Prejuicios, realidades y políticos miopes Por Alfonsa Goicoechea

Prejuicios, realidades y políticos miopes Por Alfonsa Goicoechea
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Desde el derrocamiento de la dinastía somocista en 1979 se introdujo en Nicaragua una nueva dinámica social y económica que impulsa una más justa distribución de los recursos y la participación en la política, la economía, entre otros procesos fundamentales de la nación nicaragüense, de amplias capas y sectores sociales, antes reprimidos e ignorados.

Desde entonces los sucesos conmueven a los que antes controlaban y exclusivamente se beneficiaban de las ventajas que les proveían sus preciosas cunas. Tan es así la situación que en la actual coyuntura de las próximas elecciones los medios de comunicación publican una serie de opiniones y análisis, en el fondo son expresión del íntimo deseo de recuperar las añoradas posiciones habidas en tiempos que el viento se llevó.

Para justificar sus anhelos de volver al pasado gritan a los cuatro vientos que Nicaragua es víctima de una dictadura, entonces pretenden desalojar el gobierno recurriendo al golpe de Estado. Así desataron los crímenes, la violencia y la destrucción en 2018 cuando los opositores que se dicen demócratas nos hicieron retroceder al nivel económico, social, espiritual y material superado muchos años atrás.

Por ejemplo, un señor se lamenta por la emigración de sus hijos y que muchos otros jóvenes van hacia el Norte debido a la crisis en que está sumida Nicaragua. Según él, estamos perdiendo jóvenes valiosos, capacitados, preparados que van huyendo impulsados por la “represión a la insurrección cívica” y el “modelo socialista que se quiere implantar”.

«El hambre es muy hombre»

Evidentemente, para él es preferible la crisis crónica en la que antes estaba sumido el pueblo llano entero, esa gente que para él era invisible e insoportable cuando él mismo, con su congelada sonrisa irónica desde su flamante puesto de gobierno decretó la autonomía de la educación para afectar la enseñanza básica, secundaria y técnica e impulsó la grave restricción de los fondos del presupuesto nacional que por ley el gobierno debe entregar a la educación superior pública. En esa época las protestas cívicas de los estudiantes sufrieron la feroz represión de los gobiernos que se ufanaban de democráticos, y causaron graves lesiones y muertes a la comunidad universitaria.

En aquella dura época la tónica era que los recursos familiares no alcanzaban para nada, porque la miseria obligaba a los padres de familia a decidir entre dedicar sus pobres ingresos a alimentar a sus hijos o mandarlos a la escuela donde era obligatorio pagar por todo. Esa misma indigencia obligaba a la familia completa a salir diariamente para buscar el sustento. Entonces o estudiaban o trabajaban para comer. Ya sabemos que ese dilema no admite discusión filosófica. Mi abuelita decía: “Es que el hambre es muy hombre”.

Durante décadas, en Nicaragua no solamente en el tiempo de los gobiernos neoliberales de los 90, a los hijos de esas familias en su propio país se les negaron las oportunidades para prepararse y trabajar, entonces se vieron obligados a emigrar, pero eso no le importó al señor que se lamenta, porque para él solamente los suyos son visibles, los otros no cuentan. No es lo mismo emigrar por decisión, que por obligación.

Como suele suceder en la oposición criolla oscurantista, otro señor que fue candidato a la presidencia critica la construcción de infraestructura pública, en especial de carreteras, las cuales en su opinión “solamente sirven para estimular la venta de carros”. Parece que el mentado político de pacotilla añora los caminos carreteros para mulas habituales en los 30 años conservadores hace más de 150 años. Con esa misma lógica, el gobierno Chamorro de 1990 liquidó el ferrocarril nacional, sin la menor misericordia por los que vivían de sus servicios y todavía lo lloran. El progreso nacional y la justicia social no pueden depender del color del cristal con que miran los políticos miopes.

Recuerdo otro señor que dirigió las zonas francas de los gobiernos neoliberales. Su hijo migró también hacia el Norte, pero no más al aterrizar en territorio “más democrático” que el nuestro, su primera decisión fue alistarse en el ejército represivo más feroz del mundo que llenó el Oriente Medio de la más terrible y sangrienta invasión y destrucción en la década de los 90, situación que aún perdura en nuestros días. El papá contaba orgulloso la decisión de su hijito que se fue a pelear por un país que no es el suyo, enlutando a gente inocente de países lejanos.

Socialismo y comunismo

Discutiendo sobre la situación de nuestro país, otro señor muy molesto me dijo que “el gobierno de Nicaragua es una dictadura militar, socialista y comunista”. La ignorancia es profunda, no se da cuenta que mencionar los tres conceptos para descalificar a la misma entidad demuestra necedad inmensa de alguien que no se molesta en revisar un diccionario para emitir una opinión informada. El socialismo se define como una doctrina política y económica que defiende la propiedad y la administración de los medios de producción por parte de las clases trabajadoras con el fin de lograr una organización de la sociedad en la cual exista una igualdad política, social y económica de todas las personas.

En nuestro país queremos igualdad de derechos sociales, políticos y económicos para todos, no solamente para los que tienen grandes propiedades y mucho dinero, pero no negamos ni restringimos la propiedad privada. En Nicaragua existen muchos empresarios privados de todo tamaño, ellos hacen sus inversiones y manejan sus propiedades como mejor les parece; la única condición es que cumplan las leyes vigentes de todo tipo, desde pagar los impuestos hasta proteger el medio ambiente; y deben generar empleos dignos.

A los empresarios y a los emprendedores se les provee de carreteras, energía eléctrica y comunicaciones donde nunca antes hubo, a fin de favorecer sus trabajos y la generación de recursos, nadie los obstaculiza ni los obliga a nada. Evidencia de esta situación es que bajo el actual gobierno, por primera vez en doscientos años de vida republicana, hay una verdadera incorporación material, social, cultural y jurídica de la Costa Caribe al territorio nacional.

Socialismo en Nicaragua significa honrar los deberes del Estado y del gobierno para cubrir las necesidades de la sociedad, multiplicar progreso, el bien común y el bienestar general, eso se ha demostrado durante los últimos catorce años, no es una promesa vacía y falsa. Afirmar lo contrario es calumnia, la calumnia no es información.

El diccionario define el comunismo como la doctrina económica, política y social con una organización social en la que no existe la propiedad privada ni la diferencia de clases y en la que los medios de producción (o sea las fábricas, las fincas etc.) estarían en manos del Estado, el cual distribuiría los bienes de manera equitativa según las necesidades.

Es un hecho que en Nicaragua la Constitución Política y muchas otras leyes reconocen y permiten la propiedad privada, entonces simple y sencillamente aquí no existe el comunismo, alegar ese pretexto es perversidad o es ignorancia escandalosa. Nadie se ha quejado en Nicaragua porque le negaron el derecho a comprar una propiedad, ni porque le quitaron arbitrariamente su casita o su negocito, o su propiedad grandota del tipo que sea. Usar la palabra comunismo como fuente de crítica y motivo de descalificación en nuestro país demuestra ignorancia y mala fe. Estar convencido de ese falso argumento no es tener razón.

Sueños pendientes

Los conceptos de dictadura, socialismo y comunismo son totalmente diferentes, ninguno se puede mezclar con el otro, así como no se puede decir que una persona es gorda y flaca a la vez. Si creyéramos en el señalamiento de padecer dictadura, es muy raro y contradictorio que a pesar de supuestamente tener una plaga tan fea y tan mala, la economía de Nicaragua y el bienestar de la sociedad en general hayan venido creciendo tanto desde 2007 cuando el sandinismo volvió al poder, lo cual significa que todo mundo está trabajando y produciendo tranquilo en su puesto para el consumo interno y para la exportación, principalmente para los invisibles y los abandonados de antes, aquellos que ahora estamos mejor en nuestra tierra donde con orgullo queremos permanecer.

Todavía hay muchos desafíos, grandes planes y sueños, pero los resultados económicos y sociales conquistados en nuestro país despiertan la admiración del mundo entero, las estadísticas y los resultados físicos están a la vista. Todos los organismos internacionales y mundiales reconocen la correcta gestión de los recursos nacionales y el crecimiento económico resultante a pesar de las adversidades y desastres naturales. Amplias mayorías de la población reconocen el bienestar que gozan con las decisiones del actual gobierno y prefieren mantenerse en esas condiciones, las cuales tienden a mejoría notable sin distinción.

Gracias a la gestión seria y responsable del gobierno y con el trabajo creador de los que preferimos la paz y el progreso, iniciando el venturoso año 2021 ya estamos de nuevo en la ruta de la recuperación.

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