Los mapuches en la Constituyente de Chile Por Juan Manuel Boccacci y Mario Toer | Diario Página/12

Los mapuches en la Constituyente de Chile Por Juan Manuel Boccacci y Mario Toer | Diario Página/12
Compartir vía:

El movimiento sísmico empezó, literalmente, desde abajo: adolescentes colándose en el subte en forma masiva. Después salió a la luz. El estallido se coronó un 25 de octubre de 2019, día en que tuvo lugar “la marcha más grande de la historia de Chile”, con casi un millón y medio de personas copando las calles de Santiago. La foto emblema de esa fecha muestra a un grupo de personas subidas a la estatua central de la Plaza Italia, devenida Plaza de la Dignidad. En la cima del monumento un joven descamisado ondea una bandera. Pero no es la de Chile. Es la bandera mapuche. En las últimas elecciones, los pueblos originarios se aseguraron 17 de los 155 escaños para la redacción de la nueva Constitución. Reclaman un Estado plurinacional, multicultural y descentralizado. Sostienen una cosmovisión que si llega a la Constitución de Chile, sin duda la convertirá en un texto revolucionario.

“No fueron 30 pesos, sino 30 años”. Esta frase se convirtió en emblema para explicar el Chile álgido de los últimos tiempos. La misma hace referencia al aumento que se había permitido en el boleto del subte, y a los años transcurridos desde la vuelta a la democracia. Sin embargo para los representes de los pueblos indígenas el saqueo viene desde mucho más atrás. “Por primera vez el pueblo se pone en nuestros zapatos. Lo que ellos vivieron en 30 años nosotros lo sufrimos por más de 200 con el Estado de Chile”, señaló Isabel Godoy Monardez, represente del pueblo Colla, a PáginaI12.

Isabel fue una de las tantas que recibió con incredulidad los resultados de la elección del 15 y 17 de mayo. “Teníamos un miedo tremendo de que la derecha lograra sus dos tercios. Ellos siempre han gobernado al país con una minoría”, indicó Godoy Monardez. Pero eso no ocurrió. Los candidatos independientes fueron la gran sorpresa, ya que obtuvieron 48 escaños. Y la lista de la derecha no alcanzó el tercio de asambleístas necesarios para tener poder veto dentro de la Convención. “Fue un cachetazo gigante hacia ellos y para la vieja política de los acuerdos”, señaló la representante del pueblo colla.

Adolfo Millabur es un dirigente histórico del pueblo mapuche que ocupará otra de las plazas en la Convención. “La élite chilena está descolocada. Por primera vez en la historia del país se abrió el debate para discutir el poder”, sostuvo el dirigente. Millabur supo ser el primer alcalde mapuche en el país. Estuvo durante 25 años al frente de la comuna Tiruá, una ciudad costera ubicada 700 km al sur de Santiago. A principios de este año su organización decidió postularlo como candidato y dejó la alcaldía. Adolfo se mostró cauto respecto a cómo se moverán los postulantes independientes una vez puestos a votar. “Muchos candidatos se desafiliaron de sus partidos a última hora para hacerse pasar como independientes. Entonces los dos tercios son para mí una preocupación”, señaló el exalcalde mapuche, en referencia a la mayoría que van a necesitar para aprobar los distintos artículos de la Constitución.

Las cifras de los pueblos originarios

Según el censo de 2017, en Chile existen 2,185,792 personas que se declararon como indígenas. Esto representa un 12.8 por ciento de la población total, que alcanzó los 17,574,003 habitantes. En las duras jornadas de debate que tuvieron lugar a fines del año pasado, el Congreso decidió reservar 17 escaños para las diez etnias reconocidas: Mapuche, Aimara, Rapa Nui, Quechua, Lican Antay o Atacameño, Diaguita, Colla, Kawashkar, Chango y Yagán o Yámana. La repartición de representantes se basó en la densidad poblacional de cada una. Los Mapuche que llegan casi a 1,754,147 personas, recibieron 7 lugares; los Aimara, con 156,754, tuvieron dos; y los demás pueblos un convencional.

Se decidió que los electores habilitados de los pueblos originarios (1,239,295 personas) sólo podrían elegir a sus propios representantes. Finalmente participó un 22.87 por ciento del padrón, es decir 283,384 personas. Ese dato podría leerse como falta de interés, sin embargo Elisa Loncón, candidata mapuche, consideró las dificultades que les puso el gobierno en todo el proceso. “No hubo chance de dar a conocer las propuestas. En los medios de comunicación apenas se nos dio dos segundos por candidato”, sostuvo la dirigente, que fue la cuarta postulante más elegida dentro de su etnia con 11,708 votos. Además destacó que fue una elección importante ya que es la primera vez que el Estado reconoce a sus pueblos. “Somos una de las naciones del mundo que tenemos derecho a determinar nuestro futuro”, indicó la dirigente mapuche y magíster en Lingüística por la Universidad Autónoma Metropolitana de México (UNAM).

Estado Plurinacional

Los candidatos indígenas sostienen que la próxima Carta Magna Chile tiene que reconocer al Estado como Plurinacional, como ya lo hicieron Ecuador y Bolivia. Sin embargo, Loncón sostiene que hay que ir mucho más allá. “Necesitamos que se hable de los derechos colectivos de las naciones originarias: derecho a la autonomía y la autodeterminación, derecho a la tierra y al territorio, a las lenguas y a las culturas, a las identidades. Nada de esto tiene espacio en la Constitución de Pinochet”, sostuvo la líder mapuche.

Históricamente la persecución y el exterminio de los pueblos originarios no tuvo una sola bandera. Primero fue la colonización. Después, los estados nacionales. Las etnias que habitan el actual territorio de Chile fueron perseguidas también en Argentina, Perú y Bolivia. Atravesaron un proceso de asimilación que significó integrarse a una civilización occidentalizada. Ante el despojo, muchos de ellos se vieron obligados a abandonar sus tierras ancestrales. Hoy la población indígena habita mayoritariamente en las ciudades, sin embargo hay pueblos que se mantienen en sus tierras originarias. Alejandra Flores, integrante del pueblo Aimara, al norte del país, fue elegida Convencional como candidata independiente y desde ese lugar representará a su etnia. “Existen muchos pueblos que funcionan con luz a motor, no tienen servicio de agua potable. Las medidas que se toman a nivel nacional no consideran las poblaciones chicas. Por eso es importante la descentralización y que podamos tener una verdadera autonomía”, sostuvo Flores en relación a la lucha que darán en la Convención.

Los sectores indígenas van a pelear por una Constitución que se rija bajo un nuevo paradigma. Millabur sostiene que llegaron para poner en cuestión el modelo etnocéntrico, monocultural y antropocéntrico donde se pone al hombre por delante de todo. “Cuando hablamos de la relación con la naturaleza no nos referimos a protegerla y cuidarla. Al contrario, es la naturaleza la que nos cuida. Sin nosotros ella sería feliz, pero nosotros no podemos vivir sin ella”, sintetizó el dirigente Mapuche. A su vez también señaló que una discusión central será por la restitución de tierras. “El Estado chileno nos despojó de nuestro territorio que hoy está en manos de grandes propietarios y madereras. Eso se tiene que reparar”, sostuvo el exalcalde.

No fue casualidad que la bandera mapuche flameara en la cúspide de la revuelta social. Ante la crisis de representación, los chilenos se identificaron con la rebeldía de los pueblos indígenas. Para Loncón lo que se puso en cuestión es el modelo neoliberal. “Aquí se instaló y aquí tienen que morir”, sostuvo la dirigente. Para ella, las etnias originarias tendrán el desafío de instalar un Estado Plurinacional. “Chile no será más una sola nación, será un conjunto de naciones y cada una con sus derechos”, indicó la militante mapuche.

El protagonismo del pueblo chileno

Por Mario Toer

Con algo más que sorpresa, los medios mundiales han dado cuenta de la categórica derrota de la derecha chilena en las recientes elecciones constituyentes y de autoridades locales. Pero lo que aún no ha sido suficientemente resaltado, es que lo ocurrido puede estar marcando un antes y un después, que trasciende al pueblo trasandino, aún más que la elección de Salvador Allende, poco más de medio siglo atrás.

En aquella ocasión, yo arribaba a Santiago para la asunción presidencial con una humilde representación de la Federación Universitaria Argentina. Iba por tres días, y me quedé tres años, allanamiento de mi casa mediante, a pocas cuadras de la Quinta presidencial en la que residía un tal general Levingston.

En aquella ocasión, el triunfo de la Unidad Popular abría expectativas planetarias sobre la posibilidad de que un curso electoral pudiera abrir un rumbo pacífico a ese futuro que se quería socialista. Sabido es que las limitaciones implícitas, más el complot dirigido por la principal potencia, no se lo permitieron. Lo que quiero ahora resaltar es que los actuales acontecimientos reúnen, con mucho, mayor trascendencia que los de entonces. No pretendo ser exagerado ni antojadizo, Lo que sostengo se sustenta en el hecho de que nunca en el planeta se han elegido a los integrantes de una asamblea constituyente con un grado de legitimidad y apertura de miras como la que habrá de constituirse en algunos días más. Y va a tener lugar, precisamente, en el país que con mayor anticipación sufrió y conoce al modo de dominación del neoliberalismo, impuesto a sangre y fuego el 11 de septiembre de 1973.

El protagonismo del pueblo que ha elegido constituyentes, días atrás, no podría ser mayor, en particular, por la amplitud y la variedad de sus luchas. No hay temas que les sean ajenos ni sector de la sociedad que haya quedado marginado. Desde un inicio, la paridad de género y la bancada reservada a pueblos originarios anticipan, en buena medida, el rumbo a recorrer. Las facilidades otorgadas a las candidaturas “independientes” deja en claro que nadie ha quedado afuera, y la magnitud electa de esta manera no supone apoliticismo ni neutralidades, más bien todo lo contrario.

La sólida bancada de la alianza entre el Frente Amplio y el Partido Comunista otorga claras garantías de acuerdos con buena parte de los “independientes” y “originarios”, cosa que permitirá que prime una definida voluntad popular, de avanzada, en prácticamente todos los temas. Esta alianza, sobre la que muchos eran escépticos un par de años atrás, pone en evidencia la sabiduría de quienes la postularon y el sitio en que se asienta, confirmada por las amplias ventajas obtenidas en las elecciones de concejales alcaldes y gobernadores. También anticipa las inesperadas posibilidades de disputar la presidencia de la república. Finalmente, podemos decir, que la supuesta concesión a la derecha para aprobar la convocatoria, en la que ésta cifraba sus esperanzas continuistas, los dos tercios para la aprobación de resoluciones, quedó muy lejos de lo que esperaron, como, sin reparos, lo ha debido reconocer el propio Piñera. En otras palabras, no sólo los números hablan con elocuencia de la índole de las posturas que habrán de ganar consenso, sino que también resultan más que claras las bondades de la concepción y la práctica política de quienes fueron principales protagonistas en abrir el camino y señalar el rumbo a seguir.

Todo permite sostener que el escenario político que se instala en Chile adquiere una riqueza y enjundia sin precedentes, y hace imposible que su trascendencia no resuene en todas las latitudes. La palabra, asociada a las necesidades y los derechos, habrá de explorar sin restricciones el escenario que pretende habitar el pueblo chileno. Será un eco de sus propias luchas y de las de los demás pueblos que ambicionan un mundo mejor, tomando distancia de la lógica fusilera que se impuso en el pasado. Esta asociación profunda con las expectativas populares ha de ser el sustento que le dé fortaleza y legitimidad a esta experiencia, lejos de las ambiciones y mezquindades que han empantanado otros capítulos esperanzadores.

Ahora bien, si aún muchos escribas y comentaristas se han quedado cortos en el análisis de lo ocurrido, pretendiendo que es poco más que una extravagancia de un pueblo lejano, entre cordilleras y poetas, es bueno que nosotros nos hagamos cargo, y sepamos también, cómo lo sabe por propia experiencia ese pueblo, que hay mucho por recorrer, que a los observadores de la primera potencia, como hace más de medio siglo, no se le escapan los detalles y ya han salido a advertir sobre la celada concebida por los comunistas con la que se pretende “entrampar” a los chilenos. Es curioso, algo parecido se dice en el Perú, Colombia, y hace pocos días resonaba, incluso, en Madrid. ¿Será que el viejo fantasma sigue de recorrida, queriendo hacer de las suyas? Puede que sí. Lo que es seguro es que tenemos nuevas cosas que aprender, nuevas cosas que resguardar, y más motivos para preservar la salud, como lo reclama nuestro himno, en momentos de un nuevo cumpleaños patrio.

Compartir vía:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *