El sionismo bajo el signo de la cruz Por Pablo Jofré Leal | Hispantv

El sionismo bajo el signo de la cruz Por Pablo Jofré Leal | Hispantv
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En América Latina hasta hace poco el cristianismo se asociaba, indisolublemente con el catolicismo. La Iglesia católica poseía el monopolio de la religión en esta parte del mundo y la figura del Papa, Cardenales, Obispos y curas representaban un reservorio moral indiscutible.

En la última década, sobre todo, en forma notoria y peligrosa, el sionismo ha penetrado con fuerza, tanto en Estados Unidos como en Latinoamérica, realizando una labor de zapa en las bases religiosas de las iglesias evangélicas, permitiendo así el ascenso político de la ultraderecha política, gobiernos claramente fascistas y caudillismo alentados, apoyados y hasta financiados por esta ideología y su expresión como entidad llamada Israel.

En un interesante trabajo de investigación de los autores Alberto Martínez López y Juantxo Domínguez titulado “Las Iglesias Evangélicas en América Latina: La base religiosa del ascenso de las derechas y del fascismo” (que resulta indispensable a la hora de analizar el poder que se está erigiendo como una peligrosa amenaza a las democracias y la libertad de pensamiento) se nos da a conocer que en la actualidad los evangélicos representan 1 de cada cinco habitantes del continente y en algunos países de América central se están acercando a la mitad de la población y más.

El Sionismo Cristiano

“El tsunami evangélico que recorre toda América Latina, lejos de amainar gana cada día más adeptos a su causa y, a medida que se van celebrando elecciones generales, consigue un mayor número de diputados en los parlamentos”, afirma. Un escenario muy favorable para estos grupos que a través de su credo buscan la imposición de valores fuertemente integrados con las políticas emanadas de Washington y los grandes centros de poder vinculados al sionismo.

El Sionismo Cristiano es un poder político creciente y un movimiento religioso dentro del ala más conservadora del fundamentalismo protestante, pero también puede encontrarse dentro de otras ramas evangélicas del cristianismo, incluyendo las alas evangélicas de la Iglesia Presbiteriana, la Unión Metodista, la Iglesia Luterana y otras Iglesias protestantes. Este movimiento prospera durante períodos de incertidumbre política y económica como ocurre actualmente, caracterizado por el terrorismo internacional, la recesión global y el miedo a la guerra en Oriente Medio. Con su visión pesimista de la historia, el Sionismo Cristiano pretende dar respuestas claras y simples a través de una aproximación literal y predictiva de la Biblia. Algunos estiman que entre 20 y 25 millones de fundamentalistas americanos sostienen estos puntos de vista, y que el fenómeno sigue creciendo.

El cristianismo sionista, que es la vertiente política más fuerte de este mundo evangelista ha explotado en forma masiva, dinámica, fuerte y ofensivamente su enorme poder mediático: dueños de diarios, revistas, radioemisoras, televisoras, redes sociales que aventajan en mucho a las agrupaciones políticas que no cuentan con ese poder financiero ligado al aporte de sus adherentes, de los cristianos sionistas estadounidenses y del régimen israelí, además de los negocios ilícitos en los cuales suelen estar inmersos.

Martínez López y Domínguez nos dicen, además que “la cuestión evangelista tiene también consecuencias geopolíticas con el apoyo a los gobiernos más reaccionarios de la derecha, sobre todo con los Estados Unidos de Trump, el Israel de Netanyahu, la Hungría de Orbán, la Italia de Salvini. Los evangelistas desean fortalecer su alianza con todos esos poderes, y para ello cuentan con el total apoyo de Estados Unidos, donde los evangélicos estadounidenses instruyen a sus contrapartes latinoamericanas sobre cómo coquetear con los partidos e ir alcanzando poco a poco el poder. Hay muy pocos grupos que tengan vínculos externos tan sólidos” y con ese vínculo la relación incestuosa con el sionismo, hijo putativo del imperialismo.

Falso cristianismo

Una retroalimentación que se explica por el apoyo incondicional que el denominado cristianismo sionista le ha proporcionado a Israel, para consolidar su proceso de colonización y ocupación de Palestina, enmascarando su acción bajo dos mitos alentados por este aparente cristianismo. Y hablo de ilusorio cristianismo, pues difícilmente se puede hablar de seguir los fundamentos dejados por Cristo a quien permite el exterminio de otros seres humanos. El primero, defender la idea que los judíos y con ello la idea mítica de un Israel, es un pueblo elegido y que la divinidad les ha prometido una tierra, que es la que actualmente usurpan.

Resulta al menos contradictorio que el cristianismo sionista y en especial las iglesias evangélicas en Latinoamérica alienten esta idea ficticia, que los deja fuera de las preferencias de esta divinidad que inclina sus simpatías hacia un determinado pueblo y que es incluso capaz de obsequiarle, sin exhibir título de propiedad alguna, más allá de las letras escritas por los propios interesados, una tierra que les fue ofrendada sólo a ellos. Por tanto, cristianos de todas las calañas, quedan fuera de la elección divina y más aún quedan sin derecho a posesión. ¿Por qué esta aceptación de un hecho claramente escaso de consideración por el conjunto de feligreses y creyentes en una divinidad que con decisiones como el preferir un pueblo sobre otro y prometerles una tierra por encima de los demás muestra una decisión excluyente?

En base a un interesante trabajo publicado el año 2007 en Information Clearing House por Donald Wagner, profesor de religión y de estudios de Oriente Medio en la North Park University de Chicago y director ejecutivo del Centro de Estudios de Oriente Medio, podemos avanzar en el entendimiento de esta relación pecaminosa entre el cristianismo y el sionismo.

Wagner señala que el sionismo legitimado por las iglesias evangélicas no es un fenómeno nuevo. “Su origen se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, encontrando su nicho de expansión en las elites empresariales y políticas de Estados Unidos, que a su vez hundían esta creencia gracias a obras del sacerdote anglicano Thomas Brightman, que defendía la idea de defensa del «retorno de los judíos a Palestina» para así acelerar el retorno de Cristo”. Tanto Brightman como Henry Finch, quien sostenía que “los judíos deberían recuperar su país, vivir seguros allí y por los tiempos de los tiempos”, son considerados autores protosionistas. Teniendo en cuenta a ambos personajes, Wagner nos sigue ilustrando sobre esta interesante e interesada relación al señalar, que un tal Louis Way, clérigo anglicano enseñó que previo a cualquier retorno del mesías, los judíos debían retornar a Palestina.

En la misma línea, se menciona a John Nelson Darby que a mediados del siglo XIX colocaba a Israel en el centro de su pensamiento teológico. Para Darby un estado judío, al cual llama Israel, era una herramienta fundamental de la voluntad de Dios, para cumplir con la totalidad de sus planes hasta el último día de la vida en la tierra. Con esa idea, Darby, da origen a una forma de fundamentalismo denominado “premilenarismo” que implica la esperanza que Cristo retorne a la tierra antes de la batalla del Armagedón y del comienzo de su reinado de 1000 años en esta tierra. Darby llevó a Estados Unidos sus enseñanzas en visitas destinadas a diseminar este milenarismo y su teología, devenido en base del fundamentalismo cristiano-sionista en el país del norte.

Falsas premisas para atrapar aliados

En Gran Bretaña, un personaje comienza a destacar por llevar adelante la enseñanza de estas visiones teológicas premilenaristas, Lord Shaftesbury, con vínculos muy estrechos con los líderes políticos del Parlamento. Este personaje defendió la idea que los judíos debían ser alentados a regresar a Palestina en gran número. Medio siglo antes que los propios sionistas declarados en el primer congreso sionista celebrado en la ciudad suiza de Basilea, el 31 de agosto del año 1897.

Shaftesbury afirmaba la idea falsaria que “los judíos eran un pueblo sin país para un país sin pueblo”. Una idea que daba sustento no sólo espurio, sino que interesado para que el clero británico, la casta política, los medios de información y hasta la corona se declararan férreos defensores del sionismo. Una afirmación que de tanto repetirse acabo convertida en dogma de fe para los políticos sionistas, invisibilizando así la vida de múltiples generaciones de palestinos en Jaffa, AlQuds, Al-Jalil, Ariha, su vida cotidiana, su labor agrícola que incluso significó considerar a Palestina a fines del siglo XIX y principios del siglo XX como uno d ellos mayores exportadores de naranjas del mundo.

Donald Wagner afirma que “una de las figuras más importantes en el desarrollo del Sionismo Cristiano fue el capellán anglicano de Viena, la capital de Austria, década del 80 del siglo XIX, William Lechner, conocido del líder sionista Theodore Hertz. Helder se enamoró de Herzl y de su proyecto sionista como si se tratara de un proyecto concebido por Dios. Utilizó su vasta gama de contactos políticos para ayudar a Herzl a encontrar sponsors para su proyecto. Le consiguió a Herzl encuentros, por ejemplo, nada menos que con el Sultán Otomano y con el Kaiser alemán. Pero lo decisivo fueron sus contactos con la élite británica. De esa forma llegaron a un político británico que se llamaba Lord Balfour”.

Ese encuentro tendría lamentables repercusiones en el campo geopolítico, para el mundo árabe en particular y el conjunto de Asia occidental en general. El efecto desastroso de esta conjunción entre el sionismo y representantes de la corona británica, a la sazón potencia mundial, se expresarían con la denominada Declaración Balfour de noviembre del año 1917 donde en forma esencial se sostenía que los judíos tenían derecho a un hogar nacional y que Gran Bretaña daría todo su apoyo a esa idea, que además los favorecía como potencia hegemónica. Esa declaración se refiere a la carta que el día 2 de noviembre del año 1917 el secretario de relaciones exteriores inglés, Balfour, envió al multimillonario Lord Rothschild, prometiéndole al movimiento sionista, el establecimiento de un hogar nacional judío en territorio palestino. Esto, a contrapelo de los derechos del pueblo que allí habitaba (aunque la carta mencionara que no se afectarían esos derechos). En carta posterior quedaría clara la verdadera intención del gobierno inglés en beneficio del sionismo.

Esa declaración se une a los acuerdos Sykes-Picot del año 1916, acuerdo político firmado entre Francia e Inglaterra por el cual ambos países definieron repartirse el control del este de Oriente Medio, en el área conocida como levante mediterráneo. Esto, tras el fin del imperio Otomano. Una división que ha persistido hasta hoy en sus líneas generales.

Enquistados en el poder político

Estas bases fundantes del cristianismo-sionista tendrán un desarrollo explosivo, tanto en los Estados Unidos donde constituyen una base social y financiera de enorme importancia para el régimen sionista, que concreta su instalación como ocupante y colonizador en Palestina a partir del año 1948. Base que otorga sostén financiero, apoyo político a través de grupos de presión como es el AIPAC (comité de asuntos públicos estadounidense-israelí por sus siglas en inglés) y que digita y orienta la política exterior de Estados Unidos, sobre todo a partir del año 1967 (tras la guerra de los cinco días de junio) cuando Israel se convierte en el aliado incondicional de Estados Unidos y potencias europeas en la región de Asia Occidental. Una alianza suscitada por la visión que se tenía de la entidad sionista como brazo ejecutor de las políticas hegemónicas occidentales en Asia Occidental y Central.

Sólo en Estados Unidos, el cristianismo sionista cuenta con 80,000 pastores, muchos de ellos telepredicadores con enormes fortunas; más de mil emisoras de radio, 100 canales de TV, 250 distintas organizaciones, con sus publicaciones impresas y virtuales y miles de millones de dólares en donaciones.

La influencia del sionismo, para lograr los apoyos de los grupos evangélicos no tiene freno, utilizando desde las presiones a sus líderes con carpetas sobre su vida personal confeccionadas por el Mossad (servicio de inteligencia exterior) el financiamiento de organismos vinculados al mundo evangélico, apoyo político y financiero a líderes y pastores evangélicos, que suelen ser invitados a la Palestina histórica ocupada con gastos pagados y el disfrute de todas las prebendas, que permite la compra de conciencias y voluntades.

En países como Guatemala, con el cómico y evangélico elegido presidente Jimmy Morales; Honduras con Juan Orlando Hernández; en Brasil con el converso Jair Mesías Bolsonaro, cuya elección presidencial contó con el generoso apoyo financiero de entidades vinculadas al cristianismo sionista cuyo agradecimiento se constató al poco tiempo. Esto, cuando los gobiernos elegidos con el apoyo mencionado comienzan a tomar decisiones tan polémicas como ilegales, tales como trasladar la embajada de sus países desde Tel Aviv a Jerusalén Al-Quds e influir sobre la percepción de sus sociedades sobre la colonización y la ocupación sionista de Palestina.

A lo señalado debemos sumar la toma de posición del sionismo a la hora de apoyar, por ejemplo, a grupos políticos opositores como es el caso de la ultraderecha venezolana; gobiernos vinculados al narcotráfico y el paramilitarismo como el de Iván Duque en Colombia o la ultraderecha paraguaya y ecuatoriana; el Comité parlamentario chileno-israelí entre otros.

Agrupados anualmente bajo la convocatoria de la Fundación de Aliados de Israel, una entidad con acceso a fondos ilimitados, creada el año 2004 en Israel por iniciativa del rabino y político ultrasionista Binyamin Elon, la idea de este grupo de presión “era identificar parlamentarios u hombres de influencia cristianos y evangelistas para orientar la agenda legislativa de varios países a favor de los intereses del Estado de Israel. John Hagee, el fundador de la poderosa organización evangelista Cristianos Unidos por Israel, y Patb Roberston, el pastor estadunidense que llamó a asesinar al antiguo presidente de Venezuela, Hugo Chávez, fueron contactos privilegiados de Elon para tejer esta alianza sionista”.

Cinco siniestros objetivos

Los objetivos de esta Fundación de Aliados de Israel están signados por cinco puntos, que son transversales desde Estados Unidos a Chile, que unifica ideas, líneas discursivas, entrega de opiniones a la prensa, documentos oficiales, incluso la oratoria de los pastores evangélicos ante su feligresía.

Todo es parte de la llamada Hasbara (palabra hebrea derivada del verbo explicar y que habitualmente se utiliza como sinónimo de propaganda; constituye un elemento esencial del lavado de imagen del régimen sionista y de su política de relaciones públicas), que uniforma la ideología sionista dándole una coherencia con idea simples, dirigidas al público llano, especial para ese mundo cristiano-sionista generalmente extraído de las capas más humildes de la sociedad y liderados por aquellos cómplices de un régimen criminal como es el israelí. Estos puntos son:

► Vigilar el presupuesto externo de la Autoridad Palestina. Limitarlo, cercenarlo o simplemente ejercer acciones de chantaje para el logro de sus fines. Esto implica que se haga uso de las restricciones e incluso la negación d ellos fondos que corresponden al pueblo palestino por concepto de ventas de sus productos.

► Actuar para ampliar las fronteras de Israel, más allá de las reconocidas por la ONU. Esto implica comenzar a operar líneas discursivas y acciones en terreno que den “legitimidad” a la ocupación de los Altos del Golán en Siria: La construcción de miles de viviendas en asentamientos poblados por colonos extremistas sionistas en Cisjordania. La ocupación progresiva de Al Quds Este, demolición de viviendas y la expulsión de sus habitantes. Esta labor nos muestra que el sionismo impulsa la violación progresiva de las leyes internacionales y si esto es así los líderes de este cristianismo sionista debe responder, por ejemplo, ante la Corte Penal Internacional.

► Luchar contra la campaña de Boicot, Desinversión, Sanción (BDS) deslegitimando esta herramienta ética y presionar para que parlamentos nacionales la prohíban en su país y se genere, por tanto, una persecución a quienes impulsen esta campaña.

► Influir en las redes diplomáticas para que países reconozcan a Jerusalén como capital de Israel, y trasladen su embajada en dicha ciudad.

► Fortalecer el apoyo de Estados Unidos.

Unido a estos puntos debemos situar el trabajo que se está haciendo respecto a la denominada Ley de Antisemitismo.

Almagro, ficha del sionismo

La Organización de Estados Americanos (OEA), en junio de 2019, impulsada por su secretario general, el uruguayo Luís Almagro, adoptó como suya la definición de antisemitismo, establecida como una especie de guía por la sionista Alianza Internacional para la Recordación del Holocausto (IHRA), la cual afirma: “El antisemitismo es una cierta percepción de los judíos, que puede expresarse como el odio a los judíos. Las manifestaciones físicas y retóricas del antisemitismo se dirigen a las personas judías o no judías y/o a sus bienes, a las instituciones de las comunidades judías y a sus lugares de culto”. Una clara distorsión y manipulación de lo que se entiende por semita y judío, toda vez que en este conflicto de colonización y ocupación de palestina, los únicos semitas son, precisamente, el pueblo palestino.

En Sudamérica, el lobby de Almagro y del sionismo logró que en Uruguay, en las postrimerías del gobierno del frenteamplista Tabaré Vásquez (un mes antes que asumiera el nuevo gobierno de Lacalle Pou), adoptara la definición de antisemitismo de la IHRA cuyo fin es acallar las voces críticas de los crímenes del sionismo.

Su vecino, al otro lado del Rio de la Plata, con el gobierno argentino presidido por Alberto Fernández, que ha tenido un estrecho acercamiento con Israel, también adoptó esta definición publicada en su boletín oficial. Una determinación lograda en base de las enormes presiones de la comunidad sionista en Argentina, que bien sabe cómo coaccionar a los gobiernos de ese país, teniendo control en amplias áreas de los medios de información, centros educativos y en la política, fundamentalmente, donde ejerce su influencia y que a través del apoyo del gobierno de Fernández pretende, tal como dice el documento de gobierno “invitar a los poderes legislativos y judicial, como así también a los 24 distritos del país a adoptar similar medida, así como también a instituciones públicas y privadas.

Creo que, bajo esta ofensiva sionista, que incluye el pago de favores políticos, aplica el chantaje a gobiernos utilizando para ello a Washington, que como su padre putativo eleva el puño contra todo aquel que se opone o amenaza a este régimen criminal. Aquel encuentro y la actual disposición de adoptar la definición de antisemitismo de aquellos que han impuesto un mito fundacional en base a considerarse elegidos y merecedores de una tierra prometida por una divinidad, es parte de una operación de lavado de imagen y de protección de uno de los regímenes más criminales del mundo. Y, al mismo tiempo afianzar la idea y tratar de fundamentar, que la crítica contra la ideología que sustenta dicha entidad israelí –el sionismo– puede ser calificada de una conducta antisemita.

Comprar conciencias y voluntades

La labor de compra de voluntades y conciencia no cesa por parte de Israel, que destina cientos de millones de dólares, distribuidos en organizaciones, movimientos, pago a activistas, entrega de becas, invitaciones a recorrer la palestina histórica ocupada. Crear portales, trabajar, con redes sociales, creación de bot (aféresis de robot, programa informático que puede simular el comportamiento humano dentro de internet, realizando automáticamente tareas repetitivas como enviar mensajes, emails o realizar posteos en redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram, tareas cuya realización por parte de una persona serían casi imposibles o muy tediosas); utilizar a organismos como la fundación sionista Hatzad Hasheni, con personal latinoamericano radicado en la palestina ocupada, que recorre los países de Latinoamérica dando cursos sobre Hasbara, asesoría a las policías militarizadas de gobiernos de derecha en temas denominados “presencia yihadista en América Latina” además de crear filiales que sirven de centros de espionaje y persecución de todos aquellos que son acusados de antijudíos y antisemitas por el régimen israelí.

Hatzad Hasheni –a la cual denuncié por las redes sociales en diciembre de 2016 y publicada en el portal de la Federación Palestina– es una entidad sionista radicada en Israel donde trabajan dos activistas sionistas irredentos: el argentino Gabriel Ben Tasgal y el chileno Gabriel Colodro, quienes nos entregan esta joya del soplonaje del siglo XXI, bajo el nombre de Proyecto Centinela.

Al mejor estilo nacionalsocialista, pero ahora en un marco sionista, entregan instrucciones para que sus seguidores en forma anónima y cobarde delaten a vecinos, periodistas, políticos, todo aquel que a cualquiera le suene a antisemita, antisionista o antijudío en esta mezcolanza que su propaganda goebbeliana nos quiere sumergir. En una rara pero interesada mezcla de denunciar a quienes se oponen al sionismo, meten en un mismo saco la concepción de antisemita y antijudíos, como si todo ello fuese igual a quienes nos declaramos antisionistas. Los llamados a la delación son copias calcadas de los llamados de los jerarcas nazis contra el pueblo judío, contra comunistas, gitanos o cualquiera que fuese enemigo del nazismo.

La labor de activismo, de reclutar activistas, adherentes y apoyos no se detiene. Es parte de los esfuerzos por limpiar la imagen e un régimen que se caracteriza por los crímenes cometidos contra el pueblo palestino, su violación permanente del IV Convenio de Ginebra, de la Carta de las Naciones Unidas, las Resoluciones de su consejo de seguridad que le exigen el retiro de los territorios ocupados, el permitir el retorno de los refugiados, demoler el muro del apartheid, no construir más asentamientos sionistas en Cisjordania, terminar con el bloqueo de gaza, entre otros puntos.

Este trabajo, en el caso de Chile, ha contado con la labor denodada de la nueva embajadora de la entidad sionista, la cientista política de origen argentino y de padres alemanes, Marina Rosenberg quien aparece profusamente en la prensa escrita, televisiva y entrando al debate como ningún otro embajador en esta nación sudamericana, contando para ello con el apoyo de una comunidad sionista bien apertrechada financieramente y parlamentarios que declaran a Israel como su segunda patria, como es el caso del diputado democratacristiano Gabriel Silber.

Congreso de pastores sionistas

En diciembre de 2019 un hecho particular permitió dar cuenta de la intrincada red de relaciones que se ha tejido entre el mundo evangelista y el sionismo. En aquella fecha en la palestina histórica ocupada, que el invasor denomina Israel, se concretó el llamado Primer Congreso de pastores Evangélicos Latinoamericanos, actividad a la que concurrieron 25 referentes evangélicos de gran parte de los países latinoamericanos.

Con todos los gastos pagados, que incluyeron visitas turísticas, encuentro con líderes políticos y parlamentarios, cenas opíparas y alojamiento cinco estrellas, estos líderes religiosos se hicieron presente en tierra santa convocados por el llamado Fondo Nacional Judío Keren Israel (en inglés, Jewish National Fund, JNF, y en hebreo (Keren Kayemeth Liyisrael, KKL), establecido en 1901. Este fondo fue una de varias organizaciones que brindaban ayuda y alentaban la inmigración judía y el asentamiento en tierras en Palestina. Su objetivo principal era evaluar y adquirir tierras que pudieran ser utilizadas para crear asentamientos judíos rurales y desarrollar zonas urbanas.

El Fondo participaba en la recolección de fondos en el exterior y, desde 1920 en adelante, participó de modo regular en los debates de la Agencia Judía en establecer un hogar nacional judío. Más de la mitad de las tierras que adquirieron los judíos antes de la Declaración de Independencia de Israel en mayo de 1948 pertenecía al KKL. En 1920, el KKL trasladó sus oficinas de Europa a Palestina. Algunos de sus agentes de adquisición de tierras eran autónomos, en tanto que otros trabajan de forma independiente para ellos mismos y para organizaciones judías de adquisición de tierras tanto privadas como públicas, como la Compañía de desarrollo territorial de Palestina (Palestine Land Development Company) y la Asociación para la colonización judía (Palestine Jewish Colonization Association).

Después de tanta algazara, vituperios y alabanzas y palmoteos de espaldas vino el momento para el cual fueron convocados. En una declaración conjunta estos líderes evangelistas señalaron que Jerusalén “es, ha sido y será la capital de Israel”, una declaración política profundamente alejada de sus plegarias y ojos entornados al cielo.

Bajo el título de “Declaración de líderes cristianos en favor de Israel” estos pastores representantes de diversas iglesias evangélicas latinoamericanas, reafirmaron en el documento exigido como pago por tanta atención sionista, que “Israel es la nación santa prometida por Elohim nuestro Dios” al mismo tiempo que el profuso verbo que los caracteriza los hizo llevar al papel un documento titulado “Declaración de paz y bendición en favor de Israel”.

En el documento, citado en un artículo publicado en diversos medios, los pastores evangélicos aprovecharon de avalar una de las mentiras del sionismo al sostener que “apreciamos profundamente que en Israel se extienda la libertad de culto para todos los ciudadanos donde la comunidad cristiana está creciendo y sea el único país de Oriente que lo permite”. Bien sabemos la persecución que sufren el pueblo palestino de creencia musulmán al igual que los miles de palestinos de creencia cristiana ortodoxa; mezquitas e iglesias quemadas por igual, imanes y sacerdotes perseguidos sin distingo; creyentes considerados subhumanos.

Indigna postración

Los pastores evangélicos se comprometieron a ser embajadores de la paz y de la imagen de Israel, por lo que ya su misión está teñida de mentiras pues el principal promotor de la violencia en Asia occidental es el sionismo y no se puede ser embajador de un régimen que asesina niños, quema iglesias (la última de las cuales fue el Monasterio de la Iglesia Rumana de Jerusalén el pasado 1 de marzo), tortura a palestinos, los encarcela por miles, bombardea Gaza, construye asentamientos ilegales. Impide el libre desplazamiento de los palestinos por su tierra ¿Qué tipo de embajador se puede ser sino uno ciego, sordo y mudo?

La postración indigna, el sometimiento de estos pastores a las órdenes del sionismo resulta despreciable. Esa conducta es agradecida por el KKL Mundial (Keren Kayemet LeIsrael) a través de su vicepresidente, el sionista argentino Hernán Felman, quien agradeció la labor de vasallaje de estos pastores evangélicos “Israel garantiza su permanencia en el mapa por toda la vida. Un Israel que sigue siendo aún cuestionado y nosotros necesitamos de la amistad de los pueblos. Ustedes queridos pastores han visitado el Estado de Israel, distinto al que conocieron, es el Israel de la historia, es el Israel del futuro”, enfatizó.

La labor del sionismo respecto al exterminio que se ejecuta contra el pueblo palestino debe terminar. Y ello implica hacer visible a aquellos que se han convertido en cómplices de estos crímenes como son las iglesias evangélicas adscritas al concepto de cristianos sionistas. Mientras la entidad sionista israelí perpetra un exterminio contra la población palestina, al mismo tiempo promueve, con absoluta hipocresía y buscando réditos políticos, económicos, diplomáticos y de imagen el que creyentes cristianos se conviertan en sus avales, cómplices, de todos los crímenes cometidos. Una tarea deleznable que los pastores evangélicos ocultan a sus feligreses en función de réditos políticos, económicos, ventajas materiales, todo muy terreno y alejado de sus ampulosos discursos religiosos.

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