Los sandinistas y el proyecto imperialista Por Fabián Escalante Font | La pupila insomne, Cuba

Los sandinistas y el proyecto imperialista Por Fabián Escalante Font | La pupila insomne, Cuba
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La campaña mediática contra la Nicaragua Sandinista arrecia. Estados Unidos, los aliados regionales y la Unión Europea se rasgan las vestiduras porque el gobierno de Managua, de acuerdo a su legislación, ha detenido a un grupo de oligarcas nativos, que desde el 2007 han conspirado abierta y públicamente para derrocar al gobierno del comandante Daniel Ortega.

La propaganda adversa es mucha tanto por las redes sociales, los medios comunicacionales burgueses, los diplomáticos y los “análisis e informes imparciales” de embajadas y ONG asentadas en la capital nicaragüense. Lamentablemente, personalidades políticas e intelectuales de izquierda han condenado las acciones judiciales iniciadas contra los sujetos antes referidos –que cuentan con todas las garantías procesales de ley– probablemente por desconocimiento de causa.

El 19 de julio de 1979, después años de lucha, la Revolución Popular Sandinista, derrocó a la añeja dictadura de Anastasio Somoza, quien gobernó Nicaragua por 44 años y fue uno de los más fieles aliados de Estados Unidos en la región, al punto de servir de puerto de embarque a los mercenarios de origen cubano que pretendieron invadir a Cuba en abril de 1961 y que fueron derrotados en las arenas de Playa Girón.

El proyecto sandinista, de corte nacionalista, consistía en fortalecer la economía mixta, reconstrucción del país –devastado por la guerra–, enjuiciar a los criminales de guerra, no alineamiento, relaciones de buena vecindad con todos los países y construir un gobierno integrado por todas las fuerzas antisomocistas que condujera aquel proceso político, económico y social, y garantizara el mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo.

Temprana conspiración imperialista

Desde los primeros pasos en la dirección apuntada, los sandinistas fueron hostigados por Estados Unidos y la oligarquía nativa, que muy pronto desertaría del gobierno de Reconstrucción y Reconciliación Nacional y se pasaría al bando de los enemigos, al sospechar que las medidas que se ejecutaban no estaban en sintonía con los deseos imperiales.

Mientras, Cuba solidaria enviaría una inapreciable ayuda para la restauración del hermano pueblo, entre las que se encontraban: medicamentos, alimentos, combustible, centenares de maestros, médicos y personal de salud, constructores, trabajadores eléctricos, instructores de arte y deportes, profesores universitarios y asesores en diferentes especialidades civiles para ayudar en la reconstrucción del país.

Ya, desde entonces, la USAID y después la NED, bajo la dirección de la CIA, actuando desde la embajada norteamericana, unirían a los opositores antisandinistas para obstaculizar el proyecto de gobierno y luego, reorganizando a los ex guardias somocistas disgregados en la geografía nicaragüense, establecieron bandas armadas para hostigar, robar y asesinar a los campesinos simpatizantes sandinistas.

El “consorcio La Prensa”, uno de los diarios más importantes del país, fue el encargado –aliado con el gran capital y la cúpula de la Iglesia Católica– de desatar una campaña mediática para atacar y desacreditar al proyecto político, económico y social de los sandinistas, y conformar la oposición “legal” al nuevo régimen, proyectando hacia el exterior, una imagen de desestabilización social, al tiempo que acusaba de comunistas, aliados de Moscú y la Habana, a los nuevos gobernantes.

La historia de lo que sucedió es conocida, una guerra civil fratricida fue desatada por Estados Unidos contra ese pequeño país que tuvo un costo de más de 50 mil víctimas mortales y la destrucción, nuevamente, de la infraestructura socio económica. Sin embargo, a pesar de contar con un ejército de más de 20 mil hombres, armados hasta los dientes y con recursos de toda índole, sumado al asesoramiento de Estados Unidos, Israel y las dictaduras de Argentina y Honduras, los “contras” fueron vencidos militarmente y a finales de 1989 en una ofensiva político–diplomática, los sandinistas lograron pacificar la región y condenar en el Tribunal Internacional de la Haya, a los Estados Unidos por la agresión realizada.

Aun así, las angustias de la guerra, y el temor a su reinicio, unidos a la feroz campaña mediática encabezada La Prensa, provocaron que las elecciones de 1990 fueron perdidas por los sandinistas, y Violeta Barrios de Chamorro, resultara “triunfadora” en aquella contienda electoral. Dieciséis años (1990–2006) de gobiernos neoliberales que robaron del erario público hasta los clavos, terminaron por revertir las conquistas materializadas por la Revolución.

El retorno del FSLN al poder

En 2007, en nuevas elecciones, los sandinistas encabezados por el comandante Daniel Ortega ganaron la presidencia del país e iniciaron el proceso de reconstrucción social, económica y humana truncado antes por las fuerzas aliadas al Imperio. Sin embargo, desde el primer momento, Estados Unidos comenzó a conspirar por medio de sus aliados nativos y sus conocidos instrumentos: CIA, USAID, NED, entre otros, para obstaculizar la realización del programa de gobierno y finalmente, derrocarlo por medios violentos.

En 14 años desde su retorno, el sandinismo en Nicaragua –el segundo país más pobre de la región americana– ha reducido la pobreza extrema del 49% al 2% y el analfabetismo a un 5%. La electrificación alcanzó el 98,5% del país y hay matriculados 2,5 millones de estudiantes en todos los niveles en una población de un poco más de 5 millones de habitantes, se han construido 19 nuevos hospitales, 178 casas maternas y 2,044 km de carreteras asfaltadas. En el año 2020 en medio de la pandemia atroz que azota la humanidad logró exportar la cifra record de 3,000 millones de dólares de productos nacionales.

Sin embargo el enemigo no descansa. La Fundación Chamorro, paciente y clandestinamente –ayudada por la CIA, USAID y la NED– tejió una red de organizaciones “políticas” opositoras, apoyadas por los aliados naturales de la empresa privada y de la iglesia católica, quienes recibieron ilegalmente millones de dólares del gobierno norteamericano, para orquestar una ofensiva política y mediática, esta vez auxiliada por la guerra sicológica en las redes sociales, encaminada a aprovechar la primera oportunidad para subvertir al gobierno, circunstancia que se presentó en abril de 2018, al lograr por medio de la manipulación y el engaño de un sector de la población, provocar manifestaciones públicas, dirigidas por elementos que habían sido entrenados en el exterior, y que muy pronto degeneraron en desórdenes públicos, al incluir a mafias y delincuentes locales en las protestas.

Más de un centenar de muertos tuvo que pagar nuevamente el pueblo nicaragüense por este complot desestabilizador que finalmente fue derrotado. Sin embargo, Estados Unidos y sus lacayos nacionales no aprenden de la derrota y en este año electoral, previendo un nuevo descalabro en las urnas, decidieron lanzar otra ofensiva contrarrevolucionaria, para desestabilizar al gobierno nicaragüense, ya castigado por sanciones económicas y políticas imperiales, y comenzaron a organizar una asonada, mediante la cual las elecciones serian protestadas, acusando a los sandinistas de falta de transparencia y fraude electoral y por si no fuera suficiente, solicitar pública y mediáticamente la intervención militar norteamericana.

Nuevamente se equivocaron. Las autoridades legítimamente constituidas se adelantaron y la Fiscalía General, en posesión de pruebas irrefutables del complot, ordenó la detención de los principales involucrados, que ahora alegan –para confundir a los incautos– ser candidatos presidenciales arrestados para evitar su participación en las elecciones de noviembre, algo falso, pues aún no se han abierto las inscripciones de candidatos presidenciales, previstas por ley para agosto del presente año.Daniel y el FSLN vencerá

La algarabía mediática no se ha hecho esperar y vuelan sanciones contra la Nicaragua sandinista por parte del gobierno de Estados Unidos y sus satélites de la Unión Europea, quienes no fueron capaces de condenar el pasado año el golpe de estado en Bolivia. Descalifican al gobierno nicaragüense por llevar a los tribunales a los sediciosos, con todas las garantías constitucionales que sus leyes tipifican. Sin embargo, el Imperio ha sido incapaz de condenar las masacres que realiza el gobierno colombiano de su pueblo, por el delito de protestar contra el hambre, la miseria y la insalubridad.

Nicaragua es hoy ejemplo de lo que Estados Unidos puede hacer contra todos aquellos pueblos que no inclinan la cerviz ante sus procónsules y defienden la dignidad y soberanía nacional. Estamos seguros de que, nuevamente, bajo la certera dirección del Comandante Daniel, y el Frente Sandinista, vencerán.

Ya expliqué los antecedentes y causas de los sucesos actuales, donde se refiere el papel de las Agencias norteamericanas para desencadenar en el 2018 y ahora, un intento de golpe “blando” para derrocar a los Sandinistas.

Señalo a la CIA, USAID y la NED, conjuntamente con otras ONG como los instigadores y organizadores de esta intentona golpista, que pretendía acusar y denunciar en su momento, a las elecciones del 7 de noviembre como espurias. Todo ello por no contar con apoyo popular, ni siquiera el de los 17 partidos políticos que se aprestan para la contienda electoral. El plan, ideado por la USAID consistía en movilizar a las “masas populares” para una rebelión nacional en protesta a los resultados electorales, que suponían ganara Daniel.

Sin embargo, a pesar del esfuerzo realizado, la Fundación Chamorro, líder nativo de este complot y sus aliados de la empresa privada y la Iglesia Católica, no contaban con el pueblo, porque si alguna duda hubiera existido, acerca de las pretensiones de los golpistas, lo sucedido entre mayo y julio del 2018 esclareció el carácter criminal, revanchista y feroz, de estos adalides de la democracia, que contrataron criminales y delincuentes comunes para utilizarlos en sus acciones terroristas, con un saldo en vidas humanas casi alcanzo los dos centenares, muchos torturados e incluso quemados vivos.

Los grandes manipuladores de aquellos hechos, encabezados por la embajada de Estados Unidos, quedaron al descubierto mientras dirigían y orientaban un nuevo complot en meses recientes y existen numerosas evidencias que lo documentan (videos y declaraciones públicas y judiciales), al igual que demuestran que varios de las personas detenidas, mediante los medios de comunicaciones bajo su control, han estado azuzando públicamente, dentro y fuera del país, el derrocamiento violento del gobierno e incluso han llegado a solicitar la intervención armada norteamericana para invadir su Patria y apresar al comandante Daniel, al igual que realizaron en 1989 con Antonio Noriega en Panamá.

El propósito imperial y de sus aliados es derrocar al gobierno nicaragüense y destruir el ideario de Augusto C. Sandino para que más nunca germine en el pueblo. Este ha sido su objetivo desde 1934 cuando lo asesinaron y en los años de lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza, lo mantuvieron tras el triunfo revolucionario, al declarar en los ochenta del pasado siglo, una guerra de exterminio contra la Revolución Sandinista, al costo de más de 50,000 vidas y más tarde, con 16 años de gobiernos neoliberales, quienes además de robarse el erario público, desataron campañas de guerra sicológica con iguales propósitos.

Muy a su pesar, el ideario sandinista está en la sangre y sudor de los nicaragüenses, que eligió Presidente en el 2007 al comandante Daniel y lo ha relegido en dos ocasiones más, no por presiones políticas o por compra de votos, extorsiones y amenazas, sino por el reconocimiento a la ejecutoria de gobierno, los resultados tangibles y el mejoramiento de la vida de los sectores humildes de la población, que quedó truncado por el terrorismo sembrado por el intento de golpe de estado del 2018.

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