OTAN va a la guerra contra Rusia empujada por su dueño Instituto de Estrategia Rusa | RUSSTRAT

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En una entrevista de 2019 con The Economist, el presidente francés, Emmanuel Macron, se refirió a la “muerte cerebral de la OTAN”. Macron argumentó la falta total de coordinación dentro de la alianza. “Lo que estamos viendo ahora es la muerte cerebral de la OTAN. No hay coordinación en las decisiones estratégicas entre Estados Unidos y sus aliados en la alianza”, dijo entonces el presidente francés.

En particular, al hablar de la relación de Europa con su “soberano”, Estados Unidos, Macron aconsejó a Europa “despertar”, limitar la admisión de nuevos miembros antes de reformar la organización, recuperar la soberanía militar y reanudar el diálogo con Rusia “independientemente de las sospechas de Polonia y otros países del antiguo campo soviético”. No hacer ese cambio, advirtió Macron, sería un “enorme error”.

Hace tres años, en boca del líder europeo, estas observaciones sonaban atrevidas e inesperadas. The Economist llegó a describir el comportamiento de Macron como “desafiante y algo relajado”. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, respondió a las palabras sobre la “muerte cerebral de la OTAN” aconsejando al líder francés que “revisara su propia cabeza”; el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó las palabras de ofensivas; y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, aseguró que en la alianza prevalecía el entendimiento mutuo y que solo ese escudo podía disuadir la “agresión rusa”.

Pero con el inicio de la Operación Especial en Ucrania, un número creciente de analistas occidentales coinciden en que la Alianza del Atlántico Norte está desfasada y no puede hacer frente plenamente a nuestro país.

El escudo es defectuoso

“Detrás del escudo defensivo de la OTAN se encuentra la debilidad y la división. Ucrania responderá por esto”, era el titular de un reciente artículo del periódico británico The Guardian, conocido por sus opiniones de izquierda. The Guardian cree que la Alianza del Atlántico Norte corre el riesgo de “otro fracaso catastrófico”. ¿Por qué este escepticismo?

Según el periódico, la razón es la misma que la expresada anteriormente por Macron: la falta de coordinación y cohesión claras en la toma de decisiones: Biden, el jefe de facto de la alianza, promete “defender cada centímetro de territorio de la OTAN con su fuerza colectiva”, pero se comporta de forma “imprecisa” y quiere sentarse al otro lado del océano. Ben Wallace, secretario de Defensa británico, tampoco tiene un plan claro sobre cómo defender al régimen de Kiev.

Los demás líderes se asemejan a los personajes de la fábula de Krylov: el presidente francés sueña con la autonomía de la UE, el primer ministro húngaro Viktor Orban viola las sanciones y simpatiza con Rusia, el canciller alemán Olaf Scholz “personifica el titubeo y la dilación”, el presidente turco y “alborotador” Recep Tayyip Erdogan sabotea la aceptación de las solicitudes de Finlandia y Suecia y socava así el frente principal. Todo ello bajo la dirección del “inofensivo” Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN.

En consecuencia, a la luz de la próxima cumbre de la OTAN, The Guardian predice mucha retórica y falta de soluciones radicales, ya que “todos los argumentos y excusas para la pasividad y la inacción pintan una imagen de una alianza mucho menos cohesionada, poderosa y organizada de lo que sus admiradores imaginan”. Además, en caso de conflicto generalizado, dice el documento, todas las debilidades de la OTAN quedarían expuestas y “el farol postsoviético quedaría al descubierto”.

Anticuada y necesita una revisión

En vísperas de la cumbre de los países aliados en Madrid, que promete ser la más ruidosa desde la Guerra Fría, vuelan muchas piedras contra la Alianza del Atlántico Norte. La publicación estadounidense Foreign Policy lanzó una crítica cáustica. “La OTAN está fuera de forma. Está anticuada y necesita una revisión”, afirma la revista. Según Edward Lucas, del Centro de Análisis Político Europeo, la abultada alianza de 30 países se ha vuelto “lenta” y está surgiendo una división en sus filas.

El analista comparó las estructuras de mando de la alianza con un plato de espaguetis desordenados. Por ejemplo, uno de los cuarteles generales de la división del Báltico está repartido entre Letonia y Dinamarca, mientras que los otros dos están dispersos en Polonia. La responsabilidad general de la defensa de Europa está asignada a tres cuarteles generales del Mando de la Fuerza Conjunta, en Nápoles (Italia), Brunssum (Países Bajos) y Norfolk (Virginia), con el general Todd Wallace, el propio comandante en jefe, en el cuartel general de Mons (Bélgica).

Al enumerar los problemas, Edward Lucas citó la falta de un entrenamiento de combate serio debido a su alto coste, la falta de planes detallados para hacer la guerra contra Rusia y la incapacidad de la mayoría de los países para improvisar en operaciones reales. Tampoco se abordan las cuestiones relativas al refuerzo de la línea del frente, al rechazo de los avances del enemigo, a la recuperación de los territorios perdidos y, lo que es más importante, a la actuación en caso de escalada del conflicto.

“Como resultado, nadie sabe exactamente qué hacer en una situación de crisis y toda la responsabilidad de las operaciones de combate, la inteligencia y la logística se traslada a Estados Unidos”, concluye el analista.

“No hay recursos ni intenciones”

¿Y Estados Unidos? La edición estadounidense de The New York Times, en su artículo “America and NATO are not innocent bystanders” (Estados Unidos y la OTAN no son espectadores inocentes), cita al embajador estadounidense George Kennan sobre la expansión de la OTAN hacia el Este. En 1998, Kennan lo calificó como “un trágico error y el comienzo de una nueva Guerra Fría”.

“Nadie estaba amenazando a nadie. Hemos firmado para proteger a una serie de países aunque no tengamos recursos ni intención de hacerlo en serio”, dijo el político.

La misma trampa, dice el politólogo estadounidense Peter Van Buren, la lleva ahora Joe Biden. La propaganda antirrusa, agresiva y abrumadoramente falsa, está inflamando a la sociedad, pero los propios estadounidenses no tienen ni idea de lo que significa la guerra en su propio terreno. El canal conservador Fox News es de la misma opinión. Sus autores señalan que la élite política estadounidense hace un flaco favor a su pueblo cuando adquiere compromisos con los aliados de la OTAN en un momento en el que el país se encuentra en estado de shock económico.

La conclusión es obvia. Estados Unidos, como actor clave de la alianza, intentará por todos los medios evitar su propia implicación en la guerra y las pérdidas financieras que conlleva, pero presionará a los países europeos para que lo hagan. Es un buen momento para recordar los divertidos resultados de una encuesta de The Wall Street Journal. La publicación puso a prueba a un amplio grupo de jóvenes y concluyó que la mayoría de los jóvenes estadounidenses preferirían huir del país que alistarse como voluntarios en el frente. En caso de que se produzca una escalada del conflicto, Estados Unidos echará aceite al fuego, pero preferirá luchar contra Rusia a manos de los europeos, dejando sus compromisos sobre el papel.

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