Miss Emmet y tía Luisa Por Joel Narváez Campbell

Miss Emmet y tía Luisa Por Joel Narváez Campbell
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Estas dos mujeres, Miss Emmet y tía Luisa, ambas de apellido Loáisiga Williams, vivieron la Guerra Constitucionalista que se desencadenó tras el golpe de Estado conocido como el Lomazo, llevado a cabo por Emiliano Chamorro Vargas, mismo que se vio terminado por el pacto del Espino Negro.

Vivieron la lucha del pueblo nicaragüense por su libertad, sufrieron el terremoto del 72, la muerte de Pedro Joaquín Chamorro y la caída del régimen somocista, celebraron el triunfo de la Revolución Sandinista, sufrieron el huracán Joan, presenciaron atónitas y con lágrimas en los ojos la victoria de doña Violeta de Chamorro y la derrota del FSLN.

Vieron al FSLN gobernar desde abajo, durante los 17 años de neoliberalismo, sufrieron el huracán Mitch, el deslave del Casita; celebraron el retorno al poder del FSLN y se enojaron con el intento de golpe de estado de los Chamorro y compañía limitada; sobrevivieron a varias pandemias polio, tuberculosis, decenas de muertes por parto, VIH, dengue, chikungunya, zika, cólera, malaria, y ahora el Covid-19 y siguen aquí con nosotros viendo cómo nuevamente Nicaragua y su amada Costa Caribe, se levantan después del paso de Eta y Iota.

Madres de muchos hijos, abuelas de docenas de nietos, bisabuelas otras tantas veces, son los últimos dos robles de la familia Loáisiga Wiliams. Tanta historia y camino recorrido se pueden ver en las canas de sus cabellos, en las arrugas de sus rostros, en sus miradas alegres, sus sonrisas francas. Estas fotos son el reflejo fiel y diáfano de un bello amor de hermanas. Y yo, como todo buen espectador, escucho sus historias y río con sus ocurrencias.

Su memoria es tan lúcida que recuerdan cada detalle como si hubiera sido ayer, pero ya va casi un siglo desde la primera vez que abrieron los ojos. Ya casi no miran, pues sobre sus ojos se posa una nube celeste. La voz de cada una es baja pero firme y cada vez que terminan una historia, una de ellas siempre repite “los tiempos han cambiado, hijo”, y la otra contesta “algunas cosas para bien y otras para mal” y yo siempre de metido les contesto “de eso yo no sé nada, pues aquí solo soy el que barre”.

Durante toda la noche pasaron de saludos a política, de política a chismes, de chismes a amores y desamores y de cómo ambas eran sobrevivientes del amor en todas las direcciones: amor de mujer, amor de madre, amor de amante, amor de hijas, amor de hermana, amor de amigos… en fin, el amor en sus distintas transformaciones.

Nunca les escuché hablar de odio o rencores, ni de envidias o temores, pues “lo vivido ya fue y nadie nos lo va a quitar, y si estas bocas hablaran, ¡uuuuh! Pero mejor no. Ahora solo toca esperar que nos salgan las alas que nos ayuden a cruzar al otro lado del río y nos lleven a la presencia de The Lord (El Señor). Bromean sobre quién de las dos llegará primero a ver a su familiares que ya hace rato las están esperando on the other side (al otro lado).

Me dieron muchos consejos y sugerencias de cómo conducirme en la vida. Y continuaron diciendo, luego de una pausa durante la que parecían rebuscar la fórmula matemática de los éxitos y fracasos de sus vidas: “hijo, no le hagas caso a estás dos old ladys (viejas). Al final, lo más importante es que seas feliz y que en ese proceso, intentes no lastimar a nadie, aun cuando es casi imposible, por más bueno que quieras ser, pero vos inténtalo. No le hagas caso a nadie, más que a la razón y a tú corazón. Pide perdón cuando te equivoques y no permitas injusticia en tu presencia. No te metas en pleito de parejas más que para detener la violencia y más importante, nunca dejes de ser buena persona. Constantemente júzgate a ti mismo: si consigues juzgarte rectamente, serás un verdadero sabio”.


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