Las miserias reales en Jordania Por Thierry Meyssan | Red Voltaire

Las miserias reales en Jordania Por Thierry Meyssan | Red Voltaire
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El golpe de Estado abortado en Jordania no tiene nada que ver con una rivalidad ‎interna en el seno de la familia real, aunque esta ha permitido encontrar un jefe. ‎Se trata de una oposición al cuestionamiento de la normalización de las relaciones ‎entre Israel y los países árabes, impuesta por Donald Trump, y de la reactivación –‎por parte de Joe Biden– de un conflicto que ya tiene tres cuartos de siglo. Washington ‎quiere retomar la “guerra sin fin” en el Gran Medio Oriente.‎

Príncipe descubierto

Todo artículo sobre lo que acaba de suceder está siendo censurado en Jordania por orden del ‎Palacio Real, así que usted, estimado lector, no encontrará en la prensa local explicaciones ‎sobre el golpe de Estado que estaba preparando el príncipe Hamza, medio hermano del rey Abdala.

Todo lo que se sabe es que, el 3 de abril de 2021, el jefe del estado mayor, ‎el general Yussef Huneiti, comunicó cortésmente al príncipe Hamza que lo ponía bajo arresto ‎domiciliario y que se le prohibía todo contacto con la prensa. Pero una grabación de esa ‎conversación llegó a conocerse. En ella se oye al príncipe responder con arrogancia mientras que ‎el militar le señala, cortés pero firmemente, que acaba de traspasar los límites de lo aceptable. ‎Sin embargo, nada se dice en esa grabación sobre el fondo del problema, que dio lugar ‎al arresto de 16 personas en total. Lejos de obedecer, el príncipe Hamza divulgó un video ‎‎donde desmentía todo intento de golpe de Estado y criticaba el liderazgo del rey ‎Abdala.

A la larga, el príncipe Hamza aceptó firmar, en presencia de su tío, el príncipe Hassan ben Talal, ‎un comunicado donde expresa fidelidad a la corona: “Me mantendré fiel al legado de mis ‎ancestros, a Su Majestad el rey así como a su príncipe heredero y me pondré a su disposición ‎para ayudarlos y apoyarlos”.‎‎

El primer ministro adjunto, Ayman Safadi, declaró el 4 abril que se había detectado ‎tempranamente un complot. Según él, los servicios de seguridad habían vigilado “los contactos ‎‎[de los conspiradores] con elementos extranjeros deseosos de desestabilizar la seguridad de ‎Jordania”‎. No se observó ningún movimiento de tropas que confirmara alguna forma de ‎represión contra tal golpe de Estado, supuestamente detectado en su fase preparatoria.‎

La mano saudita

Las personas arrestadas son Bassem Awadallah, Cherif Hassan ben Zaid y varios miembros del ‎entorno de estos dos personajes, muy vinculados ambos al heredero designado del trono de Arabia Saudita, el príncipe Mohamed ‎ben Salman. Bassem Awadallah fue detenido ‎cuando se disponía a huir de Jordania.

Precisamente, una delegación saudita encabezada por el ministro de Exteriores, el príncipe Faisal ‎ben Farhan, llegó después a Amman y exigió la liberación de Bassem Awadallah, quien ostenta la ‎doble ciudadanía jordano-saudita. Según el Washington Post, esa delegación se negó a salir de ‎Jordania sin Awadallah, información desmentida por Arabia Saudita. Poco después, Arabia ‎Saudita publicaba un comunicado de apoyo a la familia reinante en Jordania.‎

Jordania ha mantenido muy estrechas relaciones con Arabia Saudita y con Emiratos Árabes ‎Unidos, que subvencionaban generosamente ese pequeño reino pobre, aportándole ‎‎3,600 millones de dólares desde 2012 hasta 2017. Pero, al mejorar Arabia Saudita y Emiratos ‎Árabes Unidos sus relaciones con Israel, tanto el reino saudita como los emiratos se han alejado ‎de Jordania, lo cual ha afectado duramente la economía jordana, que hoy registra un grave ‎déficit anual.

La prensa internacional se regodea mencionando las condiciones que rodearon la llegada ‎al trono del actual rey Abdala, en detrimento de su medio hermano el príncipe Hamza, a finales ‎de los años 1990. Sin embargo, reducir los acontecimientos actuales a una simple rivalidad ‎o celos en el seno de la familia real jordana no basta para explicar lo sucedido.

Bassem Awadallah está implicado también en la reciente adquisición de tierras palestinas ‎por cuenta de Emiratos Árabes Unidos. Es más bien esa pista la que habría que seguir.

Todo sucede como si Arabia Saudita hubiese planeado derrocar al rey Abdala para poner en ‎aplicación la segunda parte del plan del presidente Donald Trump para el Medio Oriente, antes ‎de que la administración lograra comenzar a ocuparse de la región. El hecho es que el rey ‎Abdala había rechazado las propuestas del consejero y yerno de Trump, Jared Kushner para el ‎llamado “Trato del siglo”.

Conspiración contra Palestina

El rey de Jordania no apoyaba el proyecto de poner en lugar del ‎presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, al ex responsable de la seguridad que ‎asesinó a Yasser Arafat, Mohamed Dahlan, hoy refugiado en Emiratos Árabes Unidos. Después de 15 años sin ningún tipo de consulta ‎democrática, se ha convocado en Palestina una elección legislativa para el 22 de mayo y ‎los jordanos temen que los palestinos salgan masivamente de su patria o que traten de ‎recuperarla, como en 1970, durante el llamado “Septiembre Negro”.

Las opciones ante un conflicto que ya ha durado tres cuartos de siglo son persistir en la defensa ‎de los derechos inalienables del pueblo palestino o admitir que después de 5 derrotas militares ‎‎(en 1948-1949, 1967, 1973, 2008-2009 y en 2014) esos derechos están definitivamente perdidos. ‎Las potencias deseosas de explotar la región alimentan ese conflicto apoyando a los palestinos ‎en el plano jurídico mientras que los privan de la protección de las Naciones Unidas. Israel se ve ‎constantemente condenado en la Asamblea General de la ONU, pero el Consejo de Seguridad ‎nunca toma medidas contra el Estado hebreo. El conflicto se torna aún más complejo en ‎la medida en que el Hamas no lucha contra la colonización israelí –como al-Fatah– sino porque una lectura del Corán estima que los judíos no pueden gobernar una tierra musulmana. ‎Esa división ha llevado a que los palestinos pierdan el apoyo del mundo.

En septiembre de 2020, el presidente estadounidense Donald Trump forzó ‎Israel y Emiratos Árabes Unidos a firmar los Acuerdos de Abraham. Su objetivo era poner fin ‎al conflicto israelo-palestino, que ha sido alimentado desde hace mucho tiempo para ‎bloquear el desarrollo del Medio Oriente. Para algunos, Trump traicionaba los derechos de ‎los palestinos, pero otros estimaban que estaba renunciando a prometerles la luna para ‎ayudarlos por fin a alcanzar algún tipo de desarrollo.

En ese contexto, el presidente Donald Trump y su consejero especial Jared Kushner habían ‎negociado los “Acuerdos de Abraham” entre Israel, por un lado, y Emiratos Árabes Unidos y ‎Bahrein por el lado árabe. Luego normalizaron las relaciones diplomáticas ‎entre Israel y Marruecos y se disponían a generalizar ese proceso en toda la región cuando una ‎elección opaca los sacó del poder.

La administración Biden, por el contrario, ha decidido financiar nuevamente la agencia de ‎la ONU que se encarga de los refugiados palestinos (UNRWA) y contribuir a que la ONU ‎reconozca la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) como forma de presionar a Marruecos ‎y obligarlo a retractarse. Mientras más se alargan los conflictos, más fácilmente puede ‎Washington beneficiarse con ellos. Poco importa lo que piensen sus otros “aliados” y ‎mucho menos los sufrimientos de los pueblos afectados.

Un hombre de negocios israelí que opera desde el Reino Unido, Roy Shaposhnik, ofreció su avión ‎personal al príncipe Hamza para que saliera de Jordania. La agencia jordana de prensa, Petra, ‎observa que Shaposhnik fue capitán en el ejército israelí y afirma que es un agente del Mossad. ‎El propio Shaposhnik desmiente eso y dice ser sólo un amigo del príncipe, afirma que ‎no se mete en política y que sólo quiso ayudar al príncipe y su familia. La empresa de ‎Shaposhnik –Global Mission Support Services– se dedica a la logística en el Medio Oriente y el ‎África anglófona… principalmente a la exfiltracion de personalidades en dificultades.

En un último comunicado, publicado el 6 de abril, el Palacio Real de Jordania asegura que todo fue ‎un error basado en una serie de malas interpretaciones de los servicios de seguridad. Gracias a la ‎‎”mediación” del sabio príncipe Hassan ben Talal, se han restablecido la paz y la confianza ‎después de un “malentendido” familiar.

Pero las 16 personas arrestadas siguen bajo arresto, sigue siendo imposible entrar en contacto con ‎el príncipe Hamza y todo artículo sobre lo sucedido es un “pasaporte” para aterrizar en la cárcel.

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