Nicaragua Sandinista: ejemplo de libertad y solidaridad Por Benjamín Forcano

Nicaragua Sandinista: ejemplo de libertad y solidaridad Por Benjamín Forcano
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Nota de la Redacción: Benjamín Forcano es teólogo y fue ordenado sacerdote en 1962, en la congregación claretiana, hasta su expulsión en 1993. Licenciado en Teología por la Universidad de Santo Tomás de Roma y especialista en Ciencias Morales por la Academia Alfonsina de esa ciudad, a partir de 1965 ejerció como profesor de Teología Moral en centros como Claretianum, de Roma; Teologado Claretiano, de Salamanca; Escuela de Vida Religiosa y Seminario Diocesano, de Madrid, o la Universidad Javierana y la de Santo Tomás, de Bogotá.

En 1976 dirige varios cursos en distintos países de Centroamérica y mantiene estrechos contactos con los teólogos de la liberación. Codirector de la revista Misión Abierta entre 1976 y 1988, impulsó la editorial Nueva Utopía y la Comunidad Proamerindia Pedro Casaldáliga.

En 1983 el cardenal Joseph Ratzinger (que después sería el Papa Benedicto XVI) abre un proceso extraordinario contra él por los contenidos “erróneos y peligrosos” de su libro Nueva ética sexual (Ediciones Paulinas,1981). Cuando en 1987 el superior general de los claretianos aplica contra Forcano las medidas indicadas por Ratzinger (prohibir la edición y difusión de su libro, someter a censura todas sus publicaciones, apartarlo de la enseñanza de la moral sexual y destituirlo como director de Misión Abierta), Forcano recurre, y sus cinco compañeros de la comunidad de Fernández de los Ríos, de Madrid, se solidarizan con él.

La congregación suprime esta comunidad, perteneciente a la provincia claretiana de Aragón, y asigna a sus miembros nuevos destinos; pero los religiosos se niegan a acatar la orden, por lo que en 1990 se inicia un expediente de expulsión que recurren ante la Sagrada Congregación para los Religiosos y, más tarde, ante la Signatura Apostólica, supremo tribunal de la Iglesia, que el 5 de febrero de 1993 confirma la expulsión de estos seis claretianos que se declaran seguidores de las doctrinas del Concilio Vaticano II.

Acogidos por Monseñor Pedro Casaldáliga, también claretiano, pasan a ser sacerdotes de la diócesis brasileña de São Felix con permiso de residencia en Madrid. Desde el centro Evangelio y Liberación de esta ciudad, Forcano dirige con sus compañeros la revista Éxodo y la editorial Nueva Utopía y apoya los Congresos de Teología convocados por la Asociación de Teólogos Juan XXIII.

Autor de numerosos artículos y colaboraciones en publicaciones, tanto nacionales como extranjeras, y ponente en congresos y simposios; en sus intervenciones se muestra partidario de un «aggiornamento» de la Iglesia Católica que acepte el celibato opcional y la homosexualidad; se ha manifestado a favor de la libertad religiosa, contra la globalización, contra la guerra de los Balcanes y de la intervención en Afganistán.

Entre los libros que ha publicado, se encuentran los siguientes títulos: «Caminos nuevos de la moral», «Amor y natalidad en conflicto», «La familia en la sociedad actual», «El aborto», «Una moral liberadora», «Moral fundamental» y «El sueño de los pobres».

¿Por qué Nicaragua está en la cumbre de la información mundial? Responder a esta sola pregunta es de gran interés para saber lo que pasa en el mundo y entender que todos estamos implicados en ella. Sin entrar ahora en muchos detalles, nos basta, creo, con aludir a cuatro razones principales:

La primera, es que Nicaragua fue sujeto de la batalla más desigual que se puede imaginar: una nación pequeñita, de apenas 6 millones y medio de habitantes hoy, enfrenta –con Sandino a la cabeza– a una nación de unos 330 millones, la más grande y poderosa de América. Y se enfrenta porque ha sido invadida y pretende tenerla supeditada como esclava del imperio yanqui. Y, aunque parezca imposible, esa batalla terminó con la derrota de Estados Unidos. Una derrota súper-humillante, pero digna, acorde con todas las normas de la Ética y del Derecho Internacional.

La segunda razón es que el mundo entero aplaudió la victoria sandinista y la festejó casi como propia en julio de 1979, hace 42 años. Pero, hay algo más. Y es

La tercera razón: esta Nicaragua, tras el reguero heroico y espantoso de haber perdido a 50 mil de sus hijos, no procedió, como suele ocurrir en estos casos, a depurar, torturar y eliminar a sus enemigos.

Con asombro y aplauso de la humanidad aplicó el perdón, renunció a toda suerte de venganza, no hubo desfile de fusilamientos, porque entendió que los verdugos habían sido también víctimas del Somocismo y merecían ser atendidos con comprensión y magnanimidad. Se aplicó por primera vez políticamente, ¡pásmense! el perdón del Evangelio.

Pero, la política estadounidense, despreciadora del sentir mundial, continuó con su pretensión de dar la vuelta a su derrota y reconquistar la dependencia y esclavitud de Nicaragua.

Y, como si le fuera connatural, no dudó en organizar, entrenar financiar a la Contra desde Honduras. Y así, desde entonces hasta hoy. No ha cejado, ni cejará, en sus múltiples ataques, defendiendo… ¿defendiendo qué? ¿Acaso la soberanía nacional de Nicaragua, la democracia, los derechos humanos? Esa es la careta hipócrita que exhibe y con la que trata de embaucar. Y la más importante,

La cuarta razón, porque impotente hasta el momento actual, la política yanqui no osará atacar directamente los principios y valores de la revolución sandinista; no puede, pues son universales, están inscritos en la conciencia de todos. Y entonces desvía el fuego hacia otro objetivo: hacia Daniel Ortega, presidente del Partido Sandinista, democráticamente elegido y mostrarlo, configurado, como tirano, gran represor, mayor incluso que Somoza, a la espera de que suene atronador el grito de que dimita y se vaya.

En realidad de verdad, la cuestión que aquí se ventila no es Daniel Ortega, sino los valores éticos de la Revolución Sandinista, que son una alternativa de verdad y justicia universales, eficaz disolvente de la política estadounidense.

La Nicaragua sandinista luchó por valores profundamente humanos, que costaron la vida a miles y miles de nicas, aprendió mucho y no quiere aplicar, ni quiere se le aplique a nadie, la política inhumana, soberbia y egoísta del imperio yanqui.

Conclusión

La revolución sandinista ha sido la revolución más ejemplar y bonita de la historia. Y olvidar o enterrar sus ideales sería una pérdida no sólo para ella, sino para todos.

En la medida en que se siga su ejemplo,

Irán acabando los imperios,

Habrá recuperación de la igualdad de todas las naciones,

Habrá libertad y solidaridad internacional,

Y habrá paz.

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