EEUU mantiene gran poder de fuego Por Enric Llopis | Rebelión

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Joe Biden, presidente electo de Estados Unidos en enero de 2021, se estrenó en el cargo con un bombardeo en el este de Siria contra milicianos respaldados por Irán, el 26 de febrero, que se saldó con 22 muertos según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

En mayo Biden autorizó la venta de armamento de precisión a Israel por valor de 735 millones de dólares, pocas fechas antes que el ejército israelí iniciara los bombardeos en Gaza (más de 250 palestinos muertos en dos semanas, 67 de ellos menores).

A primeros de junio el mandatario del Partido Demócrata firmó una orden ejecutiva que ampliaba el número de empresas chinas en las que se prohíben las inversiones estadounidenses, entre otras la tecnológica Huawei. Además, a mediados de abril, la Casa Blanca ordenó nuevas sanciones económicas contra Rusia y la expulsión de una decena de sus diplomáticos. En cuanto a Venezuela, la actual presidencia estadounidense califica al presidente Maduro de “dictador”, reconoce a Juan Guaidó como “presidente interino” y mantiene la “presión” contra el gobierno bolivariano.

Recuperación imperial fallida

El economista argentino Claudio Katz, resume la cuestión de fondo en el artículo titulado La recuperación imperial fallida de Estados Unidos (enero 2021): “El intento estadounidense de recuperar dominio mundial es la principal característica del imperialismo del siglo XXI. Washington pretende retomar esa primacía frente a las adversidades generadas por la globalización y la multilateralidad. Todas sus acciones se cimentan en el uso de la fuerza. Perdió el control de la política internacional que exhibía en el pasado, pero mantiene un gran poder de fuego”.

Claudio Katz es profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA), investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET) e integrante de la red Economistas de Izquierda (EDI). Sus dos últimos libros son Neoliberalismo. Neodesarrollismo. Socialismo (2015) y La Teoría de la Dependencia. 50 años después (2018), que recibió el XII Premio Libertador al Pensamiento Crítico. Los artículos y reflexiones de Katz pueden leerse en el blog https://katz.lahaine.org/

Katz hace referencia al artículo del politólogo Rodrigo Chacón ¿Imperios por doquier? Usos y abusos del concepto de imperio (Foreign Affairs Latinoamérica, 2019): desde el final de la Segunda Guerra mundial, Estados Unidos ha realizado 211 intervenciones militares en 67 países, divide el mundo en cinco comandos regionales, con 700 bases en 150 países y 250 mil soldados estacionados; en el libro Base Nation (2015), el investigador David Vine elevó a 800 la cifra de bases militares estadounidenses por todo el mundo.

“Bajo los sucesivos presidentes, Estados Unidos implementó la demolición de Afganistán (Reagan–Carter), Irak (Bush) y Siria (Obama). Esas masacres implicaron 220 mil muertos en el primer país, 650.000 muertos en el segundo y 250.000 en el tercero. La disgregación social y el resentimiento político generado por esas matanzas desencadenaron, a su vez, atentados suicidas en los países centrales”, explica Claudio Katz (las cifras difieren según las fuentes; el periodista Nicolas J.S. Davies y la activista Medea Benjamin han calculado que cerca de 2,4 millones de iraquíes murieron como consecuencia de la invasión de Irak en 2003; el periodista de investigación y autor del libro Blood on our hands señala también que cerca de 1,2 millones de afganos y paquistaníes murieron tras la invasión de Afganistán en 2001; y aproximadamente 1,5 millones en la guerra de Siria (Consortium News, 2018).

Claudio Katz ha participado en el curso El mundo después de la pandemia, organizado por la Academia de Pensamiento Crítico y la Fundación de investigaciones Marxistas (FIM), con una ponencia titulada ¿Está en declive el imperio liderado por Estados Unidos? El curso se celebra por videoconferencia entre el 10 de mayo y el 16 de junio, y se divide en dos ejes temáticos: Malestar social y Declive imperial.

Gasto militar descomunal

El último informe del Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) apunta que en 2020 el gasto militar de Estados Unidos sumó 778 mil millones de dólares –un 4,4% superior al de 2019– lo que representa el 39% del gasto militar mundial. El centro de investigación explica el incremento –por tercer año consecutivo– del gasto estadounidense por las cuantiosas inversiones en investigación y desarrollo: los proyectos a largo plazo como la modernización del arsenal nuclear y la adquisición de armas a gran escala; la “percepción de amenaza” ante competidores como China y Rusia; y la política de rearme promovida por el expresidente Trump.

El centro de investigación apunta además que las cinco mayores empresas mundiales de armamento en 2019 eran norteamericanas: Lockheed Martin, Boeing, Northrop Grumman, Raytheon y General Dynamics; todas ellas vendieron armamento por un valor conjunto de 166.000 millones de euros anuales. Además el 16 de marzo el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, informó de que los socios europeos de la alianza y Canadá aumentaron en 2020 el gasto militar un 3,9% respecto al año anterior, y “esperemos que la tendencia continúe en 2021”, afirmó (los aliados europeos de la OTAN han incrementado el gasto en defensa por sexto año consecutivo).

Claudio Katz subraya la importancia de las guerras de nuevo tipo: “A través de las guerras híbridas Estados Unidos intenta controlar a sus rivales, sin consumar intervenciones en regla. Combina el cerco económico y la provocación terrorista, con la promoción de conflictos étnicos, religiosos o nacionales en los países diabolizados. Las guerras híbridas incluyen campañas mediáticas más penetrantes que la vieja batería de posguerra contra el comunismo. Con nuevos enemigos (terrorismo, islamistas, narcotráfico), amenazas (estados fallidos) y peligros (expansionismo chino), Washington despliega sus campañas, mediante una extendida red de fundaciones y ONG. También utiliza la guerra de la información en las redes sociales”.

Privatización de las guerras

El economista y docente menciona los ejemplos de las revoluciones de colores –de inspiración occidental– en el ámbito postsoviético y de influencia rusa: la revuelta de las rosas en 2003 en Georgia; de color naranja en 2004 en Ucrania; la llamada revuelta de los tulipanes en Kirguistán, en 2005; o en Bielorrusia, en 2006. En el contexto de las agresiones imperiales en América Latina, la guerra jurídica o lawfare –basada en la persecución judicial y la complicidad mediática– se ha utilizado contra los expresidentes de Brasil, Lula da Silva; o de Argentina, Cristina Fernández, entre otros casos.

Pero la fractura interna es, a juicio de Claudio Katz, una de las dificultades que afronta el gigante norteamericano. De hecho, “Washington ya no embarca en sus incursiones a un ejército de reclutas, ni justifica esas acciones con mensajes de ciega fidelidad a la bandera. Para consumar operativos quirúrgicos opta por un armamento más adecuado y de mayor precisión. Prioriza el impacto mediático y la contención de bajas en sus propias filas. La privatización de la guerra sintetiza esas tendencias”.

En el libro Blackwater. El auge del ejército mercenario más poderoso del mundo (Paidós, 2008), El periodista Jeremy Scahill destaca que menos de una década después que la compañía surgiera, en 1997, en Carolina del Norte, contaba con más de 2.300 soldados privados y desplegados activamente en nueve países, incluido Estados Unidos; así, Blackwater (la actual Academi) se convirtió en la mayor empresa mundial de mercenarios, un icono en la llamada guerra contra el terror iniciada por el expresidente George W. Bush; una muestra de la relevancia del sector es que, a finales de 2006, había en Irak cerca de 100.000 soldados de empresas contratistas privadas, recuerda Jeremy Scahill.

“Esta modalidad de belicismo sin compromiso de la población explica la pérdida de interés general por las acciones imperiales”, subraya Claudio Katz. Un factor añadido son los costes de la guerra. Un estudio de la Universidad de Brown estima que Estados Unidos ha gastado 2,26 billones de dólares en la guerra de Afganistán durante la última década (6,4 billones de dólares desde 2001, en el conjunto de las denominadas guerras contra el terrorismo).

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