Occidente se queda sin cartas Por Oleg Ladogin | Instituto de Estrategia Rusa

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La semana pasada se celebraron las cumbres del G7 y de la OTAN, y el resultado de estos eventos proporciona una evaluación cualitativa del estado actual de la alianza de los países del Occidente globalizado.

La cumbre del G7 se celebró en Alemania del 26 al 28 de junio, en el remoto castillo de Elmau, para dificultar que los manifestantes la obstruyeran. Alemania, EEUU, Reino Unido, Italia, Canadá, Francia y Japón tuvieron que mostrar su unidad en el contexto de las acciones de Rusia en Ucrania.

Aunque la cumbre del G7 siempre ha sido una reunión formal de los principales países occidentales, los medios de comunicación tenían grandes esperanzas puestas en ella esta vez, puesto que todas las decisiones anteriores no habían afectado a las políticas de Rusia y muchos esperaban una acción decisiva por parte del G7.

Un corresponsal de la televisión pública alemana DW, comentando la cumbre, mencionó un artículo del periódico alemán Süddeutsche Zeitung (Diario de Alemania del Sur), que decía que “la cumbre tiene la oportunidad de convertirse en histórica o pasar a la historia” y, efectivamente, los países del G7 no pudieron demostrar la unidad esperada.

La propuesta de Estados Unidos de imponer sanciones a la venta de oro ruso no fue apoyada por Alemania, Francia e Italia, alegando la necesidad de coordinar la cuestión con otros países de la UE.

Las negociaciones sobre la posible introducción de un techo en los precios del petróleo ruso tampoco llegaron a un resultado concreto. El documento final de la cumbre sólo dice que el G7 tiene la intención de seguir trabajando en estas direcciones.

G7 condenado a fracasar

La revista “Politico”, estrechamente vinculada al Partido Demócrata en el poder, publicó un artículo con el revelador titular “El G7 está condenado a fracasar en todos los frentes”, desde el clima y Ucrania hasta el hambre y la inflación que se avecinan.

Dado que la cumbre estaba originalmente planeada para centrarse en el cambio climático, este artículo comienza con la agenda climática e inmediatamente afirma que el G7 ha fracasado estrepitosamente al hablar de volver por completo a los combustibles fósiles.

El siguiente tema fue Ucrania y el artículo afirma que el G7 es incapaz de detener los combates. Además, el primer ministro británico, Boris Johnson, advirtió al presidente francés, Emmanuel Macron, que no es el momento de pensar en resolver la guerra por la vía diplomática.

Recuerdo que la víspera de la cumbre los jefes de Estado de Estados Unidos y Alemania pidieron una solución diplomática al conflicto de Ucrania.

El artículo de “Politico” menciona que el presidente ucraniano, Volodymyr Zelenski, instó al G7 a ayudar a Ucrania con armas y dijo que el conflicto debe terminar este invierno. El documento final del G7 habla de un apoyo indefinido a Ucrania, pero sin ninguna concreción.

En la conferencia de prensa final, el canciller alemán Olaf Scholz dijo que los países del G7 sólo estaban discutiendo las garantías de seguridad para Ucrania. Un poco más tarde, se le preguntó a Scholz si podía ser más específico sobre las garantías para Ucrania. “Sí, podría”, –bromeó Scholz– “eso es todo”, fue la respuesta del canciller alemán a la candente cuestión ucraniana.

Los países del G7 han adoptado un plan de infraestructuras de 600,000 millones de dólares para sentar las bases de la energía verde en África, América Latina y Asia. Nadie oculta que este proyecto se ha creado para competir con el proyecto chino “One Belt, One Road” (Un cinturón, una ruta).

Los jefes de Estado de Sudáfrica, India, Indonesia, Argentina y Senegal, actual presidente de la Unión Africana, han sido especialmente invitados a la cumbre del G7. No es difícil adivinar que el G7 quería que estos países se pusieran de su lado para oponerse a Rusia, pero no hubo declaraciones de condena de estos países.

A principios de junio, la CNN calificó de victoria diplomática la visita a Moscú del presidente de Senegal, Macky Sall, pues la imagen del aislamiento político de Rusia por el conflicto de Ucrania no cuadra. Desde la imposición de las sanciones, India se ha convertido en uno de los principales compradores de petróleo ruso. Además, recientemente se ha conocido el deseo de Argentina de unirse a los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).

Un experto alemán en política exterior, en una entrevista con DW, dijo que con el ejemplo del G7 se puede observar la limitada influencia de los países occidentales en el resto del mundo, que ante nuestros ojos se está convirtiendo no en unipolar, ni siquiera en bipolar, sino en multipolar y, sobre todo, esto es una consecuencia del fin de la hegemonía estadounidense.

El columnista de la revista alemana Welt (Mundo) opina que del BRICS está surgiendo un verdadero bloque antioccidental, al que se suman otros países. Entre el 29 y el 30 de junio se celebró en Madrid una cumbre de la OTAN que también debía mostrar la consolidación de los países de la alianza frente a Rusia. Como escribió Welt, Alemania y Francia iban a insistir en la cumbre de la OTAN en mantener el Acta Fundacional OTAN-Rusia de 1997.

Muchas dudas de Occidente

A diferencia del antiguo documento, el nuevo Concepto Estratégico 2030 de la OTAN, adoptado en esta cumbre, reconoce a Rusia no como un socio sino como la principal amenaza para la alianza. Está previsto que en un futuro próximo la OTAN aumente a 300,000 el número de fuerzas de alta disponibilidad en su flanco oriental. Cabe señalar que no se trata de nuevos soldados, sino de aumentar la capacidad de movilización de las unidades existentes de los miembros de la alianza.

A pesar de todo, Olaf Scholz, respondiendo a la pregunta del periodista, subrayó que el Acta Fundacional de la OTAN-Rusia de 1997 sigue vigente. Al mismo tiempo, el ministro polaco de Asuntos Exteriores, Zbigniew Rau, declaró que Polonia cree que el Acta Fundacional de la OTAN-Rusia ha dejado de existir, y las decisiones anunciadas en la cumbre de la OTAN sobre la ampliación de la presencia de la alianza en el flanco oriental fueron una confirmación de ello.

El intríngulis de la cumbre de la OTAN fue la decisión de admitir a Suecia y Finlandia en la alianza, impedida durante un tiempo por Turquía, que impuso condiciones de principio para rechazar el apoyo a los separatistas kurdos por parte de los gobiernos de estos dos países escandinavos. En la cumbre se anunció públicamente que se habían eliminado todos los obstáculos para el ingreso en la OTAN de Suecia y Finlandia.

Sin embargo, al día siguiente de la cumbre, el presidente turco Tayyip Erdogan declaró: “Sin la aprobación de nuestro parlamento, esta obra no saldrá adelante de todos modos. No hay necesidad de hacer un escándalo. Suecia y Finlandia no son actualmente miembros de la OTAN. Esto debe saberse de una vez por todas”. Por ello, Turquía sigue esperando que Suecia y Finlandia cumplan ciertas condiciones.

En cuanto a la cuestión de Ucrania, el jefe de la OTAN, el noruego Jens Stoltenberg, ha declarado su pleno apoyo, pero nadie ha hablado públicamente de ninguna de las garantías de seguridad que pidió Zelensky cuando se dirigió a la cumbre de la OTAN.

La OTAN sólo está ayudando a Ucrania con equipos no letales, mientras que al mismo tiempo hay planes para transferir a Ucrania a los estándares de la OTAN, explicó Stoltenberg; son los países miembros de la OTAN los que por su cuenta prestan asistencia armamentística a Ucrania. En ese sentido, el jefe de la OTAN se congratuló por el aumento de la ayuda militar a Ucrania en unos 1,000 millones de dólares, anunciado la víspera por el presidente estadounidense Joe Biden.

El propio Biden volvió a hacer la advertencia durante su discurso en la cumbre de la OTAN: “Estaremos con los ucranianos para asegurarnos de que los ucranianos no les ganan (¡!). Es decir, que los rusos no los derrotarán”. La advertencia no es casual.

Como informó la CNN, la Casa Blanca duda de que Ucrania sea capaz de recuperar los territorios perdidos y, basándose en esta realidad, está tratando de determinar qué es lo que se puede hacer pasar por una victoria para Ucrania. El jefe del Departamento de Estado de EEUU, Anthony Blinken, ya está tratando de hacer pasar como una victoria el hecho de que Kiev no haya sido tomada por las tropas rusas.

La revista “Politico” informó de que la delegación parlamentaria estadounidense, que estuvo presidida por el miembro de la Cámara de Representantes Gerry Connolly, se encontró con el inesperado activismo de los diplomáticos de otros países en la cumbre de la OTAN por la decisión del Tribunal Supremo de EEUU de prohibir el aborto, y muchos de ellos expresaron su preocupación.

Halcones, palomas y avestruces

A Connolly le preocupa que el giro en la política estadounidense pueda socavar la credibilidad de Estados Unidos y reforzar la opinión entre los socios de la OTAN de que no se puede confiar en sus valores declarados para el siglo XXI. “Todas las seguridades de que ‘hemos vuelto’ y ‘no hay que mirar por encima del hombro de los últimos cuatro años’ están algo diluidas”, dijo Connolly. “Esto socava la credibilidad de nuestro sistema. Es un gran problema cuando se supone que estamos ayudando a liderar una alianza militar para enfrentarnos a los ‘grandes rusos malvados'”.

Naturalmente, todo este tema de las sentencias conservadoras del Tribunal Supremo de Estados Unidos se enmarca en el contexto de la posible reelección de Donald Trump en 2024, quien tuvo una actitud negativa hacia la OTAN y, en caso de cambio de la cabeza de la Casa Blanca, todos los acuerdos anteriores podrían irse por el desagüe.

El periódico británico The Sunday Times informó de que la OTAN se ha dividido en tres partes en total:

“Los halcones” que no sólo quieren que Ucrania recupere todos sus territorios perdidos, sino también derrotar seriamente a Rusia para que no pueda amenazar a sus vecinos en el futuro.

“Las palomas”, que están a favor de la paz en Ucrania y aceptarían la retirada de las tropas rusas a las líneas que existían antes del 24 de febrero, con el reconocimiento de facto de Crimea como rusa y la independencia de las dos repúblicas populares. “Un acuerdo así sería injusto, pero es práctico”, dijo un funcionario de un país escandinavo.

“Los avestruces”, que simplemente quieren que el problema ucraniano desaparezca. Especialmente los países del sur de Europa, dicen “las cosas correctas” y apoyan los comunicados colectivos, pero se inclinan por las “palomas”, aunque esencialmente caminan por la línea de menor resistencia.

The Sunday Times señala que en la OTAN no se ha decidido desplegar tropas terrestres para participar en las hostilidades, por el riesgo de desencadenar una escalada catastrófica con Rusia. Sin embargo, se discutió explícitamente la idea de estacionar pequeños contingentes de la OTAN en ciudades del oeste de Ucrania, lejos de las líneas del frente, para contrarrestar los ataques de misiles rusos, pero estas propuestas se abandonaron rápidamente por falta de consenso.

Para resumir el resultado de estas cumbres, Occidente se encuentra ahora en una posición pasiva, que sólo responde a las acciones de Rusia. Según el semanario Der Spiegel (El Espejo) de Alemania, los países occidentales han estado desarrollando sanciones contra Rusia desde noviembre de 2021 y por eso se impusieron tan rápidamente. Sin embargo, el potencial de las sanciones está agotado y aun así, no han tenido ningún efecto en la política de Rusia.

El fracaso estrepitoso de las sanciones

A Occidente le resulta cada vez más difícil formar “paquetes de sanciones”, ya que su efecto negativo les afecta cada vez más, mientras que Rusia tiene margen de maniobra. Por ejemplo, el presidente ruso firmó un decreto por el que se transferían los activos del operador de Sajalín-2 al Estado, dando así a la anglo-holandesa Shell y a las japonesas Mitsui & Co y Mitsubishi la opción de violar las sanciones o retirarse del proyecto de gas.

En marzo, el presidente estadounidense pidió que se excluyera a Rusia del G20, pero fue ignorado por el país anfitrión, Indonesia. Vladimir Putin recibió una oferta para asistir al G20.

El presidente de Indonesia, Joko Widodo, fue el primer dirigente extranjero que visitó Moscú desde el inicio de la Operación Especial en Ucrania. No se fue con las manos vacías. Se ha sabido que la inversión de Rosneft (gigante petrolero de Rusia, propiedad del Estado) en la construcción de una refinería de petróleo en Indonesia, podría ascender a 13,000 millones de dólares y que Russian Railways (Ferrocarriles de Rusia, estatal) construirá una línea ferroviaria de 190 kilómetros de longitud.

Esto confirma una vez más que el tiempo de la hegemonía estadounidense ha pasado y que Estados Unidos tendrá que ajustarse a la realidad actual; no habrá vuelta a un mundo unipolar.

El concepto de “transición verde” propuesto por los países occidentales, que debía situar a los países en desarrollo en una posición subordinada, ha demostrado su incoherencia. Los propios europeos están aumentando la generación de carbón, que deberían haber abandonado.

Durante las cumbres del G7 y de la OTAN, se suponía que Occidente debía mostrar al mundo su posición consolidada y mostrar firmeza frente a Rusia. Sin embargo, esto no ocurrió: se limitó a la retórica pública y no a la acción concreta. Detrás de la fachada verbal de la unidad de Occidente, ha aflorado la falta de voluntad del “mundo civilizado” para asumir los costes de decisiones poco meditadas en principio.

Incluso en la alianza político-militar de la OTAN hay una división, aunque a los políticos y a los medios de comunicación se les ha hecho creer que Occidente se enfrenta a una amenaza existencial para su “orden basado en reglas” y que, por tanto, no puede apartarse del camino de la confrontación con Rusia. En realidad, tras darse cuenta de que Ucrania no puede ganar, la OTAN se adhiere ahora a un escenario de inercia.

Estados Unidos no puede permitir que Ucrania sea derrotada antes de las elecciones al Congreso de noviembre y, por tanto, está enviando una ayuda militar limitada para evitar que el conflicto con Rusia se agrave. Como es habitual, ningún funcionario estadounidense menciona el “préstamo-despacho” a Ucrania.

Por supuesto, a los “halcones” de Occidente les gustaría exprimir todo el potencial militar de Ucrania, pero incluso Zelensky ha explicado que sólo durará hasta el invierno de este año.

Por ello, los medios de comunicación occidentales ya están preparando a su público para el hecho de que todavía tendrá que negociar acuerdos de paz con Rusia sobre Ucrania, mientras que Rusia debería mostrar más paciencia y persistencia en la consecución de los objetivos de la Operación Militar Especial, para luego construir una nueva arquitectura de seguridad europea desde una posición más sólida.

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