Un gasoducto, 30 vasallos y la guerra en Ucrania Por Daniel Miguel López Rodríguez (*) | Posmodernia. Edición Córdoba, España

Un gasoducto, 30 vasallos y la guerra en Ucrania Por Daniel Miguel López Rodríguez (*) | Posmodernia. Edición Córdoba, España
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El autor es filósofo español, residente en Huelva.

El subsuelo ucraniano contiene una red de gaseoductos por donde pasa parte del suministro ruso hacia Europa. Entre 2004 y 2005 el 80% del gas ruso que iba destinado a Europa pasaba por el subsuelo ucraniano. Cuando Gazprom (el gigante energético estatal ruso) le cortó el suministro en enero de 2006 y en enero de 2009 a los ucranianos, éstos se apropiaron del gas con destino a Europa, lo que supuso grandes pérdidas para estos países muy dependientes del gas ruso, y a su vez desprestigió mucho a Rusia como suministrador.

A fin de evitar este tránsito ucraniano, los rusos decidieron hacer dos nuevos gaseoductos. Desde Gazprom se dijo que unir un gaseoducto directamente con Alemania sin necesidad de pasar por países de tránsito evitaría el corte de las exportaciones de gas ruso a Europa occidental, como ya había ocurrido dos veces. Así nació el proyecto Nord Stream (corriente del norte), un gaseoducto que uniría Rusia con Europa (directamente con Alemania a través del Mar Báltico) sin necesidad de pasar por Ucrania o Bielorrusia.

Ya en abril de 2006 el ministro de Defensa de Polonia, Radek Sikorski, comparó los acuerdos en construir un gaseoducto con el pacto germano-soviético de no agresión, el pacto Ribbentrop-Molotov firmado la madrugada del 24 de agosto de 1939, porque Polonia es particularmente sensible a los acuerdos que se hacen por encima de su cabeza. Todo pacto que hagan Rusia y Alemania recordará a esto y se demonizará (así de simplona es la propaganda, pero es igualmente efectiva no por mérito de los propagandistas sino por demérito del ignaro vulgo que es lo que abunda).

El ministro de Defensa de Suecia, Mikael Odenberg, señaló al proyecto como un peligro para la política de seguridad de Suecia, pues con motivo del gaseoducto pasando por el Báltico esto motivaría la presencia de la Armada Rusa en la zona económica correspondiente a Suecia, lo que los rusos aprovecharían para beneficiar a su inteligencia militar. De hecho Putin justificaría la presencia de la Armada Rusa para garantizar la seguridad ecológica.

El infierno siempre son los otros

El semanario alemán Stern especuló con que el cable de fibra óptica y las estaciones repetidoras a lo largo del gaseoducto podrían utilizarse para el espionaje ruso, pero Nord Stream AG (la constructora del gaseoducto) respondió sosteniendo que un cable de control de fibra óptica no era necesario y ni siquiera se había planificado. El vicepresidente de la Junta Directiva de Gazprom, Alexander Medvedev, le quita peso al asunto señalando que «se presentan algunas objeciones que son irrisorias: políticas, militares o relacionadas con el espionaje. Eso es realmente sorprendente porque en el mundo moderno es ridículo decir que un gasoducto es un arma en una guerra de espionaje». Allí donde estén los rusos siempre se teme que haya espías (no hay la misma suspicacia con los yanquis, pese a las revelaciones de Edward Snowden: el infierno siempre son los otros).

La rockefelleriana Greenpeace también se quejaría sobre la construcción del gaseoducto, ya que éste atravesaría varias zonas catalogadas como áreas de conservación marina.

El 13 de junio de 2007, ante las preocupaciones ecológicas, saldría el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, afirmando que «Rusia respeta plenamente el deseo de proporcionar el 100 % de sostenibilidad ambiental del proyecto y apoya plenamente dicho enfoque, y todas las preocupaciones ambientales se abordarán en el proceso de evaluación de impacto ambiental».

El gaseoducto sería inaugurado el 8 de noviembre de 2011 en una ceremonia celebrada en el municipio de Lubmin (Mecklemburgo-Pomerania Occidental) por la canciller Angela Merkel y el presidente ruso Dmitri Medvedev; también estaban el primer ministro francés François Fillon y el primer ministro holandés Mark Rutte.

También se proyectó construir el South Stream, un gaseoducto que iba a pasar de Rusia a Bulgaria a través del Mar Negro, llegando a Grecia e Italia. Pero finalmente fue cancelado por el Blue Stream, que lleva gas natural desde el sur de Rusia a Turquía pasando por el Mar Negro. Gracias a este gaseoducto Turquía es el segundo importador de gas ruso, sólo superado por Alemania.

Rodillas sangrantes de Alemania

Mientras que Alemania pudo llevar a cabo el proyecto Nord Stream 1, Grecia e Italia vieron descartado su proyecto South Stream. Esto es señal de quién tiene más poder en la pretenciosa Unión Europea. Pero el Nord Stream 2 no ha podido llegar tan lejos y –como vamos a ver– los germanos se han arrodillado ante los dictámenes de los estadounidenses.

El Nord Stream 1 está compuesto por dos gaseoductos que van de Vyborg (al noroeste de Rusia) a Greifswald (al noreste de Alemania). Posee la capacidad de transportar 55.000 millones de metros cúbicos por año, aunque en 2021 fue capaz de transportar 59.200 millones de metros cúbicos. Se trata del gaseoducto por el que pasa el mayor volumen de gas hacia la UE.

Las obras del gaseoducto Nord Stream 2 se prolongaron de 2018 a 2021, y se estima que el material del mismo puede durar unos 50 años. El gaseoducto parte de la estación compresora Slavyanskaya, cerca del puerto de Ust-Luga (en el distrito Kingiseppsky del Óblast de Leningrado) hasta Greifswald (Pomeria Occidental). En 2019 la empresa suiza Allsea, encargada de colocar el gaseoducto, abandonaría el proyecto y Gazprom tuvo que terminarlo por su cuenta. La primera línea se completó en junio de 2021 y la segunda lo haría en septiembre. Se pensaba abrir a mediados de 2022, con lo que se pretendía duplicar el gas transportado llegando a 110.000 millones de metros cúbicos por año. Además de Gazprom, los socios para construir el Nord Stream 2 han sido Uniper, Wintershall, OMV, Engie y Shell plc.

El gobierno alemán aprobó el proyecto en marzo de 2018, a fin de alejar a Alemania de la energía nuclear y del carbón (es decir, por motivos ecologistas, siempre tan sensibles en Alemania, ya desde tiempos no particularmente democráticos). Los costes del gaseoducto se estiman en 9,9 mil millones de euros: 4,75 mil millones los puso Gazprom y el resto sus socios.

Con el Nord Stream 2 se hubiesen venido a completar las líneas tercera y cuarta (respecto a la primera y la segunda del Nord Stream 1). Por el Báltico Nord Stream 1 y 2 básicamente siguen la misma ruta. Ambos gaseoductos toman su gas de campos de la península de Yamal y de las bahías de Ob y Taz. Con los dos gaseoductos (con cuatro líneas en total) Alemania suministraría gas ruso a otros países, lo que sin duda mejoraría la situación del mercado europeo, superándose la crisis energética. Los alemanes llegaron a alegar que el Nord Stream 2 sería más rentable que las entregas terrestres por Europa del Este. Rusia ha suministrado el 35,4% del gas que llega a Alemania (y con el Nord Stream 2 hubiese duplicado la cantidad) y el 34% del petróleo.

Los principales oponentes del Nord Stream 2 han sido los países bálticos, República Checa, Eslovaquia, Hungría (¿?), Rumanía, Croacia, Moldavia y principalmente Polonia y Ucrania; todos ellos respaldados por la Comisión Europea y el mandamás Estados Unidos. Estos países se opusieron al Nord Stream 2 porque un gaseoducto directo con Alemania podría suponer la paralización del suministro de energía hacia los mismos, así como privarlos de lucrativas tarifas de tránsito.

Cronología de la política EEUU contra Nord Stream 2

Las quejas de Estados Unidos contra el gaseoducto no son exclusivas de la Administración Biden (que recibió presiones de sus propios compañeros demócratas para que adoptase una línea dura contra Rusia, de ahí que llamase a Putin «asesino»; como si la Administración Obama de la que él fue vicepresidente no hubiese cometido innumerables crímenes de guerra, mucho más que los que haya podido cometer Rusia: pero el primer presidente afroamericano es un demonio que «no huele a azufre»). Ya con Obama empezaron las protestas cuando el proyecto aún no estaba del todo cuajado (la idea del proyecto empezó a cuajar en octubre de 2012).

Con la Administración Trump se prolongaron las quejas, y nunca cesaron, pese que al principio Trump afirmó que no aplicaría la Ley contra los enemigos de Estados Unidos a través de sanciones a la exportación de energía rusa, pero en poco tiempo acabaría cambiando de idea. Trump incluso amenazó con imponer aranceles a los países de la UE y propuso la reapertura de conversaciones para forjar un acuerdo comercial entre Estados Unidos y la UE si se cancelaba el proyecto.

El 27 de enero 2018, coincidiendo con el 73 aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz, el secretario de Estado Rex Tillerson (que fue director general de Exxon Mobil, es decir, se trataba de un hombre de Rockefeller infiltrado en la Administración Trump, que finalmente sería destituido por el más leal Mike Pompeo) sostuvo que Estados Unidos y Polonia se oponían al Nord Stream 2, al ser considerado como un peligro para la seguridad y la estabilidad energética de Europa, «a la vez que da a Rusia otra herramienta más para politizar el sector energético».

Senadores estadounidenses de ambos partidos se preocupaban en marzo de 2018, cuando el gobierno alemán aprobó el proyecto, y dejaron por escrito que «al eludir a Ucrania, Nord Stream II eliminará una de las principales razones por las que Rusia evita un conflicto a gran escala en el este de Ucrania, como bien sabe el Kremlin».

Las rutas del gas desde Rusia hacia Europa

El tránsito de Ucrania suministraba el 44% del gas ruso para la UE, lo que suponía embolsar para las arcas del Estado (cada vez más corrupto) unos 3.000 millones de dólares al mes. Pero con el Nord Stream 2 esto iba a cambiar y el tránsito por el subsuelo ucraniano iba a reducirse unas 10 veces más. Esto hubiese hecho que Ucrania perdiese el 3% de su PIB. En Ucrania se contemplaba esto como el socavamiento de su soberanía y también de la seguridad energética colectiva de toda Europa, pues el tránsito del gas a través de Ucrania disuade la agresión rusa, y esto se acabaría con la apertura del Nord Stream 2, que a su vez hubiese convertido a Alemania en el principal centro de distribución de gas de Europa.

Vasallos presionan a vasallos

El embajador de Estados Unidos en Alemania, Richard Grenell, envió en enero de 2019 una carta a las empresas encargadas de la construcción del gaseoducto instándolas a que abandonasen el proyecto y amenazándolas con sanciones si continuaban con el mismo. En diciembre de ese año, los senadores republicanos Ted Cruz y Ron Johnson también presionaron a las empresas del proyecto.

Asimismo el presidente del Consejo Europeo Donald Tusk, el primer ministro polaco Mateusz Morawiecki y el por entonces ministro de Exteriores británico Boris Johnson protestaron contra la construcción del Nord Stream 2. Tusk dejó muy claro que el gaseoducto no estaba en los intereses de la Unión Europea. Funcionarios de la Comisión Europea afirmaron que «Nord Stream 2 no mejora la seguridad energética [de la UE]».

El Nord Stream 2 es algo que dividía a la UE. Aunque cuando el Despacho Oval de la Casa Blanca lo ocupaba Donald Trump el proyecto no parecía tan malo, y tanto Francia como Austria y Alemania, más la Comisión Europea, criticaron a Estados Unidos (es decir, a la Administración Trump) por las nuevas sanciones contra Rusia a causa del gaseoducto, pues se quejaban de que Estados Unidos estaba amenazando al suministro de energía de Europa.

Así se quejaron en una declaración conjunta el canciller austriaco Christian Kern y el ministro de Asuntos Exteriores alemán Sigman Gabriel: «El suministro de energía de Europa es un asunto de Europa, y no de los Estados Unidos de América». Y añadieron: «Amenazar a empresas de Alemania, Austria y otros estados europeos con sanciones en el mercado estadounidense si participan en proyectos de gas natural como Nord Stream 2 con Rusia o los financian introduce una cualidad completamente nueva y muy negativa en las relaciones europeo-estadounidenses». Pero -como vamos a ver- los políticos alemanes, con un gobierno socialdemócrata, no han sido tan valientes con la Administración Biden.

Isabelle Kocher, la directora ejecutiva del Grupo ENGIE (grupo local de capital francés que distribuye electricidad, gas natural, petróleo y energías renovables), criticó las sanciones estadounidenses y afirmó que trataban de promover el gas americano en Europa (que es la clave de todo este asunto). Olaf Scholz, cuando ocupaba el ministerio de Finanzas del gobierno de coalición liderado por Merkel, tachó las sanciones como «una severa intervención en los asuntos internos alemanes y europeos». Un portavoz de la UE criticó «la imposición de sanciones contra las empresas de la UE que realizan negocios legítimos».

El ministro de exteriores alemán, Heiko Mass, diría en Twitter que «la política energética europea se decide en Europa, no en Estados Unidos». El canciller ruso Serguei Lavrov sostenía que el Congreso de Estados Unidos «está literalmente abrumado por el deseo de hacer todo lo posible para destruir» las relaciones con Rusia. Sin embargo, hay que tener en cuenta que Alemania respaldó fuertemente las sanciones contra Rusia por la anexión de Crimea en 2014.

Titiriteros y títeres

La German Eastern Business Association afirmó en un comunicado que «Estados Unidos quiere vender su gas licuado en Europa, para lo cual Alemania está construyendo terminales. Si llegamos a la conclusión de que las sanciones de EEUU están destinadas a expulsar a los competidores del mercado europeo, nuestro entusiasmo por los proyectos bilaterales con EEUU se enfriará significativamente».

El 21 de diciembre de 2019 Trump firmó una ley en la que se imponían sanciones a las empresas que contribuyeron a la construcción del gaseoducto, la cual se detuvo tras la firma de Trump, aunque volvería a reanudarse en diciembre de 2020, tras la elección de Joe Biden como presidente. Pero inmediatamente, el 1 de enero de 2021 un proyecto de ley de política de defensa anual que aprobó el Congreso de los Estados Unidos incluía sanciones para aquellas empresas que trabajasen en el gaseoducto o la asegurasen. El 26 de enero la Casa Blanca anunció que el nuevo presidente también cree que «Nord Stream 2 es un mal negocio para Europa», y por ello su Administración «revisará» las nuevas sanciones.

De modo que el bipartidismo del Capitolio se ha mostrado contrario a que se completase el gaseoducto Nord Stream 2, y no ya porque sea «un mal negocio para Europa» sino porque es un mal negocio para Estados Unidos. En esto están de acuerdo «globalistas» y «patriotas».

El 30 de julio de 2020 el secretario de Estado Mike Pompeo se dirigía al Senado criticando la construcción del Nord Stream 2: «Haremos todo lo que podamos para asegurarnos de que ese oleoducto no amenace a Europa. Queremos que Europa tenga recursos energéticos reales, seguros, estables y seguros que no se puedan convertir». Es como si hubiese dicho: «Haremos todo lo que podamos para asegurarnos de que ese oleoducto no amenace a Estados Unidos. Queremos que Europa tenga recursos energéticos que compre a Estados Unidos». Y añadía que el Departamento de Estado y el Departamento del Tesoro «han dejado muy claro en nuestras conversaciones con quienes tienen equipos allí la amenaza expresa que se les plantea por continuar trabajando en la finalización del oleoducto».

El 20 de abril de 2021 podía leerse en la web del European Council on Foreign Relations (think tank de Soros), lo siguiente:

«Sería malo para Europa que la presión estadounidense forzara la cancelación del oleoducto y dejara amargados y golpeados a Alemania y otros estados miembros cuyas empresas participan en su construcción. También sería malo para Europa si el oleoducto terminara arrasando con los recelos de Polonia y retratando a Alemania como un actor egoísta que no se preocupa por sus socios. Cualquiera de estos resultados también debilitaría la alianza transatlántica y, más o menos directamente, beneficiaría a Moscú… si Washington detiene el proyecto, Moscú encontrará otra razón para descartar a Europa como un actor político que carece de credibilidad. Por supuesto, esto no debería significar que Europa necesita salvar Nord Stream 2 solo para impresionar a Rusia. El razonamiento de la UE debería tener raíces más profundas que eso».

Se trata, pues, de “un problema de gestión de relaciones”.

Vaivenes de EEUU

Sin embargo, el 19 de mayo de 2021 el gobierno de Estados Unidos renunció a las sanciones contra Nord Stream AG, pero imponía sanciones contra cuatro bancos rusos y cinco empresas rusas. Sergei Ryabkov, viceministro de Exteriores ruso, se alegró y contempló la medida como «una oportunidad para una transición gradual hacia la normalización de nuestros lazos bilaterales».

El senador republicano Jim Risch afirmó que semejante acción fue «un regalo para Putin y sólo debilitará a Estados Unidos».

Yurity Vitrenko de Naftogaz (la empresa estatal de petróleo y gas de Ucrania) se opondría a la medida y afirmó que Ucrania presionaba a Estados Unidos para que volviese a imponer las sanciones que detuviesen la apertura del gaseoducto. Biden afirmaría que detuvo las sanciones porque el gaseoducto estaba casi terminado y porque las mismas habían dañado las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea.

El presidente de Ucrania, por entonces un desconocido en Occidente Volodymyr Zelensky, afirmó que se sentía «sorprendido y decepcionado» por la decisión de la Administración Biden, que también renunció a sancionar al CEO del Nord Stream AG, Mathias Warning, un aliado de Putin.

No obstante, en junio de 2021 el tendido de tuberías de las dos líneas del gaseoducto se completó plenamente. El 20 de julio de 2021 Biden y una ya saliente Angela Merkel acordaron que Estados Unidos podría sancionar a Rusia si utilizaba el Nord Stream 2 como «arma política», con el propósito de evitar que Polonia y Ucrania se quedasen sin gas ruso.

Merkel es una reconocida atlantista y no estaba precisamente muy entusiasmada con el proyecto Nord Stream 2, pero no veía forma de echarse atrás. Para ella era una situación muy delicada.

Ucrania obtendría un préstamo de 50 millones de dólares para invertirlo en tecnología ecológica hasta 2024 y Alemania conformaría un fondo de mil millones de dólares para que en Ucrania se transitase hacia la energía verde y compensar así las pérdidas de las tarifas al no transitar todo el gas ruso que iba a pasar por el gaseoducto Nord Stream 2 por su subsuelo.

Ya con plena decisión tras el extraño titubeo, en noviembre de 2021 el Departamento de Estado de Estados Unidos impondría más sanciones financieras a las empresas rusas vinculadas al Nord Stream 2.

El 9 de diciembre de 2021 el primer ministro polaco, Mateusz Marawiecki, presionaba al nuevo canciller alemán, el socialdemócrata Olaf Scholz, para que no inaugurase el Nord Stream 2 y no cediese a la presión de Rusia, y por tanto «no permita que Nord Stream 2 se utilice como instrumento para chantajear a Ucrania, como instrumento para chantajear a Polonia, como instrumento de chantaje contra la Unión Europea».

Al detectar tropas rusas en la frontera este de Ucrania, el secretario de Estado Antony Blinken anunció nuevas sanciones el 23 de diciembre.

Socialdemócrata Scholz cobarde

Olaf Scholz sería presionado para que frenase la apertura del gaseoducto en la cumbre de la UE. El 7 de febrero de 2022 se reuniría con Biden en la Casa Blanca y en la rueda de prensa afirmó que Estados Unidos y Alemania estaban «absolutamente unidos y no daremos pasos diferentes. Daremos los mismos pasos y serán muy, muy duros para Rusia y deberían entenderlo. Todos los pasos que daremos los haremos juntos. Como dijo el presidente [Biden], nos estamos preparando para eso. Pueden entender y pueden estar absolutamente seguros de que Alemania estará junto con todos sus aliados y especialmente Estados Unidos, que daremos los mismos pasos. No habrá diferencias en esa situación. Les digo a nuestros amigos estadounidenses que estaremos unidos. Actuaremos juntos y tomaremos todas las medidas necesarias y todas las medidas necesarias las tomaremos todos juntos».

Vemos que ya no se quejaba de la intervención de Estados Unidos «en los asuntos internos alemanes y europeos», como hemos visto que decía cuando era ministro de Finanzas en el gobierno de coalición con Merkel, estando Trump en la Casa Blanca.

Por su parte, Joe Biden advertía que si Rusia invade Ucrania, con «tanques y tropas», como terminaría ocurriendo, «entonces ya no habrá Nord Stream 2: le pondremos fin».

Ante las amenazas de Biden a Rusia, Scholz guardó un tímido silencio sin decir absolutamente nada sobre la descarada injerencia estadounidense en las relaciones económicas de Alemania con Rusia. Se plegó a los dictámenes de Washington.

El 15 de febrero Scholz se reuniría con Putin en Moscú, donde el mandatario ruso afirmaría que el gaseoducto consolidaría la seguridad energética europea y que se trataba de un asunto «puramente comercial». Como si la economía no fuese economía-política y no se tratase de un asunto geopolítico de primerísima importancia y, tal y como hemos visto, de vital trascendencia.

Scholz afirmó que las negociaciones habían sido intensas aunque confiables y rogó a Rusia que evitase la interpretación en el conflicto con Ucrania.

En la rueda de prensa Putin declaró: «Alemania es uno de los socios clave de Rusia. Siempre nos hemos esforzado por la interacción entre nuestros estados. Alemania ocupa el segundo lugar después de China entre los socios de comercio exterior de Rusia. A pesar de la difícil situación provocada por la pandemia del coronavirus y la volatilidad en los mercados globales, para fines de 2021, el comercio mutuo creció un 36% y alcanzó casi los 57.000 millones. En los años 70 del siglo pasado, nuestros países implementaron con éxito un proyecto histórico. Se llamó “Gas a cambio de tuberías”. Y desde entonces, los consumidores alemanes y otros europeos han sido abastecidos de manera confiable y sin interrupciones con gas ruso. Actualmente, Rusia satisface más de un tercio de las necesidades de Alemania en materia de transporte de energía».

El proyecto de «Gas a cambio de tuberías» fue posible a pesar de la Guerra Fría, y además Estados Unidos intentó impedir la construcción del gaseoducto Urengoy-Pomary-Uzhgorod y también procuró evitar que los empresarios alemanes participasen en el proyecto; aunque éste terminaría construyéndose entre 1982-1984, inaugurándose oficialmente en Francia; lo cual complementaría el sistema de transporte de gas transcontinental de Siberia Occidental-Europa Occidental que existía desde 1973.

Este gaseoducto transita por Ucrania, bombeándose gas a Eslovaquia, Hungría y Rumanía. Por entonces la URSS no tenía capacidad para producir las tuberías que hacían falta. Tras la construcción empezaron las grandes entregas de gas de Rusia, desde el gigantesco campo de Vengoyskoye, hasta Alemania y otros países de Europa. Las consecuencias de tanto gas fueron el reemplazo del carbón estadounidense en el mercado europeo y la RFA gozó de un gran impulso económico. Vemos que los acuerdos gasísticos entre Rusia y Europa (entonces la URSS) no beneficiaron a Estados Unidos, donde tomarían nota.

Después Scholz se reuniría con Zelensky, siendo acusado de usar el «libro de jugadas de Merkel» al evitar preguntas sobre el gaseoducto en la rueda de prensa que dio junto al presidente ucraniano.

Ucrania: la excusa perfecta

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmaría que el futuro del gaseoducto dependería del comportamiento de Rusia en Ucrania. El 19 de febrero afirmaría en la Conferencia de Seguridad de Múnich que Europa no podía depender tanto de Rusia en sus necesidades energéticas (tal vez quiera que dependa de Estados Unidos y no sólo energéticamente sino geopolíticamente, lo que es la lógica consecuencia). «Una Unión Europea fuerte no puede depender tanto de un proveedor de energía que amenaza con iniciar una guerra en nuestro continente. Podemos imponer altos costos y graves consecuencias a los intereses económicos de Moscú. El pensamiento extraño del Kremlin que proviene directamente de un pasado oscuro puede costarle a Rusia un futuro próspero. Todavía esperamos que la diplomacia no haya dicho la última palabra».

El 22 de febrero, al día siguiente que Rusia reconoció a las repúblicas populares de Donetsk y Luhansk, Olaf Scholz, que siempre estuvo a favor del proyecto pero que venía de ver a Biden (aunque inmediatamente después visitaría a Putin), suspendió la certificación del Nord Stream 2. «Hoy le pedí al Ministerio Federal de Economía que revoque el informe sobre seguridad energética de la Agencia Federal de Redes. <…> Este es un paso necesario para que la certificación del gasoducto no pueda realizarse ahora. Sin esta certificación, Nord Stream 2 no se puede lanzar». La ministra de Exteriores alemana, Annalena Berbock, comunicó a los periodistas que el gobierno alemán había «congelado» el proyecto.

El 23 de febrero Biden ordenó que se impusiesen sanciones al operador del gaseoducto, Nord Stream 2 AG, y también a los funcionarios de la compañía. «Estos pasos son otra parte de nuestro tramo inicial de sanciones en respuesta a las acciones de Rusia en Ucrania. Como he dejado claro, no dudaremos en tomar más medidas si Rusia continúa escalando».

Tales sanciones se impusieron después de «consultas estrechas» entre los gobiernos estadounidense y alemán. Y agradecía a Scholz su «estrecha cooperación y compromiso inquebrantable de responsabilizar a Rusia por sus acciones»; es decir, le agradecía su sumisión a Estados Unidos. Al reconocer las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, Putin –decía Biden– «le dio al mundo un incentivo irresistible para abandonar el gas ruso y cambiar a otras formas de energía».

El día después Rusia empezaría la «operación militar especial» en Ucrania. De modo que ya tenía Estados Unidos la guerra que le hacía falta para que no se abriese el gaseoducto Nord Stream 2 y las relaciones germano-rusas se rompiesen; aunque el Nord Stream 1 seguiría llevando gas a Alemania, funcionado como los otros gaseoductos que abastecen Europa, con los cuales Rusia se está embolsando al día unos 800 millones de euros más 260 millones de euros por exportar petróleo.

El 8 de marzo Estados Unidos prohibía todas las importaciones de petróleo y gas procedentes de Rusia, batiéndose récord histórico en el precio de la gasolina (un 7% del petróleo que consume Estados Unidos es ruso).

El 9 de marzo el secretario de prensa del presidente de Rusia, Dimitry Preskov, respondía a la subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos de Estados Unidos, Victoria Nuland –esa mujer que dijo «que se joda la UE», al afirmar que el Nord Stream 2 está «muerto y no será renacido» (un día antes en el Congreso de los Estados Unidos se había dicho que el gaseoducto es sólo «un montón de metal en el fondo del mar»)– indicándole que el gaseoducto está listo para su uso, añadiendo que Estados Unidos está declarando la guerra económica a Rusia.

Disputa geoeconómica y geopolítica

Más que un proyecto de infraestructura en el poder federativo (o comercio internacional) de las capas corticales de los Estados interesados, el Nord Stream 2 parece más bien un símbolo de discordia en el poder diplomático e incluso en el poder militar, cosa que estamos viendo en Ucrania. Sin duda el Nord Stream 2 y todos los gaseoductos y oleoductos acarrean problemas geopolíticos, pues los recursos basales están insertos en los problemas corticales de la dialéctica de Estados (la economía es siempre economía-política; esto es, ambas no se pueden entender como esferas megáricas sino como conceptos conjugados: disociables conceptualmente, inseparables existencialmente).

Sin ninguna duda, como con razón se le acusa, Rusia usa su poder energético como arma geopolítica y geoestratégica, como también lo hace Estados Unidos. De hecho tal poder ruso es enorme. Sumando las exportaciones de petróleo, gas y carbón Rusia sería el mayor exportador mundial de estos productos.

Si el Nord Stream 2 se hubiese puesto en marcha Estados Unidos hubiese perdido influencia sobre la UE y también sobre Ucrania. Esto haría depender aún más a los países europeos, fundamentalmente a Alemania, de los recursos energéticos rusos. Parte de estos países y por supuesto el cabecilla de la banda, Estados Unidos, se posicionaron en contra de la construcción de este gaseoducto. Ucrania se contemplaba como una de las economías más afectadas si el funcionamiento del Nord Stream 2 se pusiese en marcha, pues una buena cantidad de materias primas procedentes de Rusia ya no pasarían por su subsuelo (aunque esto afectaría también a un aliado, más bien vasallo, de Rusia como es Bielorrusia).

Los rusos argumentan que con el Nord Stream 2 el precio del gas bajaría, pues se transportarían unos 55.000 millones de metros cúbicos de gas al año (más o menos la misma cantidad que envía el Nord Stream 1). Hay que tener en cuenta que algo más de un tercio del gas que llega a Europa procede de Rusia.

En España sólo el 10% del gas que recibe es ruso. Argelia (aliado histórico de Rusia) es su principal proveedor de gas (el 30% de su gas acaba en España), y el gobierno de Pedro Sánchez no está teniendo precisamente lo que se dice un tacto diplomático con este país; es más, lo está tratando con suma imprudencia, cediendo a Marruecos el Sahara (abandonando por segunda vez a los pobres saharauis). Tal vez sea la recompensa que el sultanato ha recibido por reconocer a Israel. Pero como en España, ya desde hace varias décadas, no se hace política exterior sino continua traición…

«Soy el embajador nene de EEUU. Se supone que estoy aquí por un tiempo para limpiar un poco más»

Alemania se rinde

El informe de 2019 del importante think tank estadounidense RAND Corporation decía: «Aumentar la capacidad de Europa para importar gas de proveedores distintos de Rusia podría extender económicamente a Rusia y proteger a Europa de la coerción energética rusa. Europa avanza lentamente en esta dirección mediante la construcción de plantas de regasificación de gas natural licuado (GNL). Pero para ser verdaderamente efectiva, esta opción necesitaría que los mercados globales de GNL se vuelvan más flexibles de lo que ya son y necesitaría que el GNL sea más competitivo en precio con el gas ruso».

Alemania vería peligrar su seguridad energética si el Nord Stream 2 no se pone en funcionamiento. Y hay que tener en cuenta que éste fue un proyecto que se construyó por iniciativa de Berlín y no de Moscú. Y con todo, Alemania se ha puesto del lado de Ucrania (con lo cual se pliega a los dictados del Imperio washingtoniano).

Pero hay que tener en cuenta que con el Nord Stream 2 la relación entre Rusia y Alemania no sería exclusivamente de dependencia de la segunda con respecto de la primera, pues Rusia también dependería de Alemania, es decir, se establecería una relación de cooperación, que es lo que no quiere Estados Unidos. Y a su vez Alemania distribuiría el gas que llega de Rusia a los otros países.

El problema estaría en que si este gaseoducto empieza a echar gas entonces Estados Unidos podría perder el vasallaje de Alemania y de otros países de Europa. Estados Unidos siempre ha tratado de evitar que prosperasen las relaciones comerciales entre Alemania y Rusia (ya lo hacía cuando se trataba de la RFA y la URSS, como hemos visto).

De ahí las quejas de Biden (como las de Trump, y ya las de Obama), pues Estados Unidos quiere impedir a toda costa que se abra el Nord Stream 2. ¿Acaso con este gaseoducto Rusia no estaría ayudando a consolidar el liderazgo alemán en la UE? Aunque históricamente, a pesar de Napoleón, Rusia ha mantenido mejores relaciones con Francia. Y desde luego los rusos no olvidan las dos guerras mundiales, sobre todo la Gran Guerra Patriótica.

Alemania argumentaba que el Nord Stream 1 no impidió que el Reich adoptase una línea dura contra el expansionismo de Rusia. Y, lo que es fundamental, que Estados Unidos se oponía al proyecto porque quería vender más gas natural licuado a los mercados europeos (en eso se resume la trama).

Europa agacha la cabeza como vasallo

Casi una cuarta parte de la energía que consume la UE es gas natural, y un tercio de éste procede de Rusia, siendo más dependiente de este gas obviamente los países del este. La UE recibe el 40% de su gas de Rusia, así como el 27% de su petróleo. Estados Unidos no obtiene nada de gas ruso aunque sí –como ya hemos dicho– un 7% de su petróleo (que ahora pretende sustituirlo con el venezolano). El 25 de marzo de 2022 la UE cierra un acuerdo en el que Estados Unidos suministrará 15.000 millones de metros cúbicos de gas licuado al mercado comunitario este año. Y de aquí al 2030. Misión cumplida: Europa agacha la cabeza ante patrón.

¿Acaso no es esto precisamente lo que interesa a Estados Unidos, a fin de vender a los países europeos el gas mucho más caro de lo que lo hace Rusia? ¿Y cómo Estados Unidos puede permitirse el lujo de frenar un proyecto entre dos naciones soberanas tras una obra faraónica de miles de kilómetros de distancia? ¿No será que Alemania, que junto a Francia lidera la UE, no es más que un vasallo de Estados Unidos, aunque ahora pretenda rearmarse? ¿Y si el eje franco-alemán es un vasallo de Estados Unidos, no será España, la desamparada España, un vasallo de los vasallos? Sea como sea, Estados Unidos se ha comportado con Alemania como el gánster extorsionador: aquél que obliga a punta de pistola a los tenderos a que le compren la mercancía. Después, armados con un rostro de diboruro de titanio (porcelana extremadamente dura), lo llaman «libre mercado».

Según un informe de la Comisión Europea titulado «Comercio GNL entre EU y los Estados Unidos», en 2021 se batió el récord de suministro de Gas Natural Licuado (GNL) de Estados Unidos a la UE, superando los 22 mil millones de metros cúbicos. En enero de 2022 ya alcanzó los 4.400 millones de metros cúbicos (de seguir a ese ritmo se llegaría a más de 50.000 millones). Pero esto no es suficiente para Estados Unidos. Aunque en la Comisión Europea están por la labor de que los yanquis sean los principales proveedores de gas natural al mercado de la UE.

Visto todo esto, se podría decir que Estados Unidos ha fomentado una guerra en Ucrania con el propósito de restringir la cooperación económica de la UE con Rusia, lo que va en contra de los intereses de la Unión, que se ha comportado en esta crisis como un conjunto de Estados vasallos de Washington; algo que ya venía siendo así desde hace mucho, prácticamente tras la Segunda Guerra Mundial, salvo que ahora lo ha manifestado bochornosamente.

En una entrevista que concedió Jacques Baud, coronel del ejército suizo, experto en inteligencia militar y adjunto en la OTAN y la ONU, sostenía: «estoy seguro que Putin no quería atacar Ucrania, dijo esto repetidamente. Obviamente, hubo presión de los EEUU para empezar la guerra. EEUU tiene poco interés en la propia Ucrania. Lo que querían era aumentar la presión sobre Alemania para cerrar Nord Stream II. Querían que Ucrania provocara a Rusia y, si Rusia reaccionaba, el Nord Stream II se congelaría».

Aparece la madrastra británica

También el Reino Unido parece que va a beneficiarse como país de «tránsito» para el suministro de gas natural a Europa, a través de la tubería que atraviesa Bélgica y Holanda, que intentará deshacerse de la dependencia del gas ruso según ha previsto para este verano el único operador energético británico que recoge gas del Mar del Norte en Noruega: National Grid. The Daily Telegraph informa que National Grid cree que este verano puede exportar a Europa unos 5,1 kilómetros cúbicos de gas natural. También se está pensando en importar al Reino Unido el gas licuado procedente de Estados Unidos para convertirlo en gas normal y exportarlo a Europa.

A causa de la operación militar rusa en la armada por los países de la OTAN (no todos) Ucrania, la no apertura del Nord Stream 2 no ha dividido a los países europeos, como pasó en 2003 con la guerra de Irak, a pesar de que el Reino Unido haya abandonado la UE. Parece que hay un consenso antirruso (tal vez la anti–Soros Hungría sea la excepción, aunque lo haga con ambigüedad).

Para ganarse la alianza de Rusia contra China ni la Administración Trump (que era lo que pretendía) ni la Administración Biden (que ha mostrado al mundo su exacerbada rusofobia, en la línea del polaco-estadounidense-trilateralista-rockefelleriano Zbigniew Brzezinski) han sabido actuar con tacto diplomático. Y deberían saber que las alianzas son tan importantes como las propias fuerzas. Por eso Rusia se ha ganado al aliado chino, aunque siempre con el recelo de que éste pueda absorberlo o en un momento dada traicionarlo (la hipocresía es el pan nuestro de cada día en las relaciones internacionales).

Zelensky humilla al presidente de Alemania

El presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, mantuvo durante años una relación cordial con Vladimir Putin, al que elogiaba, como ministro de la Cancillería con Gerhard Schröder y después como ministro de Exteriores con Angela Merkel. Y también mostró durante esos años su más firme apoyo al proyecto Nord Stream 2, hasta justo antes de la guerra, cosa que, tras la entrada de las tropas rusas en Ucrania, el jefe del Estado germano ha admitido como «claro error». ¿Un error que ha mantenido durante años, casi una década?

Tras la avalancha en Twitter en donde se publicaban fotografías de Steinmeier abrazándose con el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, el presidente expresó su remordimiento. Por esto no sería bienvenido a Kiev, y tuvo que cancelar su visita: «Parece que mi presencia no es deseada».

«No hemos logrado crear un hogar europeo común en el que se incluya a Rusia. No hemos logrado incluir a Rusia en la arquitectura de seguridad general. Nos aferramos a puentes en los que Rusia ya no creía, como nos advirtieron nuestros socios». Todo esto muestra la vergonzosa sumisión de Alemania a Estados Unidos.

El embajador ucraniano en Berlín, Andriy Melnyk, sigue señalando que Alemania mantiene «demasiados intereses creados» en Rusia y que en buena parte el culpable es Steinmeier, pues se llevó décadas tejiendo una tela de araña de contactos con Rusia (como lo haría Merkel, con quien hablaba Putin en ruso y en alemán). «Muchos de los que ahora mandan en la coalición (alemana) están implicados en esto».

El portavoz adjunto del gobierno alemán, Wolfgang Büchner, ha templado los ánimos entendiendo «la situación excepcional» por la que está pasando Ucrania. Y ha indicado que «Alemania ha sido y es uno de los más firmes defensores de Ucrania… y seguirá siendo así. El presidente tiene una posición clara e inequívoca en favor de Ucrania».

Steinmeier recordó en la revista alemana Spiegel que en el año 2001 Putin dio un discurso en alemán en el mismísimo Bundestag: «Aquel Putin de 2001 no tiene nada que ver con el de 2022 al que ahora vemos como un promotor de la guerra brutal y atrincherado». Y que todavía esperaba «un remanente de racionalidad de Vladimir Putin».

Pero ya está demostrado con suficiente potencia que Putin no está loco.

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