquita propiedad de su familia llamada La Mini-Hacienda, donde garantiza seguridad para convivir y poder operar con compañeros que desarrollan el trabajo en la zona. Por ahí pasan compañeros como Camilo Ortega, Jorge Sinforoso Bravo, Germán Pomares, Félix Pedro Picado, Daniel Ortega, Leticia Herrera y otros compañeros que van de paso hacia otras estructuras del país.

Con anhelo de buscar superación para sus hermanos del campo, en este mismo año monta una escuela nocturna en la casa cural de su pueblo, para que los compañeros aprendan a leer y escribir. Es por eso que Norman era un líder, en todas partes lo conocían y la gente le protegía pues tenía una enorme capacidad para relacionarse.

Siempre preocupado por el beneficio de su pueblo coordina un grupo de jóvenes de su comunidad para que realicen obras de bienestar social, las que vendrán a aliviar de alguna manera las condiciones difíciles del campo. Llega a materializarse el reacondicionamiento del sistema eléctrico, arborización de la plaza de deportes y otras obras menores.

Ya para mediados de 1976 impulsa en la ciudad de Masatepe y en las comunidades San José, Santa Rita, El Portillo, Las Crucitas y otras, el reclutamiento de campesinos y estudiantes que apoyan la causa del FSLN.

Trabaja muy de cerca con la compañera Leticia Herrera, “Miriam”, y luego que la compañera parte a integrarse al Frente Norte, Norman pasa a ser miembro de la comisión que se responsabilizará del trabajo en la ciudad de Masaya, junto con los compañeros Juan Carlos Herrera y Francisco Castellón Peinado.

Un cuadro capaz y humilde

La Comandante Herrera recuerda algunos detalles de la personalidad y participación del compañero Hugo:

“Norman participa en la elaboración de los planes para el asalto al cuartel de Masaya. Canaliza un gran trabajo en la organización religiosa Testigos de la Palabra, a través de la cual se contactaron algunos elementos para la organización. Como era muy conocedor del área rural se logran ampliar las bases de apoyo como finquitas, y aseguraba el transporte a los cuadros clandestinos, él materializó una serie de buzones, dos de los cuales sólo Norman y yo conocíamos. Norman era un joven rebelde. Lo que más llamaba la atención era su decisión pues jamás le puso peros a nada. Tenía una gran capacidad para resolver los problemas y era muy humilde. Mantenía siempre una gran serenidad”.

El 7 de mayo de 1977 sale hacia Costa Rica. Su misión es llevar una correspondencia, en la que se informa a los compañeros de la Dirección Nacional la situación interna del FSLN en al área de Masaya y ciudades aledañas. Regresa al país el 10 de mayo para salir nuevamente el 16 a integrarse a una escuela político militar, en la que participa junto con el resto de compañeros que realizarán las acciones del 17 de octubre

A medianoche del 10 de octubre de 1977, seis días antes de su caída, llega a su casa en busca de ropa; conversa con una de sus hermanas y evita que el resto de su familia lo vea para no causarles sufrimiento. El 13 de octubre se encuentra reconcentrado con todos los compañeros que participan en dicha acción.

El 17 de octubre, en horas muy tempranas de la mañana, es trasladado en compañía de los otros compañeros, al lugar en que harían el retén al enemigo.

Indudablemente esta acción marca una etapa superior de lucha dentro de la Vanguardia, lo que confirma el Comandante Bayardo Arce Castaño al referirse a estos sucesos en el discurso que pronuncia en 1979 en el Teatro Rubén Darío, al conmemorarse el II Aniversario de la Jornada de Octubre: “La acción de Masaya el 17 de octubre de 1977 es para el Frente Sandinista de Liberación Nacional el salto cualitativo más importante de la fase final de la lucha contra la Dictadura Somocista”.

«Si muero, moriré por la causa sandinista»

Rolando López Porras nace el 9 de julio de 1952, en el barrio Pio XII del municipio de Nandasmo, departamento de Masaya. Su padre Gustavo López Gaitán, pequeño agricultor, y su madre Esperanza Porras Barquero.

Rolando estudió su primaria en la Escuela Superior de Varones de Masatepe. Se desempeña posteriormente como chofer de la ruta hacia los pueblos de los departamentos de Masaya y Carazo por la ruta de la carretera sur. Con su compañera Ángela Vivas, “Jacobo” tiene tres hijos Jairo José, Rolando y Jenny.

En 1976, cuando su hermano Norman empieza a desarrollar trabajo político en Masatepe, Rolando José pasa a formar parte de una célula del FSLN.

Al principio colaboraba ampliamente con el trabajo que realizaba su hermano, más adelante se va integrando de lleno a las actividades de la organización y participa directamente como correo y en trasiego de armas; en la actividad logística brinda ayuda a los compañeros clandestinos que pasan por la propiedad de su familia.

Siente gran respeto por las decisiones de su hermano Norman. A medida que transcurre el tiempo, Rolando asimila sus enseñanzas, hasta llegar a convertirse en miembro del FSLN.

Compañeros que lo conocían dicen que se destacaba en lo militar, pues las armas le llamaban mucho la atención. Cuando la organización adquiere más desarrollo y se incrementa el armamento, cuando se hace frecuente que los compañeros estén en contacto directo con las armas, Rolando se integra participando en los quehaceres que le impone la organización. Se le ve a menudo manipular armas, las cuales desarma, limpia y arma con gran destreza.

Por esta época repetiría en varias ocasiones a su primo Juan Ángel: “Yo no me integro a la organización porque tengo muchas obligaciones; tengo hijos, esposa tengo que atender los negocios, pero… cuando empiece la guerra estoy dispuesto a ir…”.

Unos meses antes de participar en la acción del 17 de octubre de 1977, se prepara en una escuela político-militar. Ahí se reafirma su convicción revolucionaria.

En septiembre de 1977, Norman le comunica que ya se está acercando el día de partir hacia la lucha. El 13 de octubre se reconcentra con otros compañeros que cumplirían con una misión.

El 17 de octubre ocupa su lugar de lucha al lado de Norman y del compañero Manuel Sánchez García y cae en el combate en la acción de retén en el kilómetro 13 y medio de la carretera Managua Masaya. Antes de partir le dijo a su familia: “…me marcho para combatir por el pueblo junto con Norman. Si me toca morir, moriré por la causa sandinista…”.

Manuel Sánchez García “Angel” “Cleto”

Según refiere el Comandante Álvaro Baltodano, quién participó en la planificación y ejecución del inicio de la ofensiva insurreccional, entre las posibilidades que se contemplaron en los primeros momentos se pensó en ejecutar pequeños hostigamientos en los pueblos cercanos a Masaya. Esto se realizaría tanto antes de la toma del cuartel, con el objetivo de crear un clima de guerra, como durante la ejecución del mismo.

Para llevar a cabo estos planes, el compañero Manuel Sánchez García se dedicó a preparar el mapa de los contornos del comando de Masatepe, su pueblo natal.

En esos días se planeó hostigar el cuartel y Manuel sería el responsable del operativo. Una de sus tareas fue alquilar una vivienda en Masatepe, para ser utilizada como casa de seguridad. Además, se mantuvo muy activo en el traslado de armas y combatientes, y trabajó incansablemente para crear las condiciones necesarias que culminaron el 17 de octubre de 1977.

Manuel nació en Masatepe el 12 de septiembre de 1951, era hijo de Antonio Sánchez Alemán, carpintero que tenía su pequeño taller, y Paula Rosibel García que realizaba trabajos de producción casera como la fabricación de puros. La familia es numerosa, con 10 hijos, pero los padres hacen infinidad de sacrificios para darles una crianza digna.

Manuel realiza su primaria en la escuela José María Moncada de Masatepe, y la secundaria en el Instituto Anastasio Somoza de la misma ciudad. Siempre se distinguió como estudioso y buen alumno.

Estar en contacto directo con el trabajo y el proceso de producción, y haber crecido rodeado de muchas necesidades le dieron los elementos necesarios para inquietarse políticamente y más tarde, integrarse al movimiento revolucionario. Así, en 1969, se organizó dentro de las filas de la Juventud Socialista Nicaragüense (JSN), como simpatizante y colaborador.

Su actitud revolucionaria la puso en práctica una vez más al participar, en 1970, en la toma del Instituto de Masatepe, donde se encontraba presente también Norman López Porras. La convicción que iba adquiriendo le lleva a tomar la decisión de organizarse en una estructura que luchara contra la dictadura. La toma del colegio fue una forma de protestar contra el alza del precio de la leche.

Después de este período, participa haciendo pintas en las paredes del barrio en las que se manifestaban oposición ante la reelección del tirano y un llamado al pueblo a la abstención del voto. La principal leyenda era “No Vote”. Corría el año 1974.

En 1975, mientras estudiaba mecanografía por correspondencia, desarrollándose hábilmente en este ramo y cursaba en la Universidad Autónoma de Nicaragua (UNAN) la carrera de Economía, empieza a trabajar en la Sucursal del Banco de América en Masatepe. Posteriormente, lo trasladan a las oficinas centrales de Managua, donde labora en el noveno piso, en el departamento de Operaciones de Crédito.

En la JSN desempeñaba diversas tareas políticas y organizativas tanto en la UNAN de Managua como en Masatepe. Igualmente, por la seriedad que demostraba en el trabajo, fue adquiriendo diversas responsabilidades, desde las de propaganda, organización y cultura, hasta llegar a ponerse al frente de la sección de Masatepe. En la JS trabaja hasta 1976, cuando se produjo la división del Partido Socialista Nicaragüense (PSN).

Mientras trabajaba en el Banco, se contactó entonces con el FSLN en Managua, a través del compañero Freddy García Gutiérrez quién a su vez, tenía contacto con el militante sandinista Norman López Porras. Este llegaba al Banco a visitar al compañero García quien mantenía vínculos con la organización. Manuel se involucra en las conversaciones de Norman y Freddy, hasta llegar a convencerse de que la Vanguardia era la alternativa correcta para que cambiara la situación de Nicaragua.

Sus actividades ya dentro del FSLN se empiezan a realizar en 1977, tan intensamente y con tanto entusiasmo que llegó a descuidar un poco sus estudios. Además de realizar pintas, se le veía distribuyendo volantes; iba de un lado a otro haciendo de correo entre Masatepe y Chichigalpa. También participaba en todo lo relacionado con las labores logísticas y la construcción de infraestructura clandestina en Masaya y los pueblos aledaños, reclutamiento de colaboradores, recuperación de ropa y medicinas, tareas de transporte y comunicaciones, etc.

Desarrolla el trabajo de información y vigilancia, que consistía en observar los movimientos que hacía la Guardia, los vehículos y cantidad de hombres que esta acostumbraba a mover y las armas que normalmente portaban. Así se podría tener una idea general de la reacción del enemigo en caso de que se tuviera que actuar. Las zonas donde desempeñaba esta labor fueron algunos lugares de Masaya, Masatepe y Pío XII.

Participaba en una célula de estudio que había en Masatepe la que dirigía Norman López Porras y a la que también asistían los compañeros Freddy García Gutiérrez, Marcia y otros compañeros más. En los estudios tocaban temas tales como historia del FSLN, historia de Nicaragua, la Plataforma Programática, que era un material interno donde se explicaba la situación coyuntural que se venía dando en el país y la trascendencia que esto tenía a nivel internacional; literatura marxista, el programa del FSLN y otra serie de documentos internos de la organización.

Las reuniones se practicaban en diferentes lugares. Algunas veces las hacían en una finca llamada por ellos “La Pila”; otras veces las hacían en la finca Centroamérica y también en la casa de Norman. La última reunión se realizó en la zona de Venecia en la costa de la Laguna de Masaya; ahí Norman explicó que muy pronto la situación de Nicaragua iba a cambiar, pues se acercaban grandes momentos para la historia del país. En efecto, estaba hablando a menos de un mes de la gesta del 17 de octubre de 1977.

Manuel era un asiduo lector leía la Biblia, los clásicos de la literatura y libros de economía. Con gran esfuerzo y tenacidad logró llegar hasta el quinto año de la carrera de Economía. Todas esas cualidades conformaban su personalidad ejemplar. Sobresalía por su actitud sencilla y honrada, de servicio a la población, a sus compañeros, amigos y familiares. Debido a su forma de ser, “Cleto” era muy querido y apreciado.

Le gustaban los deportes y participó en la creación de un equipo de beisbol que se llamó “Los Universitarios”; las prácticas las hacían en el Jardín Botánico, a unos 3 kilómetros de la ciudad de Masatepe, y en el campo de deportes del pueblo. Hicieron varias presentaciones en Niquinohomo y otros pueblos cercanos.

Debido a la escasez de recursos materiales con que contaba el FSLN, Manuel contribuyó con unos préstamos que hizo en la sucursal del banco donde trabajaba, acto que lo ennobleció por cuanto él sostenía a su familia y su hija Claudia María. De esto nos habló don Antonio, su padre.

Unos días antes del 17 de octubre, hace un trasiego de armas en coordinación con Norman López, las que trasladan de un buzón que se encontraba en la finca de Francisco Porras hacia la ciudad de Masaya.

El compañero Freddy García Gutiérrez es de los últimos amigos que lo vio unos días antes de caer. Eran compañeros de trabajo en el banco y de lucha en el FSLN. “Cleto” andaba semi-clandestino, se le veía inquieto.

Para el 13 de octubre, cuando se da el ataque a San Carlos por el Sur, Freddy nos narra que sucedió lo siguiente:

“Yo trabajaba en el sótano, Manuel me pidió que subiera, pues según me dijo, tenía que decirme algo. Llegué a su escritorio y me dice: «Fijate que en San Carlos, la Guardia está bombardeando, está destruyendo la ciudad; nuestros compañeros están en combate, hay que estar listos para cualquier situación que se nos presente». Se mostraba bien interesado oyendo un radio que tenía en su escritorio. En esta conversación, participó además su jefe del banco, a quien parece Cleto le confiaba sus ideas. El 14 de octubre, llegó a la oficina con una mochila verde olivo, y me dice: «mirá, yo creo que nos vamos a dejar de ver. Voy a cumplir una misión no sé dónde, pero deseame suerte para que todo salga bien». A las 5 de la tarde, nos retiramos del banco. Yo le presté una bolsa para que guardara su mochila y no despertara sospecha sospechas. Nos despedimos y nunca más lo volví a ver. Al día siguiente, en mi casa dijeron que Manuel me había ido a buscar con otro compañero; la descripción coincidía con la de Norman, o sea, que Manuel me andaba buscando para que me fuera con él a la misión”.

El 15 de octubre se encontraba reconcentrado en una casa de seguridad en Masaya, en compañía de la mayoría de los combatientes que iban a participar el 17 en el asalto al cuartel. Por razones de seguridad, se trasladan el 16 en la noche a la finca de los Rodríguez.

A las 6 de la mañana del día siguiente, fue ubicado junto con Norman y Rolando en el kilómetro 13 1/2 carreteras Managua-Masaya. Poco después comienza el combate que dura más de dos horas, cuando las armas de los tres hermanos sandinistas dejan de disparar.

Sus padres, aunque no conocían ampliamente las actividades de su hijo, se mostraron muy orgullosos cuando explicaban cuál había sido el comportamiento de Manuel mientras militaba dentro del Frente Sandinista: “Se mostraba inquieto y pensativo; nosotros le preguntábamos que estaba sucediendo, pero como era tan reservado, sólo sonreía y nos decía: Esto va a cambiar muy pronto”.

Su comportamiento era el de un muchacho sumamente alegre. Siempre sonriente, le gustaba bromear, pero a la hora de ponerse serio se transformaba totalmente; veía las cosas con mucha responsabilidad y disciplina, así lo señalan los compañeros que pudieron compartir con él las experiencias propias de la vida guerrillera.

Su actitud diaria ante las pequeñas y grandes cosas lo hace ser un ejemplo para todo el pueblo. Su entierro, en la ciudad de Masatepe, se convirtió en una verdadera manifestación de repudio al régimen somocista. Sus restos reposan en el cementerio de su ciudad natal.

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