Un encuentro con combatientes históricos Por Yorlis Luna Delgado

Un encuentro con combatientes históricos Por Yorlis Luna Delgado
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Hace pocos días tuve el honor de participar en una reunión de combatientes históricos del Frente Sur, en una comunidad de Rivas.

Es tanto que contar que las palabras se escabullen y el corazón se estremece. Pero bueno, es que escabullirse entre la multitud en un encuentro de combatientes históricos en cualquier parte de Nicaragua, es hacer un viaje profundo a las venas abiertas del pueblo de Nicaragua y de Nuestra América. Es que en Nicaragua hasta debajo de las piedras encuentras historia, heroísmo, convicción y fe en que el mundo puede ser mejor y que la sociedad es posible cambiarla con la fuerza de todos. Pero no es solo fe, son experiencias concretas de lucha por la vida y la paz verdadera.

El calor era agotador y el campo se cubría de un color verde intenso. Los niños jugaban libres subiendo y bajando de unos frondosos árboles de tigüilote, sus risas parecían una proclama de aquellos sueños y visiones de los que un día ahí calleron. Es que aquella comunidad campesina y ese campo que ahora era de beisbol para el disfrute y recreación de las familias fue hace 43 años un hospital de campaña para los combatientes del Frente Sur.

Mientras la agenda del evento avanzaba, allá en la periferia se acercó una viejita campesina encorvada, con ropa sencilla, el pelo blanco y las chinelas polvosas. La rudeza de su rostro y la firmeza de su mirada, me hizo pensar “alguna gran histórica ha de ser”. La señora no dijo nada, sólo observó casi sin gestualidad todo el evento, al finalizar mientras todos se abrazaban unas mujeres le insistieron: “andá Teresita, andá, acércate, que vos estás entre las más históricas, vos fuiste de las primeras”.

Al escuchar eso, la ancianita medio giró la mirada y les regaló una tímida sonrisa. Yo la observé y la quise alcanzar, la quería entrevistar, pero me detuve, aquella viejita se fue con su bastón caminando suavemente, con la mirada altiva y en silencio; yo quise respetar su momento. La gente muy heroica, no busca el reconocimiento o relevancia individual, sigue trabajando siempre por el bien común y reconoce “al otro”, “a los otros” y a la colectividad.

Mientras ella avanzaba otros se despedían a pie, subiéndose en sus bicicletas, motos o en las tinas de las camionetas. En cualquier instante se podía escuchar pedacitos de conversaciones así “viste fulano y vos que pensaste que nos íbamos a descansar…”, “es que el imperialismo no nos deja”, “es que aquí todas las familias han puesto su grano de arena.

Mientras lo escuchaba yo sentí-pensé, eso lo que no se entiende muchas veces afuera de Nicaragua. Es que la Revolución en Nicaragua, fue y es popular, fue y desde abajo, fue y es del pueblo. Es hija del sacrificio de la gente humilde que dejo su vida y juventud por ver una Nicaragua diferente a la que encontraron, de la gente que no tiene nada que perder, pero todo que ganar. De las madres de héroes y mártires, de los combatientes históricos, de los liseados de guerra, de la gente común y corriente, de los barrios, comunidades y sectores populares, esos que no los engañan fácilmente porque tienen una memoria fresca, un sentido común y una inteligencia auténtica.

A pesar de los esfuerzos de personajes que usan su pasado revolucionario para confundir y difamar la realidad en Nicaragua, aquellos que se hicieron famosos o notables gracias a la Revolución del pueblo, y que son figuras que desertaron de su conexión con el pueblo y se aliaron a intereses imperiales por su propia ambición personal, pero son los que buscan eco afuera pegándose en el pecho por su pasado sandinista porque hacia adentro realmente nadie les presta atención. Y esto es porque –a como dice el dicho– en los pueblos pequeños los infiernos son grandes, ya que aquí todo el mundo sabe y conoce, quién es quién. La gente los conoce desde hace mucho tiempo.

Lo peor es que muchas veces esa narrativa pro imperialista y egocentrista, recibe el eco de una izquierda neoliberal y acomodada, una izquierda de libros, cafés y confort que van por aquí y por allá buscando edenes revolucionarios y cuando los procesos políticos enfrentan retrocesos y contradicciones propias de las luchas de clases, se rasgan las vestiduras.

Aquellos que en la retórica son hiperradicales, pero ante las exigencias, la rudeza, la complejidad de la práctica por el cambio social no muestran la más mínima capacidad de autocrítica, sacrificio o de voluntad de escuchar la opinión de los sectores que avanzan con fuerza propia, a pie, bicicleta, motos o a como sea, pero en silencio. O al menos acompañar y ser solidarios sin imponer.

Aquellos que con locuacidad dicen tal o cual cosa sobre lo que aquí deberíamos hacer, machucando y transgrediendo lo que es el internacionalismo solidario y olvidando que no hay que buscar ser profetas en tierra ajena sino tratar de resolver sus propios problemas en sus países. Y que además olvidan que este heroico pueblo está lleno de héroes anónimos que conocen el arte de la resistencia, que solo piden y merecen respeto y siguen mostrando con el ejemplo que un mundo mejor si es posible.

Aquí en Nicaragua, vivimos un momento donde no son solo elecciones sino un momento de reinvención de la esperanza desde nuestra realidad, nuestras experiencias e historia. En Nicaragua, las familias siguen aportando granos de arena, sudor, esfuerzo y construcción colectiva para dejar una Nicaragua mejor.

Aquí hay miradas de orgullo entre la gente humilde porque la gente hizo y sigue haciendo lo que es necesario hacer. La gente sabe que la sanación histórica es colectiva y no individual, es trabajando diario y duro por la paz verdadera, que es la vocación del pueblo de Nicaragua.

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