¿Políticos de oposición o políticos en descomposición? Por José Aragón

¿Políticos de oposición o políticos en descomposición? Por José Aragón
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“Los líderes ya no surgen, ahora los fabrican… ¡Qué mediocridad!”

Estas palabras del desaparecido humorista colombiano Jaime Garzón parecieran retratar a los “políticos” que, en Nicaragua, desde hace unos años se vienen autoproclamando líderes opositores y han ido por el mundo pidiendo presiones al gobierno para que adelantara las elecciones.

Y ahora, cuando el Consejo Supremo Electoral inicia oficialmente el proceso de inscripción para las elecciones de noviembre, resulta que salen pidiendo que se les amplíe el plazo porque se han dado cuenta que no tienen ni organización, ni candidato, ni programa de gobierno, ni nada… porque ellos a lo único que se habían dedicado estos años era a soñar ilusionados con que el Tío Sam volviera a hacer el milagro de 1990 y se decidiera a fabricar, con los ripios de sus maltrechos egos, el muñeco perfecto que sirva a los intereses geoestratégicos de la nefasta y decadente potencia del norte.

Esa actitud inepta y servil no es nueva, la han practicado desde siempre los políticos de la derecha en detrimento de la paz, el progreso y la convivencia sana entre nicaragüenses.

Es muy legítimo que en todo país existan ciudadanos que apoyan al gobierno, así como ciudadanos contrarios al gobierno. También es muy legítimo que quienes estén en contra del gobierno aspiren a sucederlo. Pero para eso es necesario actuar apegados a la democracia que exige el cumplimiento de unos requisitos mínimos para participar en un proceso electoral, requisitos que, está muy claro, la autoproclamada oposición está lejos de cumplir. Y ellos lo saben muy bien. Es por eso que, en su desesperación, recurren a la ya gastada artimaña de tratar de culpar de todas sus incapacidades políticas al gobierno de Nicaragua.

En su intento por tapar sus mediocridades, ahora les ha dado por denunciar un circo montado supuestamente por el Consejo Supremo Electoral, cuando la verdadera percepción que tiene el pueblo de Nicaragua es que el único circo mal montado y de pésima categoría es el que viven los opositores en el seno de sus desorganizaciones políticas, en donde cada ego hace malabares y trucos fáciles con la esperanza de llamar la atención de algún funcionario influyente en la Casa Blanca o en el Capitolio que se anime a apoyar e impulsar su fútil y estéril carrera electoralista.

Pero lo más triste de todo es que esos señores que no representan a nadie, que son incapaces de organizarse y proponer alternativas serias, se dan el lujo de ir por el mundo calumniando, desprestigiando y pidiendo sanciones para el pueblo de Nicaragua, cuando lo que tendrían que hacer es dedicarse a trabajar, a organizarse, a ponerse de acuerdo entre ellos, dejar su arrogancia y ambiciones y tratar de elaborar un plan de gobierno mínimamente serio y proponerlo al pueblo con humildad y profunda actitud democrática.

Ya es hora de que intenten superar la mediocridad de su comportamiento que no aporta nada positivo al país. Es tiempo de que asuman una verdadera actitud democrática porque la necesitarán mucho en noviembre para reconocer con dignidad y honradez el impacto de la contundente derrota que se les avecina, ya que hasta hoy solo han ido consiguiendo el alejamiento y el repudio del pueblo que se ha cansado de sus desmedidas ambiciones personales y del daño que han causado a la economía, al bienestar y a la paz del país.

Así las cosas, el panorama político en Nicaragua se podría resumir de la siguiente manera: por un lado, está un Frente Sandinista robusto, unido, milimétricamente organizado, con liderazgo claro y con unos excelentes resultados de progreso en la gestión de gobierno que lo sitúan en una posición de gran ventaja. Mientras, por el otro lado, unos grupitos de oposición en proceso de descomposición, enfrascados en peleas de intereses personales y confiando más en los favores de Washington que en la decisión soberana del pueblo de Nicaragua.

El pueblo nicaragüense es un pueblo inteligente que no va a entregar la gestión del país a unos “políticos” que no saben ni siquiera gestionar sus desmesurados egos. Ya en 1990 nos indujeron a equivocarnos con presiones y chantajes y lo pagamos demasiado caro, así que no estamos dispuestos a regresar a los niveles de pobreza, desigualdad, abatimiento, tristeza y desesperanza en la que nos dejaron hundidos los gobiernos neoliberales de Chamorro, Alemán y Bolaños. Los nicaragüenses de hoy aspiramos a seguir progresando, a seguir construyendo una nación que mire al futuro y que esté preparada con un gobierno sólido y capaz para enfrentar los importantes retos mundiales después de la pandemia.

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