Los yanquis y los vendepatria Por Edgar P. Galo

Los yanquis y los vendepatria Por Edgar P. Galo
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Al final del año 1926 los yanquis imponen por segunda vez al conservador Adolfo Díaz como presidente de la República de Nicaragua, quien acto seguido no tuvo reparo en solicitar la intervención militar de sus amos para sostenerse en el poder ante el empuje de las fuerzas liberales durante la Guerra Constitucionalista de 1926-1927.

Díaz, vivo ejemplo de entreguismo, admitió el 23 de abril de 1927 las bases propuestas para evitar el triunfo de la rebelión liberal, redactadas por el coronel Henry Stimson, mismas que el 4 de mayo de ese mismo año José María Moncada aceptó bajo un árbol de Espino Negro en Tipitapa, consumando la traición: se permitiría la permanencia del títere Díaz, hasta las elecciones de 1928 que debían ser organizadas por los marines yanquis; se acepta el desarme y entrega de las armas a los marines y la creación de la oprobiosa Guardia Nacional; y, por supuesto, la promesa presidencial para el traidor Moncada. Es un pacto que entregó la soberanía y dignidad del país.

Para consumar el remedo electoral que daría la presidencia al traidor Moncada, el gobierno yanqui anunció el 2 de julio de 1927, el nombramiento del General Frank R. McCoy como jefe de la Comisión Nacional Electoral de Nicaragua, nombramiento que fue ratificado el 21 de marzo del 1928 mediante decreto presidencial del gobierno de Díaz. Frente a la injerencia y ultraje nacional el General Sandino inicia una lucha que afirma una acción política diferente respecto el comportamiento de la oligarquía libero conservadora, estableciendo como centralidad el principio de soberanía, patriotismo y anti intervención imperial.

Debido a su condición servil, la oligarquía se sometió al mandato imperial yanqui; la dependencia y sumisión resultan consustancial al ejercicio político que practican los oligarcas. Díaz no tuvo reparo alguno en admitirlo: “siempre me opuse a la retirada de los marinos de Nicaragua, y les doy la bienvenida a su regreso en ayuda de nuestra nación… en tanto sea yo Presidente (…) los marinos de la unión deben permanecer en mi país”.

La jerarquía católica, siempre cómplice

En el colmo de la canallada llegó a proponer un tratado que ofrecía el derecho a Estados Unidos de intervenir en Nicaragua “cuando fuera necesario”, y por si aún faltara algo, monseñor José Lezcano, entonces arzobispo de Managua, se encargó de poner el sello cómplice de la jerarquía católica llamando rezar “fervorosamente para que Dios, Nuestro Señor, proteja con su misericordia y dé su divino amparo al ejemplar estadista y digno presidente Adolfo Díaz”. En la oligarquía clerical libero-conservadora no había escrúpulo alguno. La subordinación ante el imperio fue y es su característica histórica.

Para el traidor Moncada era una locura pelear contra Estados Unidos. Así se lo dijo al General Sandino, agregando, “como se va usted a sacrificar por el pueblo, el pueblo no agradece, el deber de todo ser humano es gozar y vivir bien”. Con sus expresiones Moncada deja ver el desprecio y la forma utilitaria y oportunista con que los grupos dominantes oligárquicos ven al pueblo. Frente al entreguismo y la traición, la respuesta del General Sandino “no me vendo ni me rindo; quiero una patria libre o morir”, además de convocar a la lucha, expresó un compromiso total con Nicaragua, hasta alcanzar el ejercicio de su soberanía y la autodeterminación del pueblo.

El General Sandino construye desde el discurso y la acción una forma de hacer política que va más allá de su época. El 1 de abril 1928 le escribe a Froylán Turcios: “viendo que los Estados Unidos de Norte América, con el único derecho que les da la fuerza bruta, pretenden privarnos de nuestra Patria y de nuestra Libertad, he aceptado su reto injustificado que tiende a dar en tierra con nuestra soberanía, echando sobre mis actos la responsabilidad ante la Historia”. Los conceptos patria, libertad, soberanía se convierten en práctica consecuente y coherencia ética demostrada en una guerra de liberación nacional que tras seis años de lucha logró expulsar del territorio patrio las tropas invasoras.

Quizás la oligarquía clerical vendepatria y los yanquis evoquen con nostalgia aquellos tiempos de Díaz, Moncada y Somoza, enterrados en 1979 por la Revolución Popular Sandinistas que rescató y dio sentido de dignidad nacional a los conceptos patria, soberanía y antiimperialismo enarbolados por el General Sandino.

En esta segunda fase de la Revolución, seguimos adelante con el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, desarrollando una Nicaragua que prospera con políticas sociales inclusivas y desarrollo de prácticas solidarias contra la pobreza, que tienen como centralidad las personas y la restitución de derechos que dignifican un buen vivir. El sandinismo es una fuerza triunfante. Este 7 de noviembre seguimos y seguiremos adelante, triunfando, venciendo con el Comandante Daniel y la compañera Rosario.

Los funcionarios norteamericanos injerencistas de hoy y sus cómplices vendepatria, tengan presente la respuesta del General Sandino al contraalmirante Seller: “la soberanía de un pueblo no se discute, sino que se defiende con las armas en la manos” y no olviden que los sandinistas sabemos muy bien cómo hacerlo.

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