Sandino, la defensa del decoro nacional Por Alfonsa Goicoechea

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¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?
¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?
¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
¿Callaremos ahora para llorar después?

Rubén Darío

1. Sus orígenes

Augusto Nicolás Calderón Sandino nació el 18 de Mayo de 1895 en Niquinohomo, Municipio de Masaya. Sus padres fueron Gregorio Sandino, un pequeño terrateniente acomodado, caficultor y productor de granos básicos del mismo lugar, su madre fue Margarita Calderón. Algunos autores afirman que fue una campesina, pero en verdad fue una simple trabajadora agrícola en trabajos eventuales que pudiera conseguir, como cortadora en las sucesivas cosechas de los cultivos habituales de la zona. Se dice que ella tenía sangre de blancos e indios en sus venas. El niño fue producto de una relación fugaz de sus padres, abuso del poderoso contra la humilde pudiéramos decir.

El héroe refiere lo siguiente a José Román sobre su infancia:

-Mi madre se llama Margarita Calderón y era una persona empleada en la finca de mi padre. Soy pues, un hijo del amor o un bastardo, según los convencionalismos sociales. Mi padre, después de venido yo al mundo, se olvidó de la que había sido la madre de su primer hijo, porque era una peona campesina y se casó con doña América Tiffer, una burguesoide provinciana.

De modo que abrí los ojos en la miseria y fui creciendo en la miseria, aun sin los menesteres más esenciales para un niño y mientras mi madre cortaba café, yo quedaba abandonado. Desde que pude andar lo hice en los cafetales, ayudando a mi madre a llenar la cesta para ganar unos centavos. Mal vestido y peor alimentado en aquellas frías cordilleras. Así es como fui creciendo, o quizá por eso es que no crecí. Cuando no era el café, era el trigo, el maíz u otros cereales los que nos mandaban a recolectar, con sueldos tan mínimos y tareas tan rudas que la existencia nos era un dolor ¡un verdadero dolor! Y aun así, para poder trabajar teníamos que sacar unas matrículas que mi madre y yo nunca terminábamos de amortizar. Además, tomo en consideración que mi madre con frecuencia daba a luz, lo que agravaba más nuestra situación. Créame, es horrible recordarlo, pero es la pura verdad.

Hubo veces en que para poder comer tuvimos que empeñar cualquier baratija por unos cuantos centavos. Y hubo días, en realidad muchísimos días, en que estando mi madre postrada, haya tenido yo que salir de noche a robar en las plantaciones para no dejarla morirse de hambre. Y así seguí creciendo, enfrentándome en lucha feroz y tenaz contra la vida cruel y despiadada y contra designios de la fatalidad. Dichosamente, la naturaleza me había dotado de reflexión y voluntad… Empezaba yo prematuramente a ser consciente de la gran tragedia de mi vida que roía lo más íntimo de mis entrañas con la realidad de una terrible miseria. Miseria e impotencia, a mis tiernos años. Con mi padre, no contaba en absoluto, y a mi madre, más bien yo la tenía que mantener.

Cuando por casualidad mi medio hermano Sócrates me encontraba en la calle, me regalaba alguna ropa vieja con la que cambiaba mis harapos. Al comparar la situación de mi hermano con la mía, me indignaban las injusticias de la vida. Aunque yo era muy trabajador, ¿qué podía ganar una criatura menor de diez años en un lugar en donde los sueldos de los mayores eran solo unos centavos diarios? Estaba yo en una época de la vida en que se necesitaban, ya no digamos las cosas más elementales para la comodidad del cuerpo, sino, lo que es aún más esencial, el calor de un hogar para la tranquilidad espiritual y la formación del carácter y la personalidad. Yo carecía de ambos y lo peor es que me daba cuenta de la situación.

El testimonio anterior es relevante para conocer la durísima realidad cotidiana del niño, que era la misma de gran parte de la población de Nicaragua en la época. El niño Augusto Calderón fue víctima de las desigualdades sociales, de la marginación y exclusión dominantes en esos años, las que paulatinamente lo impulsaron a iniciar una desigual lucha en contra de la potencia militar más grande del mundo, gesta que él años más tarde resume con la frase: “Mi espada será redención de los oprimidos”.

2. Contexto socio político

A la civilización capitalista no hay que verla en las metrópolis,
donde va disfrazada,
sino en las colonias, donde se pasea desnuda.

Carlos Marx

Para comprender y medir la gesta de Sandino en su justa dimensión necesitamos contextualizarla. Inicialmente nos remontamos a la época de la independencia de América Central, considerando para ello el sistema político social dominante en Nicaragua desde esa época y posteriormente el férreo control que en gobierno de los Estados Unidos ejercía sobre Nicaragua. Esto nos permite encontrar los orígenes de la dominación de una parte de la población sobre la otra limitada en la satisfacción de las más mínimas necesidades y comprender la trascendencia y tamaño del problema al que se enfrentó el héroe.

Desde una década antes a la firma del acta, diversos movimientos independentistas venían tomando fuerza en la región. En la ciudad de León, los disturbios de raíces indígenas tuvieron lugar en 1811 y 1812, pero fueron rápidamente mediatizados y sofocados por criollos y españoles interesados en independizarse de la Capitanía General de Guatemala, pero continuando las relaciones comerciales directamente con la metrópoli, con todas las prerrogativas y beneficios que eso significaba para los herederos del control político y administrativo.

La oligarquía dominante en Centro América tenía dos vertientes políticas: liberales o democráticos (con un pensamiento más independiente y progresista) y conservadores o legitimistas (con orientación monárquica). Esas fuerzas fueron las que impulsaron y consiguieron la independencia en septiembre de 1821, pero la situación socio política en el fondo no varió. Valga decir a manera de ejemplo que el primer Jefe de Estado de la nueva República fue Brigadier Gabino Gaínza y Fernández de Medrano (nacido en Guipúzcoa, Pamplona, España el 20 de octubre de 1754, fallecido en México en 1829), quien ingresó a la academia militar a los 16 años y sirvió en el ejército real toda su vida. Él fue enviado al África y varios lugares de la América a sofocar alzamientos independentistas. A Guatemala llegó en 1820 con el grado de Brigadier y asumió el cargo de Capitán General, Jefe Político Superior de la Provincia de Guatemala. Es decir después de cincuenta años de servicio militar bajo las órdenes de la corona y cumpliendo un cargo político administrativo en representación de la monarquía, no es creíble que de pronto le interese la independencia de un país al que había llegado el año anterior, por tanto no lo conoce ni se puede creer que le interese mejorar su situación social una vez liberado de la monarquía absolutista. Los españoles tenían la mayoría de los cargos en la administración provincial, respondiendo a nombramiento directo que venía de España, entonces es lógico pensar que todos querían conservar los privilegios, por supuesto la élite urbana ignoró al resto de la población.

Centro América disuelta y destrozada

Gabino Gaínza conservó el puesto político administrativo de cargo superior al pasar de Jefe Político Supremo de la Provincia y Capitán General a presidente de la nueva república, investidura que conservó desde el 15 de septiembre de1821 al 23 de octubre de 1822. Al momento de la firma del acta de la independencia en 1821, Gaínza, aunque formalmente desconoció la autoridad de la corona, guardó retórica lealtad a España.

En conclusión, uno de los resultados de la independencia de 1821 fue el cambio del poder absoluto de la monarquía por una oligarquía, lo que para las grandes masas desposeídas no significó mejoría social ninguna, situación que imperó a lo largo de todo el siglo 19. El anterior testimonio de Sandino evidencia este hecho.

Una importante consecuencia de la independencia de la corona española fue la desintegración de la unidad política y social de Centro América (la que ha sido muy difícil restablecer alrededor de programas y estrategias comunes y convenientes para todos los Estados).

Esas corrientes oligárquicas conservaron sus mismas expresiones en todas las nuevas repúblicas de América Central, caracterizándose por hacerse mutuamente la guerra con el apoyo respectivo de los gobiernos políticamente afines de una república a otra. El objetivo de sus disputas era extender el dominio de su orientación político-ideológica a toda la región en detrimento y posible eliminación de la contraria.

En la república de ladinos, el poder y los derechos se determinaban conforme la raza, la posesión de propiedades y la medición de los ingresos económicos de cada cual. La calidad de ciudadano, sus derechos y el acceso al poder político estaban directamente vinculados a los atributos del mestizaje y la propiedad. Ambos conformarían la piedra angular de la estructura social de Nicaragua en el siglo XIX.

Años más tarde refiriéndose a la disputa de los conservadores en contra de Zelaya, la cual terminó con su derrocamiento, Rubén Darío caracterizó los resultados de las reiteradas pugnas sus palabras confirman lo antes dicho: “Me temí que de nuevo se hubiese encendido el antiguo antagonismo entre conservadores y liberales, o peor aún, los odios entre la parte oriental y occidental del país, entre Granada y León. Esta lamentable desunión viene desde tiempos de la Colonia, y ha costado a Nicaragua mucha sangre y muchos perdidos intereses”.

En conclusión, desde la independencia la situación político social de América Central –de la que Nicaragua no escapaba– y durante todo el resto del siglo 19, era una eterna rivalidad entre facciones oligárquicas con posiciones excluyentes y racistas, de las que el pueblo llano era la principal víctima, porque, además de sufrir las consecuencias de la guerra y de la discriminación racista, los obligaban a pelear como soldados en todas las batallas, donde perdieron la vida muchos de los anónimos participantes.

Los oligarcas conservadores

Políticos e historiadores conservadores coinciden en decir que el periodo de los 30 años conservadores, que va desde la expulsión de los filibusteros, por medio del Pacto Inter-oligárquico de 1858 hasta la revolución liberal de 1893, fue una etapa de paz, progreso y desarrollo socioeconómico. La afirmación es una verdad a medias, ya que la ausencia de guerra civil intestina era realmente ganancia para el país que había quedado en una completa ruina material y moral, por la destrucción, las migraciones forzadas lejos de los escenarios militares y falta de trabajo por todas partes. Durante el período continuaron esporádicamente las sublevaciones liberales.

En esos años la precaria urbanización de los centros poblacionales estaba prácticamente limitada a la región de la costa del Pacífico, en el resto del país faltaban incluso los caminos carreteros necesarios para comunicar entre sí las distintas regiones del territorio nacional, porque la recaudación de impuestos era precaria. La Costa Caribe, territorio hostil dominado por la corona inglesa con pretensiones geopolíticas donde se usaban a los mískitos (a quienes les inventaron y reconocieron su respectivo rey) para oponerlos agresivamente en su momento a los colonos españoles y luego al gobierno nicaragüense, era tan lejana, desconocida y de muy difícil acceso debido al relieve montañoso intermedio y a sus características selváticas, como si fuera otro planeta.

Desde la década de 1870, los conservadores iniciaron la colonización de los actuales departamentos de Matagalpa y Jinotega donde empezaron a introducir el café, a cultivar granos básicos, criar ganado, construir nueva infraestructura y extraer madera para la exportación, lo cual, igual que las plantaciones de caña en occidente, demandó mucha mano de obra. Para favorecer todas esas empresas, los gobiernos sucesivos facilitaron el despojo de sus tierras a los indígenas y los campesinos por medio de leyes abusivas y otras regulaciones.

Los indígenas que no estaban agrupados en núcleos poblacionales eran obligados a concentrarse en instalaciones al estilo de las reservaciones indias del lejano Oeste de los Estados Unidos, a las que se llamaron reducciones. El objetivo de las mencionadas acciones era poner mano de obra barata, casi en relación de esclavitud, a disposición de los capitalistas y hacendados. El raquítico presupuesto nacional se alimentaba de préstamos que hacían empresarios ricos nacionales y extranjeros, quienes aprovechaban la coyuntura para presionar convenientemente en favor de sus intereses. Los escasos impuestos eran arbitrarios y leoninos, muchas veces se inventaban pretextos para gravar principalmente y hasta exclusivamente a sus contrarios políticos.

Los sucesivos gobiernos conservadores se condujeron de conformidad con un pensamiento excluyente, colonialista, racista y explotador, que da como resultado las experiencias de vida como las que nos transmite Sandino de su infancia: miseria, desolación, desesperación. A eso se refería Sandino cuando dijo que su espada sería redención de los oprimidos.

Zelaya y la Nota Knox

Otro evento a tener en cuenta en esta secuencia histórica es que dos años antes del nacimiento de Sandino, el 24 de abril de 1893, el general liberal Francisco Gutiérrez derrocó al gobierno conservador anterior de Roberto Sacasa (1889-1893), el último del periodo de los treinta años. José Santos Zelaya se subleva el 11 de julio de 1893 y entra triunfante a Managua, el 25 de julio de ese año. La Asamblea Constituyente lo designa presidente.

El suceso es relevante porque la revolución liberal introdujo grandes cambios sociopolíticos en la atmósfera nicaragüense, como la separación del Estado y la Iglesia, expulsión de los jesuitas, la introducción del matrimonio civil y la educación secular, la reincorporación de la Mosquitia que terminó con la presencia inglesa en la región, la cual –como parte de la lucha geopolítica con Estados Unidos– pretendía retener el territorio para construir el canal interoceánico. Las intenciones canaleras estadounidenses existían desde antes de la llegada de William Walker; solamente se habían pospuesto a causa de la Guerra de Secesión en su territorio. Recordemos que la guerra separatista entre los estados esclavistas del Sur y los del Norte, les había consumido cinco años con grandes costos de sangre y destrucción.

El gobierno nacionalista de Zelaya de ninguna manera significó mejoría de la situación de los más desposeídos, si consideramos que en esa época el cultivo del café (iniciado en 1847 en la zona Sur Oriente de Nicaragua) se propagó con mayor intensidad con miras a colocar el producto en el mercado internacional, entonces se necesitaba mucha mano de obra e infraestructura.

Durante el gobierno de Zelaya se aprobaron varias leyes con el propósito de favorecer la producción y el comercio, pero las regulaciones fueron siempre en detrimento de los desventurados, por ejemplo la llamada Ley de la Vagancia, la cual en términos generales consistía en arrestar a todo aquel que no tuviera posesiones materiales ni trabajo ni ingresos regulares conocidos, a quien se le detenía bajo el presunto cargo de “vagancia habitual” para obligarlo a trabajar para los potentados en condiciones inhumanas y con salarios miserables.

Conclusión: cuando nació Augusto Calderón Sandino, la situación, lejos de mejorar para el pueblo llano, ésta había empeorado.

El 2 de diciembre de 1909, el gobierno de Estados Unidos –mediante la escandalosa, injerencista y anti diplomática Nota Knox– derroca a Zelaya con el pretexto del fusilamiento de sus ciudadanos “inocentes” Le Roy Canon y Leonard Groce “víctimas de la brutalidad del dictador” (ambos en realidad eran mercenarios gringos, capturados in fraganti y procesados formalmente de conformidad con las leyes nacionales vigentes) y rompe relaciones diplomáticas con el gobierno nicaragüense.

Chamorro y otros vendepatria

Cabecillas de la sublevación fueron el traidor general liberal Juan José Estrada, Emiliano Chamorro y Adolfo Díaz. Éste último era empleado en la compañía gringa La Luz y Los Angeles Minning Company con un sueldo de mil dólares anuales. Díaz fue el tesorero de la revuelta conservadora pro gringa y con seguridad intermediador del financiamiento instigador del gobierno estadounidense. El modesto empleado de poco más de ochenta dólares mensuales facilitó al movimiento 600 mil dólares.

El 29 de octubre de 1910 esos personajes firman el pacto Dawson que establece: 1) Convocar a elecciones de nueva Asamblea Constituyente. 2) Crear comisión mixta de reclamos para indemnizar a gringos “perjudicados económicamente por Zelaya”. 3) Perseguir y capturar a ejecutores de Canon y Groce e indemnizar a sus familiares. 4) Otorgar préstamo con la garantía de ingresos de aduana. Objetivos del pacto: 1) Asegurar la opción canalera y resguardar el canal de Panamá. 2) Control y hegemonía económica excluyendo a europeos. 3) Desplazar a Zelaya y sus seguidores del poder (hay una carta de Emiliano Chamorro al gobierno gringo en la que ofrece todas las seguridades de que ya se despidieron del gobierno a todos los liberales). 4) Fortalecer a los conservadores sumisos y entreguistas.

Los tres golpistas se reparten el poder y asumen el gobierno el 3 de diciembre de 1910, con Juan José Estrada como presidente, Adolfo Díaz como vicepresidente, Emiliano Chamorro presidente de la Asamblea Constituyente y Luis Mena, Ministro de Guerra. Se repartieron el dinero del Estado y emitieron nuevos billetes sin respaldo, lo cual produjo encarecimiento de la vida, inflación y devaluación (no parece ser mera casualidad su gran parecido a las decisiones de los gobiernos neoliberales a partir del año 1990).

Muy pronto surgen altercados entre los golpistas. El 5 de abril 1911, Emiliano Chamorro aprueba una nueva constitución que limita los poderes del presidente. Estrada veta la norma y disuelve el parlamento, convoca a la elección de una nueva Asamblea bajo la presidencia de Mena. El 16 de abril de 1911, Mena asume la presidencia de la nueva Asamblea, enfrenta a Estrada y Arrebata el control a Díaz.

Zeledón, el gran patriota

El General Benjamín Zeledón Rodríguez, abogado y diplomático del gobierno de Zelaya, participa en la revuelta de Mena contra los conservadores, eventos que se conocen en la historia de Nicaragua como “la Guerra de Mena”. Los marines capturan a Mena y lo obligan a exiliarse en Panamá.

Zeledón, cuando comprende que la verdadera lucha es contra el gobierno de Estados Unidos, se atrinchera en el Coyotepe, Masaya, sufre terriblemente en el lugar sitiado por los ataques enemigos de armas de fuego y la falta de lo mínimo para la alimentación de sus pocas fuerzas, pero se niega a rendirse a pesar de los ruegos de su suegro. Para expulsarlo de sus trincheras, los gringos recurren al incendio de la ciudad de Masaya y sus alrededores. Zeledón escapa, pero es herido en su huida hacia Jinotepe y es asesinado el 4 de octubre de 1912.

Sandino en su adolescencia fue testigo presencial de la brutalidad de las fuerzas sanguinarias de ocupación de Estados Unidos, responsables junto con los conservadores del asesinato del patriota General Benjamín Zeledón Rodríguez, cuyo cadáver escarnecido Sandino vio arrastrar en la vía pública, como advertencia para cualquiera que osara imitar su rebeldía.

La gesta de Sandino es heredera y continuadora de la lucha de Zeledón. Por su carácter nacionalista ambas abandonan la tónica de las egoístas y estériles pugnas entreguistas inter oligárquicas de liberales y conservadores. Aun a costa de sus vidas ambos héroes encauzan sus luchas en contra de las fuerzas de ocupación y exigen su expulsión, meta que Sandino logró en una guerra desigual y desproporcionada.

Años después, el colmo del espurio gobierno conservador de Adolfo Díaz –nacido de la traición y del derrocamiento del gobierno de Zelaya– fue la firma del Tratado Chamorro-Bryan el 14 de julio de 1914, por medio del cual el gobierno nicaragüense comprometió a perpetuidad y libres de impuestos las dos islas de Corn Island y el golfo de Fonseca junto con el territorio del canal. En esos puntos geográficos estratégicos de ambas costas, el gobierno de Estados Unidos pretendía construir bases militares para mantener el control geopolítico.

Para entender el engañoso proceder del gobierno nicaragüense tomemos en cuenta que en ese mismo año, después de una década de construcción, los gringos inauguraron el canal de Panamá; entonces, no es cierto que este tratado era una opción para después construir otro canal en territorio de Nicaragua, como los interesados en desvirtuar el hecho aún hoy en día han intentado hacer creer, dado que para las necesidades del comercio mundial de la época de ningún modo era rentable manejar dos canales interoceánicos en posiciones tan cercanas.

Ante el reclamo de los países vecinos El Salvador y Costa Rica, el Tribunal Centroamericano de Justicia dictaminó que el tratado lesionaba sus intereses territoriales.

Desde 1909, con el derrocamiento del gobierno de Zelaya, las fuerzas estadounidenses se asentaron en el país en sus expresiones financiera, empresarial y militar con el pretexto de “resguardar los intereses de sus ciudadanos establecidos en el país” para desarrollar principalmente la minería, distintos cultivos, la explotación maderera en la Costa Caribe, la ganadería y negocios financieros.

La diplomacia estadounidense manejaba a su gusto y antojo las contradicciones libero conservadoras empleando halagos, presiones diplomáticas o financieras y militares, según el momento, su conveniencia y el sujeto o entidad, dedicándose a instalar presidentes, presionar el gobierno de turno en función de sus intereses económicos y geopolíticos, y derrocar regímenes de uno y otro signo partidario según fuera favorable a sus intereses.

Muchos nombres de nicaragüenses entreguistas incondicionales salen a escena a lo largo de varias décadas: unos liberales, otros conservadores y algunos que indistintamente aparecían en ambos bandos según fuera de su conveniencia, como José María Moncada, de ingrata recordación, igual que el costarricense Adolfo Díaz Recinos ambos entreguistas, traidores y vende patria. Los mismos gringos reconocían que el gobierno de Adolfo Díaz no habría podido mantenerse en el poder de no ser sostenido por las bayonetas norteamericanas. El suyo es el peor ejemplo de un gobierno nicaragüense oligárquico, sumiso, entreguista y vende patria.

3. La lucha de Sandino

La flojera de los políticos llegó hasta el ridículo
y fue entonces cuando comprendí que los hijos del pueblo
estábamos sin directores y que hacían falta hombres nuevos.

A. C. Sandino

En una ocasión, debido a problemas personales, Augusto Sandino se vio obligado a abandonar su trabajo en su pueblo natal y viajó hacia el Norte. Pasó por Honduras y Guatemala hasta llegar al suroriente mexicano donde se empleó en las petroleras. Esa experiencia vivida en los campos petroleros le sirvió como una escuela sociopolítica y sindical que le permitió dimensionar la situación vergonzosa de su país bajo la ocupación de las fuerzas militares de Estados Unidos.

Veamos otro testimonio de Sandino de esos días:

Ese mismo año [1923] me fui a México y estuve en diferentes lugares: Yucatán, Veracruz, Tampico… […] En 1926 trabajaba en la Huasteca Petroleum Co., cuando resolví regresar a Nicaragua. Además, por mi economía y falta de vicios, había ahorrado en todo ese tiempo una regular cantidad de dinero con la que pensaba regresar para contraer nupcias con mi prima Mercedes, quien siempre me esperaba y para dedicarme al comercio en Managua.

La verdad es que estaba enfermo de nostalgia, pero escuche, Román, ¡qué cosas! Con tales proyectos en la cabeza sucedió un incidente, al parecer insignificante, pero que otra vez alteró el rumbo de mi vida y esta vez en forma trascendental: Era comienzos de 1926 y acababa de iniciarse el primer movimiento revolucionario [otra vez los liberales en contra del gobierno conservador] en la costa atlántica de Nicaragua, encabezado por Beltrán Sandoval. Una noche en un restaurante, leyendo con unos amigos los cables de la prensa diaria, manifesté ciertos deseos de volver a Nicaragua a pelear por mi partido, abanderado entonces del antiimperialismo, pero un mexicano que estaba muy tomado de licor me dijo:

– No, compadre ¡qué se va a ir usted! Los nicaragüenses son una bola de vendepatria. Aquí está usted bien ¡qué chingados! Siga haciendo dinero.

[…], pero que me achacaran de vendepatria, aunque fuera un borracho el que lo hacía, eso sí era culpa mía y de todos los nicaragüenses faltos de patriotismo. Y en verdad por culpa del Tratado Chamorro – Bryan, a los nicaragüenses nos llaman vende patrias.

Autor: Bruno Portuguez. Óleo sobre lienzo 1.50m. x 1.15m, Lima, 2021. El General Augusto C. Sandino flanqueado por Gregorio Sandino (su padre), Tomás Borge Delgado (padre del Comandante Tomás), Ferretti y un periodista en San Rafael del Norte, 1933.

La traición de Moncada

Sandino regresó al país y se integró a la lucha bajo las órdenes de José María Moncada, quien bien pronto demostró su interés en satisfacer sus bajos instintos y sus intereses personales, incluso organizó maniobras para hacerlo caer en una emboscada en la que el héroe debió haber muerto. Moncada traicionó a las fuerzas liberales, se alió con los conservadores y del 3 al 10 de mayo de 1927 participó en capitulación de Tipitapa que culminaron con la firma del Tratado de Espino Negro, ante el enviado del gobierno yanqui Henry L. Stimson.

Moncada también consiguió que los gringos lo aceptaran y lo apoyaran como candidato a la presidencia en las elecciones de 1928. Así anuló al presidente Juan Bautista Sacasa, traicionó la revolución liberal que combatía a los conservadores y a todos los que creían en el patriotismo nicaragüense. Moncada sostuvo que así convenía porque era una absoluta ridiculez, una quijotada, oponerse a la Marina de los Estados Unidos y le habló a su Estado Mayor con estas tristes palabras: “Yo no tengo deseos de inmortalidad, es decir, no quiero ser héroe. No quiero ser un Benjamín Zeledón. Ya estoy viejo y si puedo vivir unos años más, cuanto mejor. Les digo esto en cuanto a la imposición americana, o sea, que yo no iría a una lucha sin ninguna finalidad contra el ejército americano, por lo desastroso que sería para nuestro ejército y para el país en general”.

Un elemento que retrata de cuerpo entero el vergonzoso entreguismo y servilismo del gobierno nicaragüense sometido al poder invasor de los Estados Unidos, es que aceptó que los marines asumieran la organización, ejecución y declaración de resultados de las elecciones presidenciales de 1928, proceso en el que por supuesto fue electo Moncada. Dos de cuatro miembros de los consejos electorales a nivel nacional, departamental y municipal fueron marines quienes presidieron, recibieron y contaron los votos de conformidad con un reglamento que ellos mismos impusieron, además de reservarse la autoridad para decidir sobre cualquier protesta que pudiera surgir. Adolfo Díaz expresó su deseo de que así debía ser siempre en el futuro. ¡Afrenta Nacional!

Es importante resaltar que Adolfo Díaz introdujo en los acuerdos del Espino Negro la iniciativa de la organización de la genocida Guardia Nacional, con el nombre de Constabularia, es decir una guardia civil para supuestamente resguardar el orden interno del país. En realidad, este fue un recurso para proteger a los marines gringos de las protestas de la ciudadanía por las tropelías de todo orden que cometían a su paso, trasladar los costos financieros de la ocupación gringa al gobierno de Nicaragua, y para salvarlos de los ataques sandinistas que cada vez les causaban más daños y bajas. La Guardia Nacional fue el origen del poder tiránico y dictatorial de la dinastía somocista sumisa a los gringos que dominó a Nicaragua por 45 años.

Después de siete años de combates casi sin ayuda, más que la moral, luchando con armas capturadas al enemigo y con granadas de mano hechas con latas de sardina llenas de piedras y piezas de metal, resistiendo a la aviación y al equipo moderno de la marina de los Estados Unidos y de la Guardia Nacional de Nicaragua, la presión internacional a nivel mundial y las contradicciones dentro del gobierno de los Estados Unidos obligaron a las tropas norteamericanas a desocupar el territorio nacional el 1 de enero de 1933, con grandes pérdidas materiales y vidas humanas para ambos bandos, y altos costos políticos, diplomáticos y para los Estados Unidos.

Un elemento importante a destacar en la gesta de Sandino es su comprensión de la necesidad de impulsar, simultáneamente a la lucha militar, un programa para mejorar la situación económica, social y cultural del pueblo. Para ello visionó la organización de cooperativas productivas en el Norte de Nicaragua en los campos minero y agropecuario. A la fecha de su asesinato ya tenía planes adelantados para la prospección minera y para la capacitación de los campesinos y desalzados de su ejército libertario. Este aspecto nos lleva a concluir que su gesta es amplia, completa, auténtica, nacionalista porque considera primero, la construcción de una verdadera soberanía y luego la conquista del bien común del país después de la desocupación militar y el advenimiento de la paz.

Todos estos elementos mencionados son las circunstancias y motivos que impulsaron a Sandino a defender el decoro nacional y a luchar por la redención de los oprimidos.

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