Borrando las huellas de la mano que mece la cuna Por Julián Macías | Diario digital Público, España

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En la gráfica, Imagen de archivo de una reunión del expresidente de Estados Unidos Ronald Reagan con los líderes muyahidines, el el 2 de febrero de 1983. — Biblioteca digital EEUU

Son muchos los lobbys, think tanks y grupos de interés que se arremolinan en torno a las grandes decisiones políticas. Todos buscan influir en las instituciones para que se desarrollen políticas acordes con sus intereses, ideologías o valores. Pero estas esferas de influencia, que no son accesibles a todos los ciudadanos, tampoco son transparentes a los ojos del electorado.

No siempre es fácil tener acceso a la información de cuestiones tan básicas como quiénes son o quién pone el dinero para que estos grupos de presión puedan operar apoyando candidatos de su interés, golpes de estado o guerras para conseguir sus objetivos económicos o geopolíticos, y en ocasiones cuando el rastro digital sale a la superficie y aparece en investigaciones que nos puede dar luz sobre estos asuntos, de repente desaparece.

En este artículo desarrollo el borrado de contenidos en la red, tras la publicación de investigaciones sobre las organizaciones que financian a Atlantic Council, las fundaciones de Atlas Network que operan en campañas sucias digitales en diferentes países y las reuniones de Reagan con los muyahidines, viralizadas tras el acuerdo con los talibanes y la retirada de Afganistán de los EEUU.

Atlantic Council, dando forma al futuro global

Quizás a quien lea estas líneas no les sonará el nombre de Atlantic Council -think tank estadounidense vinculado a la OTAN-, quizás tampoco conozcan su eslogan “dando forma al futuro global juntos”. Pero si os digo quién es su presidente para Europa y América Latina quizás la fotografía se torne un poco más clara; se trata ni más ni menos que de Jose María Aznar.

Quizás el público general tampoco sepa decir el nombre de un solo asesor estratégico de este think tank atlántico con presencia en todo el mundo, pero si les digo que uno de ellos es Rafael Bardají -exasesor del gobierno de Aznar, miembro de la ejecutiva de Vox y director de política internacional de FAES durante 11 años- la fotografía se torne un poco más nítida.

Entonces, ¿cuál es la falta de transparencia?

El lector podría asumir que este tipo de organizaciones se financia mediante la asesoría; pues, por ejemplo, desde el año 2018 Atlantic Council es el principal partner (socio) de Facebook en materia de lucha contra la desinformación en procesos electorales. Llama la atención que el máximo responsable para proteger de la verdad en Facebook durante las elecciones en Europa y América Latina sea Aznar, quien mintiera sobre las armas de destrucción masiva en Irak para justificar una guerra, o quién creó la mayor noticia falsa de la historia de España -que el atentado de Atocha de 2004 fuera perpetrado por ETA. O que cuente con asesores como Bardají, colaborador desde hace más de 15 años en Libertad Digital y que fue también columnista de La Gaceta; dos medios que brillan por la ausencia de rigor periodístico y la difusión habitual de noticias falsas.

Y efectivamente no, no es mediante este tipo de colaboraciones que se financia Atlantic Council; La familia Koch es uno de sus mayores donantes, donde también encontramos a grandes bancos como el HSBC o Bank Pekao, grandes grupos de inversión como Goldman Sachs o System Capital Management, fondos buitre como Blackstone o Blackrock, empresas petroleras como la Abu Dhabi National Oil Company o Chevron, grandes mineras como African Rainbow Minerals y las principales tecnológicas como Google, Twitter, Facebook o Microsoft. Una información relevante que denunciaba en un tuit donde adjuntaba el enlace que te daba toda la información, pero que en la actualidad te lleva a la página de inicio, desde web.archive.org se puede visualizar su historial.

Al ver el infinito listado de grandes corporaciones que financia a Atlantic Council, sorprende ver a Facebook en la cúspide financiera que dona más de un millón de dólares. Y es que la relación entre ambas organizaciones va más allá que la meramente económica. Ben Nimmo, hasta hace poco responsable de inteligencia de Atlantic Council, ocupa el mismo cargo en Facebook, siendo el responsable de la eliminación de miles de cuentas y páginas sandinistas días antes de las elecciones en Nicaragua, alegando actividad inauténtica con cuentas falsas, hecho que el investigador Benjamin Norton ha demostrado que es falso en un artículo en The Grayzone, mostrando decenas de militantes sandinistas reales que fueron eliminados de la red, y que poco después hicieron lo mismo en otras plataformas que financian al think tank de la OTAN, como Twitter o Youtube.

Dicha acción recuerda a una versión 2.0 de la intervención de los EEUU durante el gobierno de Ronald Reagan que entrenó, armó, financió y abasteció a las Contras para derrocar la Revolución Sandinista, a través de la CIA y un entramado de cuentas en Suiza, todo apunta que al mando estaba su vicepresidente George Bush, exdirector del servicio de inteligencia pocos años atrás. Cuando se descubrió que el dinero para financiar al grupo terrorista procedía de la venta de armas a Irán supuso un escándalo político que derivó en la cesión a la NED y a la USAID de la gestión de recursos para financiar organizaciones, medios y políticos que desestabilicen gobiernos no deseados. En el caso de Nicaragua esos recursos contra el sandinismo continuaron, a favor de una alternativa política en torno a la familia Chamorro.

La Guerra de Afganistán, una foto y un oleoducto

Una fotografía tomada en la Casa Blanca el 2 de febrero de 1983 muestra a Ronald Reagan con quienes él denominaba “guerreros de la libertad”. Aquella fotografía junto a los muyahidines se hizo viral en redes sociales cuando los talibanes tomaron el control de Kabul y del palacio presidencial sin la resistencia por parte de los ejércitos y gobiernos de Afganistán y Estados Unidos. Durante algunos días la imagen fue borrada de la librería-museo de Ronald Reagan dependiente del gobierno de los EEUU.

La toma del control de Afganistán por parte de los talibanes puso en tela de juicio la gestión de los Estados Unidos, no solo por abandonar el país dejándolo en manos de unos “terroristas”, sino por la financiación del origen de los mismos. Los encuentros de Reagan con los Freedom Fighters se engloban en un plan diseñado por la CIA denominado Operación Ciclón, que obviaron los peligros que conllevarían para el mundo, cegados por su obsesión: fulminar a la URSS y todo rastro de comunismo o socialismo.

Según documentos desclasificados, las operaciones para financiar, armar y entrenar a fuerzas subversivas que usaban la yihad para acabar con los infieles soviéticos, no solo llegaba a los muyahidines para derrocar al gobierno comunista afgano y al ejército de la URSS, con su intervención en defensa de la injerencia de los EEUU. La financiación de más de 8.000 millones de dólares también sirvió para crear una red de madrasas (escuelas musulmanas de estudios superiores) a lo largo de toda la frontera Pakistaní que recibió y formó en la radicalización yihadista a menores refugiados de la guerra en Afganistán con los textos diseñados y escritos en la Universidad de Nebraska con una financiación de la USAID de más de 50 millones de dólares.

A las madrasas también acudieron miles de radicales religiosos convocados por la llamada internacional para hacer la guerra santa realizada por Bin Laden, contratado por la CIA. Estas son el principal origen de grupos yihadistas como AlQaeda, los talibanes o ISIS, también fueron financiadas por Arabia Saudí.

Esto nos hace reflexionar ante lo inexplicable, por qué si 15 de los 19 terroristas que cometieron los atentados del 11 de septiembre eran saudíes y ninguno era afgano ni iraquí, Afganistán e Irak fueron los países invadidos, si a esto sumamos que durante los atentados George Bush padre estaba reunido con el hermano mayor de Osama Bin Laden en una asamblea de inversores de Carlyle Group, empresa que multiplicó sus ganancias a partir de la fatídica fecha, o más inexplicable aún, por qué las únicas personas que sobrevolaron los Estados Unidos en avión durante las 72 horas posteriores fueron 142 saudíes entre los que se encontraban 24 miembros de la familia Bin Laden.

Además, Afganistán es un enclave geoestratégico tanto desde el punto de vista militar, como político y económico. Sobre él se proyecta desde hace décadas el llamado Gasoducto TAPI -Turkmenistán, Afganistán, Pakistán e India-, lo que permitiría evitar la dependencia de Rusia para el suministro de gas natural. Hace tanto que se proyecta este gasoducto que George W. Bush aún era gobernador de Texas cuando una delegación talibán se reunió con él y UNOCAL -Union Oil Company of California- para acordar la creación del mismo.

Y ese gasoducto es tan importante para Estados Unidos que tras la invasión de Afganistán puso de presidente a un asesor de UNOCAL, Hamid Karzai, y al ver que tras casi 20 años no se construyó ni un solo kilómetro por culpa del control territorial de los talibanes, Donald Trump hizo las gestiones para liberar al líder talibán, Abdul Ghani Baradar, con las gestiones de su secretario de estado, Mike Pompeo, que también estuvo presente en los acuerdos de paz de Doha, donde se acordó la liberación de 5.000 talibanes de la cárcel y la retirada de las tropas norteamericanas, en los acuerdos también estuvo presente asegurar la construcción del TAPI.

Unos meses más tarde las tropas estadounidenses se retiraron mientras el ejército afgano desertaba en masa, el presidente del país huía y los talibanes avanzaban sin resistencia alguna. Hoy parece más cercana la construcción de los primeros kilómetros del TAPI en Afganistán con la protección talibán.

Las conexiones de Atlas Network

Al igual que con Atlantic Council a muchos no les sonará el nombre de Atlas Network, pero si hablamos de la FAES de Aznar, la Fundación Internacional para la Libertad de Mario Vargas Llosa, la Fundación Pensar de Mauricio Macri o la fundación Ecuador Libre de Guillermo Lasso, seguro que a muchos sí les suenan. Todas ellas pertenecen a este conglomerado de think tanks ultraliberales con sede en Virginia.

Hasta este otoño era posible hacer un mapa completo de las más de 500 fundaciones que la componen, pero ellos también decidieron eliminar sus huellas borrando toda esta información de su web, limitándose a mostrar un mapa indicando cuántas fundaciones forman parte de esta red en cada país, algo que podemos atestiguar nuevamente gracias a web.archive.org.

Es probable que decidieran borrar el listado de fundaciones tras la sucesión de escándalos como la publicación de los Pandora Papers salpicando de lleno a la cúpula latinoamericana, la designación de uno de sus miembros como asesor de la Generalitat pese a carecer de credenciales, el apoyo a golpes de estado en América Latina y participación en campañas de redes sociales mediante el uso masivo de fake news y bots para tratar de influir en el discurso público.

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