Tiempo para renovar nuestros compromisos Por Omar Aguilar M

Tiempo para renovar nuestros compromisos Por Omar Aguilar M
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A veces me detengo a reflexionar, sobre cuánto aportamos o estamos dispuestos a aportar a la causa por las que decimos que luchamos, por aquello que decimos que defendemos y por lo que nos hace diferentes.

Imaginemos un niño o niña que desea con toda su alma jugar y no tiene con qué jugar, porque sus padres tienen que priorizar la alimentación con lo poco que ganan; aunque la salud pase a un segundo plano, la educación a un tercer plano, la diversión a un cuarto plano y así sucesivamente. Los carros, las muñecas, las pelotas, los juguetes, tendrán que esperar o habrá que construirlos con los retazos o lo que queda de la ropa, de los zapatos viejos, que te niegas a tirar; pero que ya no dan para más. Imaginemos a un pobre que no tiene una silla de ruedas y está postrado en una cama o se arrastra con sus pantalones raídos y sus manos gastadas para pedir aunque sea un poco para comer. Imaginemos una madre desesperada ante el llanto de sus hijos hambrientos, que no tienen la culpa de las injusticias e inequidades del mundo; mientras otros tiramos la comida o despilfarramos el dinero en cosas innecesarias.

Luchamos para cambiar todo eso, para paliar el dolor, para calmar el sufrimiento, para llevar un poco de alegría y hacer que los niños y las niñas sonrían; esa es nuestra causa. Muchos dieron la vida por lograrlo, muchos daríamos la vida hasta lograrlo, muchos estamos empeñados en lograrlo. Pero a veces, nos encontramos con algunos compañeros que aparentemente caminan por el mismo camino que nosotros pero asumen posiciones egoístas, que hablan en demasía; pero actúan con indiferencia.

Entre la teoría expuesta y la teoría en uso o la práctica real hay a veces una enorme brecha. Muchos predican el bien y está bien; pero no hacen el bien, lo cual está mal. Muchos no predican el bien y está mal, pero hacen el bien; lo cual está bien. Hay quienes predican el bien y hacen el bien; lo cual es extraordinario. Hay quienes predican la solidaridad, pero a la hora que se demanda ser solidarios se vuelven egoístas y rácanos. Hay quienes hablan de amor al prójimo, pero ese amor está guardado en lo más recóndito y olvidado de sus corazones. Hay quienes aplauden las buenas obras, pero escoden las manos para hacerlas.

Muchos desearían estar en el lugar que nosotros estamos, tener un trabajo como el que tenemos, contar con las oportunidades con las que contamos. Muchos agradecemos estar donde estamos y somos consecuentes con ello; estamos conscientes de por quién estamos dónde estamos y lo agradecemos, defendemos y respaldamos con nuestra actitud, con nuestras acciones y nuestra disposición permanente a estar donde se nos demande, a ser los primeros en levantar la mano y empuñar las herramientas de trabajo en el barrio, en el parque infantil, en las jornadas de limpieza o a empuñar el fusil para defender nuestras conquistas.

Otros están sin estar, viven por vivir y solo hacen lo justo, aquello por lo que creen que se les paga y a veces ni siquiera eso. Son trabajadores de 8 a 5 y no están dispuestos a dar más, a “sacrificar” un tiempo libre o a contribuir para ayudar a los que necesitan, a despojarse del egoísmo y dar algo de si por los demás, a dar amor por los demás. A veces hasta se molestan cuando se les solicita su apoyo voluntario, cuando se les orienta una tarea porque dicen que no está en sus funciones, cuando se les pide un apoyo antes o después de la hora de trabajo, porque argumentan que no es su hora laboral, que violenta sus derechos. Pero son los primeros en reclamar por reivindicaciones laborales, por mejoras salariales y en solicitar permisos; aunque estos sean en horas laborales. Son privilegiados y lo saben, pero les tiene sin cuidado o les da lo mismo.

Estamos en el camino y vamos caminando, estamos logrando los cambios necesarios, vamos avanzando; pero se necesita tener más firmeza, contar con compañeros dispuestos a acompañarnos en la lucha, que pongan en práctica los principios que nos guían de solidaridad, hermandad, compromiso permanente, disponibilidad total y fidelidad a toda prueba por esta causa y estas conquistas que han costado tanta sangre y que debemos a nuestros héroes y mártires.

Los que no estén dispuestos a abordar el carro de la historia que se bajen, que aborden el carro de la indolencia o caminen por el camino de sus propias contradicciones e inequidades. Necesitamos de compañeros que amen la causa y estén dispuestos a todo por ella, a dar la vida por ella y sin duda hay muchos que si lo estamos. Como dijo nuestro General Sandino, Mientras Nicaragua tenga hijos que la amén, Nicaragua será libre”.

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