Los turcos comercian en la OTAN Por Maxim Sokolov | RT edición en ruso

Los turcos comercian en la OTAN Por Maxim Sokolov | RT edición en ruso
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La determinación de Finlandia de poner fin a sus 75 años de neutralidad y a los más de dos siglos de neutralidad de Suecia (desde 1814) no encontró las objeciones de la potencia más afectada, Rusia.

El presidente finlandés Sauli Niinistöincluso se maravilló con el tono de sangre fría de Vladimir Putin durante una conversación telefónica con él: libre voluntad –dicen– pero si tienes que arrepentirte después, ya no eres un niño, deberías entenderlo.

Los problemas han llegado de lugares inesperados. En el extremo sur, el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan dijo a los aspirantes del norte de forma breve y clara: “No podemos decir que sí. Entonces la OTAN no sería una organización de seguridad, sino un lugar con muchos representantes de los terroristas. No podemos decir que sí, que no se ofendan”. Erdoğan quiso decir que tanto Suecia como Finlandia tienen demasiada libertad para los kurdos y que no piensa tolerarla.

Este movimiento diplomático es evidente. Dado que la OTAN y la UE están unidas (y desde hace tiempo) para impedir lo que llaman separatismo de Crimea y Donbás por principio, Ankara se pregunta por qué es peor que Kiev y por qué el separatismo de Donbass es inaceptable pero el separatismo kurdo es aceptable.

Por supuesto, el doble rasero es inherente a la política internacional en general, pero la política occidental se basa pura y exclusivamente en este principio. La respuesta de Bruselas es: “Eso es un asunto completamente diferente”. ¿Y qué puedes decir? Pero en este caso hay mucho que objetar.

Turquía, como miembro de la OTAN, no es como Letonia, donde siempre se puede decir “¡Shah!” (Sí señor).

A diferencia de Letonia, Turquía es una potencia regional seria. Su ejército terrestre es el segundo más grande de la OTAN (después del de Estados Unidos), y el Mehmet (soldado turco) es conocido desde hace tiempo por sus buenas cualidades de combate. Por último, Turquía se asienta en el estrecho del Mar Negro, que es extremadamente importante para todo el flanco sur de la OTAN.

Cualquier líder turco que disponga de estas bazas no tendría inconveniente en jugar a juegos interesantes con una alianza militar democrática, sobre todo teniendo en cuenta que el ingreso en la OTAN se exige formalmente por consenso.

Hábil jugador

Pero Erdoğan no es cualquiera. Si se imagina o no que es algo parecido a Solimán el Grande es una cuestión compleja, pero en cualquier caso es un jugador y un hábil jugador, al que le gusta subir la apuesta y tirarse un farol con un gran conocimiento de su pareja. Recuerden cómo jugó a dejar pasar a los refugiados de Oriente Medio (y no sólo) por Turquía hacia Europa en 2015 y cómo se hundió Europa.

Hoy, el entorno no es menos favorable para Turquía. La alianza occidental está sumida en una campaña ucraniana y en sanciones autoinfligidas. La economía está a punto de estallar y las armas de los menguantes arsenales occidentales fluyen con fuerza hacia Ucrania para ser convertidas en chatarra. Los recursos para un contragolpe contra Erdoğan están ahí, por supuesto, pero no por mucho. El líder turco se está financiando con confianza hasta ahora.

Occidente, por supuesto, también intenta hacer algo para acabar con el turco.

Manfred Weber, líder del mayor partido popular europeo en el Parlamento Europeo, ha prometido que Turquía será aislada si intenta bloquear la entrada de Suecia y Finlandia en la OTAN: “Cualquiera que cuestione la cohesión de la OTAN será aislado dentro de la comunidad”.

Suena formidable. Es cierto que los hombres serios cada vez cuentan menos incluso con la Comisión Europea –con todos esos Ursuls y Borrells, y el PE siempre ha sido la quinta rueda del carro– para prestarle atención también. Además, es improbable que la promesa de “quedar aislado dentro de la OTAN” asuste mucho a Erdoğan, que con su política autodidacta ya está muy aislado, y no ve nada malo en ello.

Los estadounidenses, por su parte, han empezado a preparar a Grecia, aparentemente a pesar de Turquía. Mizotakis, el primer ministro griego, fue citado diciendo que Biden le había dicho que “Washington y Atenas tenían que demostrar que las democracias podían trabajar juntas”. Tampoco descartó una visita a Atenas.

El deterioro de las relaciones con Turquía siempre va acompañado de una mejora de las relaciones con Grecia. Otra cuestión es si esto es tan sensible para Erdoğan.

Aparte de eso, se habla –no confirmado oficialmente ni por Washington ni por Ankara– de que la OTAN, los suecos, los finlandeses y los kurdos son sólo un pretexto, una pista, pero que en realidad se trata de levantar las sanciones de Estados Unidos contra Turquía por la compra de S-400 rusos y permitirle comprar aviones de combate F-35 fabricados por EEUU.

Este puede ser el caso. Aunque las sanciones son así: se levantan hoy y se vuelven a imponer mañana. Lo mismo ocurre con el permiso: hoy se da, mañana se vuelve a retirar. El comercio puede ser largo e interesante, al igual que dos mercaderes levantinos, que parecen haber acordado el trato, no pueden soltar la mano y dar lo que se pide a uno de ellos, pues cada uno teme dar lo prometido, mientras que el otro no suelta la mano y lo da.

Como hombre impúdico y hábil en sus trucos, Erdoğan no cree a los estadounidenses. Afortunadamente, le han dado repetidamente todas las razones para hacerlo.

Así que nos divertiremos con el comercio levantino durante mucho tiempo: parece que los turcos pretenden sacar el máximo partido a la situación.

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