Nicaragua, la OEA y Almagro Por Marcos Antonio Casanova Fuertes

Nicaragua, la OEA y Almagro Por Marcos Antonio Casanova Fuertes
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La Organización de Estados Americanos (OEA), es una Organización Internacional de consenso, ni el instrumento denominado como como Carta Democrática que, es una herramienta joven con apenas 20 años –hecho a la medida de los intereses imperiales de los tiempos que, estaban por venir a inicios del siglo XXI– puede obligar de manera fácil a los Estados miembros. Es de saber que, todo pasa por el consentimiento del Estado miembro y al sometimiento voluntario del mecanismo que se elija para cada caso. Por ejemplo, El Salvador recientemente optó por contar con el apoyo de la OEA para investigar supuestos casos de corrupción, pero al convencerse de la falta de seriedad del secretario general, de igual forma desestimó el mecanismo creado para tal fin.

La OEA está repleta de instrumentos denominados como soft law, dado su carácter no vinculante, de ahí que Estados Unidos juega con la oposición nicaragüense al venderles la ilusión que la OEA les resolverá sus intenciones de hacerse con el poder político en el país por la vía de la desestabilización, la que a su vez contaría con un reconocimiento internacional teniendo a esta organización como punta de lanza.

En décadas anteriores, E.E.U.U. hizo que la OEA cometiera suicidio al haberla convertido en abanderada del anticomunismo y al mismo tiempo mantener a casi la totalidad de sus miembros bajo gobiernos militares de facto, los cuales hasta se ufanaban de ser violadores de todos los Derechos Humanos habidos y por haber. Con ello también se pasó llevando a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIADH-1959) y a la Corte de Interamericana de Derechos Humanos, esta última de más reciente data (1979) originada en el llamado Pacto de San José, en la búsqueda de limpiar imagen de los obsoletos y desprestigiados mecanismos interamericanos.

También en esa misma línea, en distintas coyunturas, EEUU ha influenciado de manera determinante en la elección del secretario general de la OEA, utilizando a políticos latinoamericanos adeptos a su política exterior; a un ecuatoriano y a un argentino les tocó el intento de lavar la cara de la OEA, cuando esta daba apoyo a los mencionados gobiernos militares de la región en los años 60, 70 y parte de los ochenta, violando todo lo dispuesto en la Carta de esta Organización.

El 23 de junio de 1979, con un total descrédito esta organización fue prácticamente rescatada de las cenizas por la influencia de la pujante Revolución Popular Sandinista, la cual, aun no estando en el poder, ya contaba con una eficiente política exterior logrando el apoyo  de mandatarios de la época, tales como: José López Portillo de Méjico, Carlos Andrés Pérez de Venezuela, Omar Torrijos Herrera de Panamá, Rodrigo Carazo Odio de Costa Rica; todos líderes de los únicos países que tenían gobiernos electos en la Región. Y aunque no se diga, Cuba jugó un rol importante a través de medios diplomáticos particulares, en aquellas especiales circunstancias, aun no siendo miembro de la OEA desde 1962.

Por muchos años, desde su fundación, el mecanismo de reunión de cancilleres de la OEA nunca había sido reunido en carácter de reunión urgente como se hizo en junio de1979, donde únicamente Honduras y Paraguay no apoyaron la Resolución que, rechazo al régimen de Somoza. Es de recordar que, el presidente Carter con su política de derechos humanos desde el año 1977 era inquilino de la casa blanca, esto último fue también determinante, para el resultado final. Valga hacer mención que, la OEA se miró forzada a tal resolución no solo por los esfuerzos diplomáticos, sino también, debido a que gran parte del territorio nicaragüense estaba bajo control sandinista y con total apoyo de la población, requisitos indispensables para reconocer a una fuerza Beligerante, como sujeto del Derecho Internacional.

En otras circunstancias, en 1990, Nicaragua acepta a la OEA como mediadora e instrumento del desarme y pacificación, en una acción audaz del sandinismo, después que Reagan torpedeó incesantemente para minimizar a toda costa los esfuerzos por la solución pacífica del secretario de la OEA, el brasileño Joao Baena, el cual había sido electo en 1984.

Atrás quedaban los intentos de instrumentación de la OEA por parte de Reagan, ya que, la política exterior sandinista logró aislar a la OEA como instrumento de la política exterior gringa de los años 80, saliéndole al paso con el denominado Grupo de Contadora (Panamá, Méjico, Venezuela y Colombia) y el Grupo de Apoyo (Argentina, Perú Uruguay y Brasil), esto en la medida que los regímenes militares fueron cayendo como consecuencia directa de la del triunfo de la Revolución Popular Sandinista. La política exterior sandinista cerró aquel ciclo histórico magistralmente al final de la década de los 80, al utilizar al egocentrista Oscar Arias con el mecanismo de Esquipulas I y II, logrando aislar a Reagan y su intento de utilizar Nicaragua a la OEA en favor de su política de agresión a Nicaragua.

Si observamos, la política exterior sandinista ha sido una piedra en el zapato para las pretensiones imperiales de EEUU y el rol de la OEA como instrumento para cumplir dichas pretensiones, muy a pesar del rol que jugó la sui generis política de exterior de Carter que, al fin y a la postre se miró envuelta en la habilidad del golpe de hormiga del sandinismo y sus aliados en la Región.

En las actuales condiciones, solo una persona tan descolorida y descarada como Almagro puede prestarse a hacerse el ciego con hechos como las recientes protestas en Colombia y por otro lado querer proteger de forma tan evidente al exalcalde de San Salvador, y asesor de la Organización de Estados Americanos (OEA), Ernesto Muyshondt, acusado de “apropiaciones indebidas y retenciones en perjuicio de la Hacienda Pública” y en caso contrario estar listo y presto para enfrentar a Bolivia, Venezuela y Nicaragua.

A este último país, pareciera que le toca nuevamente desde una posición digna recordarle al actual secretario general que, la política Exterior del Sandinismo se estrenó en parte en la OEA y en la mayoría de las veces que al Sandinismo le ha tocado llegar a la OEA ha sacado la mejor parte, y no solo en foros regionales, sino en ámbitos mundiales como la Corte Internacional de Justicia, la cual con aquella histórica sentencia del 27 de junio de 1986 en el caso “actividades militares y paramilitares contra el gobierno de Nicaragua” (Nicaragua contra Estados Unidos)  le dio total razón a Nicaragua ante la barbarie imperial gringa, también es de hacerle saber que, Nicaragua solo espera el momento oportuno, para hacer efectiva la demanda de los 17,000 millones de dólares que E.E.U.U. es en deber a las victimas nicaragüenses. Todo lo anterior como prueba que a pesar de los altibajos la razón asiste a esta pequeña y digna Nación que enarbola los ideales del general Sandino, a quien no está de más recordar como mártir víctima de la política exterior gringa.

Una organización de consenso como la OEA, generalmente la debería encabezar una persona ejecutiva, con capacidad y talento, para poner en práctica sus principios, no necesariamente un líder como tal, sino alguien al que cualquiera de los Estados miembros este seguro que su planteamiento será escuchado y analizado, para que, al momento de una resolución frente a una situación o disputa, esta se acerque a los criterios de ambas partes.

El error de la administración estadounidense prácticamente fue imponer, como es su costumbre, al actual secretario general en una segunda elección, resultó que, el actuar del secretario nos deja clarísimo que, él está pagando el favor de su nombramiento y en ese intento Almagro descalifica de entrada cualquier posición que se oponga a la política exterior estadounidense en la región.

Almagro, desde su posición de secretario de la OEA ha jugado un rol que no le compete, al tomar acciones y dar opiniones fuera de su competencia y funciones, como lo hizo en el asunto de Bolivia en el 2019. En este caso, es muy posible un futuro juicio en su contra una vez este fuera de la inmunidad diplomática y, conociendo el legalismo uruguayo hay probabilidades que de existir una demanda de las victimas provocadas por su actuar en este Estado Andino, le pudiese dar pase a una extradición; es probable que, por ello, esté pensando en radicarse de forma permanente en E.E.U.U. Pero que no se confíe, para el imperio es un traidor más que, una vez utilizado se descarta, como de hecho la historia ya lo lanzó al último vagón, como referente del entreguismo y no haber jugado el rol de componedor de las partes en contradicción que, la carta de Bogotá le asignó como facilitador y no como juez a favor de la política exterior estadunidense, provocando no arreglos de derecho, sino más dolor y sufrimiento a los pueblos de América Latina al provocar mayor enfrentamiento entre las partes en disputa.

Una futura acusación que desemboque en juicio y condena para Almagro, en este momento podría entenderse como muy poco probable, pero el tiempo lo dirá. Mientras eso llegue o no llegue, el sandinismo, como fuerza emergente, de repuesta y muy entrenado en contragolpe le dice, al igual que en 1927… no les tenemos miedo…aquí los esperamos. Contamos con el ardor patrio de los que nos acompañan…

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