Los puristas, esos modernos inquisidores Por Joel Alejandro Sánchez Sandino

Los puristas, esos modernos inquisidores Por Joel Alejandro Sánchez Sandino
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Los procesos revolucionarios, emancipadores, no pueden ser ni moralistas ni moralizantes. No entender a qué nos enfrentamos ni de dónde venimos nos coloca en la vereda de los inútiles. De repente causas muy justas y necesarias se ven arrastradas a un posicionamiento purista donde cualquier falta a los principios, no importa cuándo fue cometida, te descalifica.

La enormidad de la revolución radica en que partimos que los sujetos de cambio son hijos del sistema que enfrentamos, por lo tanto reproducen los comportamientos y acciones que ese sistema nos impone. Entonces, está claro que una revolución, en tanto proceso, implica una transformación constante a nivel objetivo, pero también cultural.

Que una revolución debe ser socialista, feminista, anti fascista, antirracista, es una obviedad, es eso o no es. Pero primero debe ser todo eso al mismo tiempo y segundo no significa que los participantes deban ser puros o no formarán parte de ella. Sí es así no entraría nadie y la revolución no sería posible.

Es obvio que en tantas ideologías el fascismo no entra en fórmula ninguna; el resto es una construcción. El sistema es patriarcal y racista y explotador y productivista, competitivo, fetichista, y su reproducción depende de que todos participemos de ello: el explotado sueña con ser explotador o al menos tener mucha plata y sentimos resquemores con el otro y, dominado y alienado, es machista y, a veces, racista (hay indígenas renegando de su origen y obreros diciendo despectivamente “negro o negra”).

La lucha es ardua por de-construirnos, por humanizarnos, por entendernos, pero eso no significa que somos desechables para la lucha revolucionaria porque aún no hayamos alcanzado el umbral de iluminación y virtud que los puristas reclaman. Ese comportamiento “cancelatorio” entre nosotros es exactamente lo que quiere el sistema para desarmarnos, por eso la Clinton se declara feminista alegremente o Pedro Sánchez socialista. Por eso el tema de clase es olímpicamente obviado y eso lleva a ver compañeras feministas aplaudiendo a una empresa grande por correr a unos obreros mal hablados. Por eso un obrero latino en EEUU fue aniquilado en redes por hacer un símbolo que él nunca entendió que significaba pero muchos celebraron que se fuera al paro, a morir de hambre.

En este sistema hay quienes crean y quiénes reproducen el pensamiento dominante. El enemigo es el que crea y ahí sí lo ubicamos por clase, por raza y por género y desde todos los frentes se le debe atacar, al pueblo, el que reproduce por alienación, a ese se le suma, nos educamos entre todos, avanzamos.

Los puristas, los moralmente correctos y dueños de la verdad absoluta, los políticamente correctos, esos hacen flaco favor a la causa; peor: la debilitan. A los que entramos en estas discusiones nos toca abrazar nuestras imperfecciones, pelear por ir superando las taras y salir a luchar al mundo real.

Yo soy comunista, pero también hombre, mestizo y de clase media con ciertos privilegios, seguramente soy machista, pero me confronto y corrijo y la vuelvo a cagar y así mientras voy buscando el lugar que me corresponde en LA LUCHA (así en mayúsculas porque es la suma de muchas luchas). Si eso me descarta, ¡híjole! Yo soy solo uno y puede no importar, pero si esa vara se usa para todos, pronto nadie quedará… Nos habrán vencido.

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