La naturaleza política de la rebelión en Colombia Por Fernando Rubio y Fernando Dorado | Rebelión

La naturaleza política de la rebelión en Colombia Por Fernando Rubio y Fernando Dorado | Rebelión
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El Paro indefinido iniciado en Colombia el pasado 28 de abril no cede y al contrario cada día suma nuevos eventos como el de anoche en el Monumento a los héroes en el Norte de Bogotá, y nuevos contingentes populares, como los campesinos del Guayabero y el Guaviare quienes han protagonizado una multitudinaria marcha de más de 10 mil labriegos, acompañados de la Guardia campesina e indígena hasta la ciudad de Villavicencio, donde han realizado varios eventos y preparan acciones más contundentes para exigir respuestas concretas de los gobiernos nacional y departamental en materia de fumigaciones con glifosato a los cultivos de coca, protección ambiental y garantía de los derechos humanos afectados por la acción violenta del militarismo de la Fudra Omega involucrada en el atropello de los pobladores de los municipios de Vistahermosa, Macarena, La Uribe, Mesetas, Cachicamo y San José del Guaviare.

Componentes de la rebelión

Desde distintos enfoques se intenta definir la actual movilización colombiana caracterizándola como una revuelta, una explosión popular, un volcán revolucionario y una revolución anti oligárquica.

Para intentar desentrañar la naturaleza de este alzamiento popular en curso con grandes impactos en la vida de millones de personas, en la estabilidad del gobierno del señor Iván Duque, en los derechos humanos y en la percepción internacional del fenómeno, es pertinente considerar varios elementos.

El primero de ellos es el de la población involucrada en la rebelión, la cual está compuesta por jóvenes de clases medias profesionalizadas, pero en bancarrota, y por millones de personas menores de 25 años en condiciones sociales de mucha precariedad por carecer de empleo y mínimos de educación. Los jóvenes, casi 12 millones de personas, han protagonizado las más vibrantes protestas contra el sistema social que los tiene en la pobreza y miseria absoluta, golpeados, además, por la más cruda violencia de los aparatos armados del gobierno como el Escuadrón Antidisturbios de la Policía/ESMAD, culpable directo del asesinato de más de 50 jóvenes en Cali, Bogotá, Pereira, Ibagué y Popayán.

También en el Paro interviene con mucha fuerza las comunidades indígenas, los camioneros, taxistas, trabajadores y empleados públicos como los educadores asociados en FECODE, el principal sindicato de la CUT.

El siguiente aspecto se refiere a la organización del Paro, que pareciera obedecer a las directrices del Comando Nacional del Paro, espacio en el que convergen varias centrales obreras como la CUT, la CGT y la CTC, y otras organizaciones de corte burocrático como las asociaciones estudiantiles universitarias que dependen del Senador maoísta de derecha Jorge Robledo, de la coalición electoral de la Esperanza que respalda al exgobernador Sergio Fajardo, afín Uribe Vélez. Pero, en el universo del alzamiento popular orbitan otras estructuras con mucha incidencia en el plano local y regional, pues la huelga muestra una fuerte tendencia a la descentralización, la regionalización y la ausencia de jerarquías explicitas.

El otro componente es el del Pliego o los pliegos de peticiones. Si bien hay un documento del Comando del Paro que se hizo público desde el 2019 con varias demandas como la disolución del ESMAD, la renta básica, la gratuidad de la matrícula universitaria, la suspensión de las fumigaciones de la coca, la implementación de los Acuerdos de paz, la eliminación de la Ley 100 de salud, eliminación de peajes en carreteras y políticas de empleo; también han surgido pliegos departamentales referidos a exigencias regionales y locales en materia de empleo, reforma agraria, derechos indígenas, corrupción, derechos de las mujeres y de los jóvenes sin empleo.

La suma de estos factores y el anuncio de una absurda reforma tributaria, empujó la convocatoria de un paro indefinido que en principio se vio como un proceso de manifestaciones espontáneas de rebeldía contra la gestión del gobierno del señor Iván Duque, el vocero de los grupos de derecha y ultraderecha que se articulan alrededor del discurso fascista de Uribe Vélez.

Potencia descomunal

Muchos creyeron que lo del paro indefinido era algo más retórico que real, pero con casi tres semanas de parálisis, el movimiento se sostiene y ha cobrado una descomunal potencia que lo ha llevado a convertirse en una “huelga política general” que presiona por la salida del actual Presidente de la Republica y la formulación de un mecanismo extraordinario que bien podría ser una Constituyente libre y soberana para que tome decisiones trascendentales respecto de la configuración de un nuevo poder político popular que garantice los derechos fundamentales de las mayorías sociales de la nación.

Los políticos del bloque oligárquico del poder maniobran para impedir un viraje radical en Colombia y el señor Duque está implementando una estrategia de “zanahoria y garrote” con diálogos/negociaciones, y sangrientas arremetidas policiales que afectan a los jóvenes, particularmente en Cali, Popayán y Bogotá, focos de la robusta acción juvenil y obrera.

En auxilio de Duque y Uribe hay un protagonismo acentuado del expresidente Cesar Gaviria, artífice de la implantación desde los años 90 del modelo neoliberal en Colombia y del cierre antidemocrático del tradicional Partido liberal oficialista, quien buscando realzar las aspiraciones presidenciales de su hijo Simón Gaviria y ganar espacios en la burocracia ministerial, ha elevado el tono de sus cuestionamientos a Duque para que sea tenido en cuenta, que es lo que ha sucedido en los días recientes, para ser un factor de determinante en la superación de la grave crisis política e institucional que tiene en vilo a la comunidad internacional.

Desde el lado del santísimo también se intenta pescar en rio revuelto ofreciendo las fórmulas desgastadas del fracasado Acuerdo de paz de La Habana para aplacar las aguas.

En realidad, ninguna de estas propuestas, menos el recetario “populista” neo paramilitar de Uribe Vélez, podrá detener el desarrollo y los logros de la “huelga política general” porque la misma tiene un fuerte sustrato en la profunda crisis de legitimidad que carcome el sistema de dominación oligárquica. Huelga que por lo demás golpea de forma contundente la economía y el aparato productivo pues al día se pierden casi 700 mil millones de pesos, en Cali las pérdidas superan los 2 billones de pesos y el puerto de Buenaventura, por donde entran y salen el 80% de las mercancías del país, está prácticamente paralizado porque las navieras tienen la orden de no ingresar allí.

Es lo que no entiende también el senador Gustavo Petro, quien se concentra con bastante ansiedad en la fórmula electoral del 2022, razón por la cual se mueve en una superficie bastante lisa para procurar apoyos enmascarados a Duque con el fin de sustraerlo de las garras de Uribe y encaminarlo por senderos de ecuanimidad y sensatez, según su más reciente invento maquiavélico. Gesto de un miserable oportunismo político reflejo de su limitada y reformista visión acerca de los cambios profundos que demanda la nación colombiana, cansada de la dominación plutocrática de la oligarquía neoliberal de origen conservador, feudal y liberal.

Desde el fondo de la sociedad colombiana están surgiendo nuevos y renovados liderazgos que con la actual huelga van adquiriendo reconocimiento e identidad para que asuman las responsabilidades del momento, como lo vimos el 1 de mayo en Cali y el 16 de mayo en Villavicencio, con la portentosa marcha agraria del Guayabero y el Guaviare, que llegó a la ciudad para notificarle al mundo llanero y colombiano que desde este territorio hay potencia y determinación en el ejercicio de la huelga política para desalojar a la ultraderecha del gobierno.

Un estallido social que descubre la potencialidad popular

Por Fernando Dorado | https://aranandoelcieloyarandolatierra.blogspot.com

En Colombia está en desarrollo un estallido social en donde se combinan toda clase de actores sociales; salen a relucir frustraciones y aspiraciones de diverso tipo que se habían represado en el tiempo; se utilizan formas de lucha históricas y tradicionales y aparecen otras formas de expresión creativas que surgen al calor del momento, y a pesar del miedo acumulado durante décadas de violencia, pareciera estar desatándose un acontecimiento socio-político y cultural de dimensiones históricas. Todo, en medio de la pandemia.

Es interesante identificar las diversas miradas con que se lee este acontecimiento. Cada quien interpreta el hecho con la mirada que ha construido desde antes y, por tanto, a veces es difícil captar lo que está naciendo. Cada quien quiere “vivir” en lo nuevo sin renunciar (“morir”) a lo viejo. Y allí surge un conflicto entre lo que está apareciendo y lo que está muriendo. Entre lo nuevo y lo viejo. Y en ese ejercicio es importante lograr ver cómo lo nuevo se retroalimenta de lo viejo y cómo lo mejor de lo viejo se convierte en lo mejor de lo nuevo. Pero también, puede ocurrir lo contrario y entramos entonces en el “eterno retorno”.

De acuerdo a mi lectura -que puede estar equivocada- nuestro estallido social tiene formas rebeldes y creativas pero su contenido formal es de tipo reivindicativo y reformista. Tiene un trasfondo anti-sistémico, de rebelión anti-patriarcal, de insurgencia juvenil y de género, de incertidumbre por el futuro (crisis ambiental, económica, moral, consumismo, etc.), pero ese trasfondo está allí semioculto, se expresa en formas artísticas, en gestos y señales, pero no se manifiesta como contenido concreto y actuante del estallido social.

Una mirada positiva del momento

A pesar de los asesinatos de jóvenes, de las violencias desatadas y provocadas por el mismo Estado y Gobierno, el estallido social está logrando avances sustanciales que deben valorarse.

No valorar los triunfos que se van logrando, lleva al desespero y a la aventura.

Duque ha tenido que ceder en puntos importantes y va a tener que ceder mucho más, porque ha cometido demasiados errores. Lanzar su aparato represivo contra el pueblo y asesinar tantos jóvenes, ha sido uno de sus más graves yerros.

Ellos, Uribe y Duque, no midieron el apoyo popular y ciudadano que tiene el movimiento y, tampoco, han contemplado el contexto internacional que lo tienen en contra. Biden, ONU, UE, los tienen en la mira.

Duque ha tenido que ceder en aspectos importantes para el momento. Retiró la Reforma Tributaria, renunció a Carrasquilla y la Blum, aprobó -así sea parcialmente- la matrícula cero, y en lo de la reforma de la salud ya le tiró toda la responsabilidad al Congreso.

Y lo más importante, aceptó negociar.

Pueda que su intención sea desgastar y seguir desatando la violencia para generar un caos mayor y provocar a algunos sectores que participan del movimiento de protesta para intentar una salida de fuerza (conmoción interior o golpe de Estado).

Creo, desde mi perspectiva, que eso ya no es posible. No han logrado posicionar la idea de que el estallido social está dirigido por el «castro-chavismo» (o «petro-madurismo») y que hace parte de un complot internacional.

Esa idea solo se la creen ellos.

Y es por ello que las fuerzas democráticas deben ser las mayores defensoras de la precaria institucionalidad existente. Hay que obligar a Duque -en medio de su debilidad y torpeza- a que termine su mandato.

Querer tumbarlo solo sería una torpeza al mejor estilo de Guaidó.

Uno de los aspectos más importantes a resolver en esas negociaciones es la reforma de la Policía y la investigación de los asesinatos realizados por la fuerza pública en este último año.

Para ello se debe conformar una Comisión Especial con participación de la Comunidad Internacional como lo han propuesto una serie de personalidades.

De resto, creo que vamos entrando en una fase de desenlace positivo para nuestro pueblo, en donde un gobierno débil puede ser instrumento para aislar a Uribe y a sus secuaces. Es claro que el ministro de “defensa” Molano y su general Zapateiro deben salir del gobierno.

Qué hacer con los bloqueos

Para seguir avanzando en esta especie de “guerra de posiciones” que el gobierno ha planteado, en donde ha surgido una situación de “dualidad de poder”, los bloqueos de carreteras se van convirtiendo en un problema para la continuidad y fortalecimiento del estallido social.

Se ha venido planteando que esta forma de lucha (bloqueos) puede transformarse sobre la marcha en Asambleas Populares en barrios y comunas, veredas y corregimientos, municipios y departamentos, que tiendan a convertirse en expresiones de “poder popular”.

Dichas asambleas populares pueden desarrollar tareas importantes:

– Integrar a la lucha a nuevos contingentes de la población para realizar en forma periódica masivas concentraciones en las ciudades que mantengan la presión sobre el gobierno sin afectar la movilidad y el abastecimiento de alimentos, medicinas, combustible, etc.

– Constituir organismos populares de carácter “constituyente” o formas iniciales de un “contrapoder” que sea garante del cumplimiento de los acuerdos que se logren en las negociaciones con el gobierno o de los logros que se conquisten sobre la marcha independientemente de la forma como el gobierno las conceda.

– Darle continuidad al estallido social hacia el futuro como expresión organizada del encuentro entre los más diversos sectores que apenas se conocen y que pueden trazarse multiplicidad de acciones sociales, políticas y culturales para materializar los sueños de cambio que han surgido en medio de esta lucha y fiesta popular.

– Proyectar hacia el futuro transformaciones de mayor calado que son necesarias para garantizar que los logros del “paro” nacional no se queden en el papel.

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