Cuba: un empleo llamado «disidencia» Hernando Calvo Ospina | Blog Media Part, Francia

Cuba: un empleo llamado «disidencia» Hernando Calvo Ospina | Blog Media Part, Francia
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Viendo cómo se viene otra campaña de “disidentes” contra la Revolución Cubana decidí escribir sobre el tema. Algo que conozco desde la década de los noventa, cuando me encontré a la raíz del “fenómeno” en Miami y Washington. Pero al ver que debía repetir lo que escribí hace diez años, decidí buscar y copiar algunos de los textos. Cambien Ustedes las fechas y es como si fueran de hoy.

El “disidente” contra la terca Cuba (julio 2010)

Despuntaba la década de los noventa y el sistema socialista en los países del este europeo se vino abajo. Feliz, el capitalismo salvaje fue ocupando su lugar.

Cuba, que había sido su aliada, quedó solita. Revolución terca, insistía en que su camino era el socialismo. Estados Unidos y demás países capitalistas dirigieron contra ella toda la estrategia de guerra psicológica y de propaganda. El dinero fluyó y los “disidentes” se multiplicaron a borbotones.

Aunque Cuba tenía cierta experiencia en lidiar con estos casos fabricados, lo que se le vino encima podría quedar en los libros de record.

Cada día los “disidentes” se alquilaban para que desde Miami, Washington, o cualquier capital europea, se armaran campañas contra la Revolución en su nombre. Hasta se rentaron para que el bloqueo económico se endureciera. Mientras ellos podían comprar con los dólares del ” salario “, menos había para comer en el plato del vecino. Sus hijos iban a la escuela bien desayunados, y los demás niños vieron bien reducida la cantidad de leche. Aun así, los “disidentes” siguieron aprovechando lo que la Revolución trataba de mantener gratuito para todos, empezando por la asistencia médica.

Llegó el año 2000 y el tiempo siguió pasando. La economía mejoró. Hasta los expertos del Banco Mundial se quedaron sin entender cómo había sido posible. No podían concebir que la unidad y la fe en un sueño hacen milagros.

El objetivo estratégico de hundir a la Revolución del Caribe no se ha podido lograr. Daño, eso sí los “disidentes” se han prestado para hacer a esa inmensa mayoría de cubanos fieles a la Revolución. Aun así, ayer como hoy, sin ser torturados ni desaparecidos, menos asesinados, cada nuevo personaje “disidente” ha ido pasando de moda. La falta de apoyo popular es el talón de Aquiles, de ellos y de quienes pagan. Su gran enemigo es no existir abismo entre dirigencia y pueblo.

Al interior del Partido Comunista cubano existen muchos disidentes (sin comillas). Es normal, es humano. Porque disentir es no estar de acuerdo con algo. Se disiente con la esposa, en el tono que sea. Otra cosa es ir donde la vecina y unirse con ella para hacerle la guerra a la esposa. Eso es traición. Y es lo que ha visto, día a día, el pueblo cubano: Los que en el ámbito internacional se les llama “disidentes”, están aliados con el enemigo, Washington, que quiere comerse su soberanía a picotazos.

Una revolución es un proceso creativo. La Revolución cubana casi partió de cero, aprendiendo todo. Innovando en casi todo. Es lógico que entre sus creadores no todos estén de acuerdo con algún color de esa obra en construcción. De suerte es así, de lo contrario no se estaría avanzado. Disienten, no se venden.

Los “disidentes” siguen siendo ese producto de exportación para dañar la imagen de la Revolución. Para que la presión política internacional actúe. Ninguno encuentra algo bueno de la Revolución. Son la muestra del hijo desagradecido. Les enseñó a leer, escribir, a ser intelectuales, científicos, médicos, maestros. Y hasta les enseñó a criticar. Como los cuervos, solo quieren ayudar a sacarle los ojos. Y sólo por unos dólares, unas letras en la prensa internacional y unas ovaciones de los enemigos de su nación.

La prensa internacional. Ésta ha tenido un papel protagónico. Es la única que se acuerda de ellos en Cuba. De cualquier malacara hace una noticia. Está en la primera trinchera, como en la guerra que es. Además de “atenderlos”, y esperar la muerte de Fidel o Raúl, no se sabe qué más hace esa cantidad de corresponsales extranjeros en esta isla. Cuba está entre los países del mal llamado Tercer Mundo a los que esta prensa da tanta prioridad.

El cubano Chucho Valdés, uno de los mejores pianistas del mundo, me aseguraba en el año 2004: “Contra Cuba existe una prensa amarilla que le encanta lo sensacional. Hasta con nosotros, los artistas, la prensa internacional siempre está buscando el lado político de las cosas, pero para distorsionar todo y hacer daño a Cuba, a la Revolución”.

El eurodiputado francés, Jean-Luc Melenchon, me decía en mayo 2010: “A esa prensa, toda ligada a Estados Unidos, sólo le importa buscar a alguien que se diga “disidente” o preso político para volverlo héroe y lanzar sus campañas contra Cuba”.

Podría ser extraño. Pero ¿por qué “disidentes” sólo existen en los países que no son del gusto político de Washington, Madrid, Londres, Berlín, Paris…? Extraño, podría ser sencillamente extraño… Pero no.

Recuerdos del “período especial” (septiembre 2011)

En 1991 sucedió lo impensable: la Unión Soviética colapsó. Por efecto dominó, igual suerte corrieron los demás país del llamado bloque socialista. Bueno, uno de ellos no pasó al campo capitalista, el que menos recursos estratégicos tenía: Cuba. La terca caribeña insistía en que su sistema político era el adecuado para el desarrollo de su sociedad, y no tenía por qué volver a caer en manos del imperio voraz.

Cuba se quedó sin sus principales socios comerciales, esos que permitieron el intercambio de un barco con azúcar por uno con petróleo o alimentos. Estados Unidos y los países de Europa del Oeste aprovecharon la situación para redoblar el bloqueo, y negarle la posibilidad de créditos y hasta la compra de aspirinas. Cuba se quedó casi solita en el mundo. Por tanto se decretó el “período especial en tiempos de paz”, que en la práctica significó la llegada de una gravísima crisis económica. Las palabras “no hay” se volvieron la expresión más corriente del vocabulario diario. No había arroz, pero tampoco jabón, ni sal, ni papel higiénico y mucho menos combustible.

Los traidores

Al caído caerle. Los golpes empezaron a llegarle de todas partes, incluidos los inesperados. Muchos que se habían rasgado las vestiduras defendiéndola en los tiempos de las vacas gordas, prefirieron bajarse del barco para empezar a denigrar de ella. Fueron muchas las organizaciones políticas que se decían de izquierda que volvieron postulado el atacarla. Ironías de la vida, en algunos países europeos, por ejemplo, el gobierno cubano era más respetado por la derecha.

Fuimos pocos, muy pocos, los que seguimos confiando en que Cuba de esa saldría. Aunque cada mañana nos despertábamos con el temor de escuchar que la revolución cubana había naufragado en el Caribe, y que otro sueño en la búsqueda de una sociedad más justa se ahogaba.

A esos poquitos nos empezaron a mirar raro. Los que hasta ayer nos trataban de “camaradas” o “compañeros”, nos atacaban con epítetos que rayaban en lo vulgar. Lo mínimo era decirnos “dinosaurios”, dizque por habernos quedado atrasados en la historia. Recuerdo que así me trató un renegado dirigente europeo que crucé en el aeropuerto de Madrid, al saber que yo venía de La Habana. Sólo le respondí con la frase que alguna vez aprendí para nunca olvidar: “Prefiero ser dinosaurio de andar recto, antes que moderno chimpancé, que salta de rama en rama”.

Los vilipendiados hacíamos lo que podíamos para ayudar. La mayoría de ese montoncito solidario trabajaba como hormiguitas, buscando y llevando de todo: medicamentos, lápices, ropa y comida. En el afán por aportar se llevaban juguetes que duraban poco, pues eran a base de baterías que por allá ya se habían vuelto extrañas. Los pocos aviones de Cubana de Aviación que aun volaban parecían camiones de carga, llevando hasta lo impensable. Otras empresas de aviación, se debe reconocer, también cerraron los ojos ante el exagerado exceso de peso que se montaba en cabina. Un día soñé que un puerco salía corriendo por el pasillo del avión, al saber lo que le pasaría a la llegada. Cuando me desperté había tremendo alboroto, pues casi había una fiesta alrededor de una guitarra y la “Guantanamera”.

Las noches en La Habana o Santiago de Cuba eran de oscuridad casi total. El silencio angustiaba. El calor era horrible, el agua fresca era escasa, pues la electricidad estaba bien racionada: a veces, con suerte, hasta 20 horas por día, en los días más duros de ese llamado Período Especial. La prostitución, que era desconocida para la generación crecida con la Revolución, se instaló en muchos lugares turísticos. Uno veía al futuro pegado con saliva.

Eso sí, en medio de tanta necesidad no se dejaban pasar las oportunidades para celebrar lo que fuera. Siempre apareció una botella de ron, y algún invento para comer. Porque el “invento” fue rey en el período especial. Y las ganas de hacer el amor no disminuyeron, aunque en el estómago apenas hubiera un poquito de arroz y una albóndiga “inventada” a base de cáscara de plátano aliñada con ajo.

Volver para cobrar venganza

Por esas fechas viajé a Miami y Nueva York para hacer un reportaje sobre los grupos contrarrevolucionarios, la mayoría involucrados en acciones terroristas. Quería saber qué ofrecían a una Cuba posrevolucionaria. Nada bueno. Volver para cobrar venganza. Sí, es célebre esa frase de uno de sus dirigentes que pedía a Washington 48 horas de “licencia” para limpiar de “castristas” la Isla, al día siguiente que cayera la Revolución. Ellos tenían muy en claro que solo servirían de avanzada para que Washington se reinstalara. Serían los fantoches que pondrían la cara en un gobierno del cual solo tendrían las migajas.

Era tal la seguridad que la Revolución caía en unos días, que tuve que caminar bastante para encontrar una maleta en Miami. Todas las habían comprado porque “mañana salimos para allá”. Ya deben de estar mohosas las cremalleras de tanto esperar uso.

Y Washington ofrecía y ofrecía. Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo, recibieron millones de dólares en la Florida como aporte a las campañas electorales, y muchos votos, porque juraron que en su gobierno se celebraría la “Cuba libre”. Tras esto, Washington apretaba el bloqueo, y exigía a todos los países de hacer lo mismo. Casi todos hicieron caso, empezando por los europeos. Se negaba, y se niega, a Cuba hasta la compra de una muñeca porque en ella había un tornillo fabricado por empresas estadounidenses.

Los dólares y euros fluyeron a borbotones para crear “disidentes”, y seguir pagando a los existentes. Además de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, SINA, las embajadas de Polonia, España, Holanda, entre otras, se volvieron centros de acopio. El propio gobierno del presidente francés Jacques Chirac, pidió al director de la muy respetable ONG, CIMADE, que hiciera un informe especial. Este lo hizo a espaldas de sus subordinados y especialistas. Basándose en ese papel, le dieron el principal premio por los derechos humanos del Estado a un “disidente” cubano.

«De esta salimos»

Cuba seguía ahí. Incólume. Y acercándose el nuevo siglo la economía empezó a levantar. Se dice, y parece que no es un chiste de los miles con que reían de su situación los mismos cubanos, que los pocos gatos que quedaban respiraron con alivio. No se olvide que estos animalitos se parecen mucho al conejo cuando se les ha quitado la piel. Ya los europeos lo habían comprobado al fin de la Segunda Guerra Mundial.

Nadie entendía, ni entiende, cómo los cubanos lograron salir de tamaño hueco. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Mundial, a los cuales Cuba no tiene derecho a ingresar por orden de Washington, designaron expertos para que encontraran el cómo. No encontraron la clave.

Yo también averigüé. Los cubanos me contaron que un día Fidel les dijo: “de esta salimos”. Y la inmensa mayoría le creyó. Eso sí, solo creyendo no fue suficiente. Lo que no quisieron ver los expertos es que la fe en el valor de SU Revolución trajo la unidad, el coraje, el optimismo y las energías necesarias.

En aproximados siete años que duró lo más terrible de esa situación, nunca se pensó en privatizar una escuela, universidad y menos un consultorio médico. Nada de los principales logros sociales de la Revolución fue tocado. Aunque los medios eran bien escasos y humildes, nadie murió por falta de atención médica, ni los niños dejaron de recibir sus útiles de estudio o el vaso de leche diario.

En una sola ocasión se dieron incidentes, con apedreamiento de vitrinas e intento de saqueos. Sucedió en La Habana. Parece que ello tomó de sorpresa a la dirigencia. Cuentan que Fidel estaba en el Consejo de Estado, y ordenó ir hasta el lugar donde ello sucedía, en el Malecón. Llegó en un jeep sin mayor escolta de seguridad. Dicen que se bajó, avanzó y se detuvo ante los que protestaban. Les pidió de lanzar los objetos contra él, porque siendo el primer dirigente del país, él era el culpable de la situación. Y… ¡Todos empezaron a dar vivas a Fidel! Se acabó la protesta que acababa de empezar. La única en toda la historia de la Revolución.

Las FAR y la economía de guerra

Sin lugar a dudas, y esto tampoco lo han tenido en cuenta los economistas de escritorio, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) han tenido una gran responsabilidad en el crecimiento de la economía. Es que su ministro de entonces, hoy presidente del país, Raúl Castro, ya tenía experiencia en llevar una economía de guerra. Y no era de ayer: desde que estaba en las montañas cubanas, peleando como guerrillero contra la dictadura. Al oriente del país creó una especie de “república independiente” en 1958, con apenas 27 años. Comandando el Segundo Frente Oriental “Frank País”, organizó un estado revolucionario que se autoabastecía en alimentos y contaba hasta con servicios de correo y aviación.

Lo que hoy está tratando de aplicar Raúl para que la nación deje de gastar tantos millones en la importación de alimentos, es una experiencia comprobada por las FAR. Estas, que desarrollaron durante el período especial las empresas que dieron más rendimiento económico y siguen dando. Y para ello Raúl pudo contar con uno de los mejores estrategas en la materia, el general Julio Casas Regueiro, fallecido el pasado 3 de septiembre (2011), ya con el cargo de ministro de las FAR.

Hoy, cuando se camina a la madrugada por las calles de La Habana y se ven los autobuses prestando servicio, y cuando los ascensores funcionan sin problema hasta el último piso, se comprueba que el momento más oscuro ya pasó.

Los obreros rasos de un proyecto fraudulento (octubre 2008)

No trabajan como lo hace la casi totalidad de sus compatriotas. En verdad que es difícil encontrar asalariados tan privilegiados. Como especie de pago, desde el exterior algunos “jefes” han recibido hasta 300 dólares mensuales. No es gran cosa, se podrá pensar en Estados Unidos o Europa.

Entonces es necesario precisar que en su país tienen vivienda gratis; electricidad, gas y agua casi gratis; educación gratis para sus hijos; y gratuita la atención médica que requieran. Beneficios que en cualquier lugar del mundo cuestan, cada mes o por ocasión, desde cientos hasta miles de dólares.

Su empleo, principalmente proporcionado y pago por Estados Unidos, consiste en ayudar a desestabilizar al Estado que les brinda los anteriores frutos sociales: Cuba.

Su empleo se llama “disidente”.

Regularmente, estos remunerados protestan iracundos porque no los dejan realizar la labor encomendada por la potencia extranjera. El ego que les ha creado la publicidad internacional los ciega. Les han hecho creer que son arquitectos, sin darse cuenta que son obreros rasos de una obra que ha sido montada en su nombre. Proyecto que no avanza, pero que sigue tragando millones de dólares. Ellos, los “disidentes”, ponen el nombre, la cara, y hasta van a la cárcel, para que otros se enriquezcan en el exterior.

Se calcula que en los últimos veinte años la Fundación Nacional para la Democracia, NED (1) invirtió unos 20 millones de dólares en el proyecto contra la revolución. La sección del Departamento de Estado encargada de la “cooperación” internacional, USAID, invirtió 65 millones de dólares desde 1996. Súmese lo que han aportado otras entidades estadounidenses, y algunos gobiernos europeos.

Por tanto un ” jefe ” “disidente” cubano no debería traicionar a su patria por 300 dólares. Bien poco serían mil mensuales. Ah, pero no son muchos los que reciben esa cantidad. La mayoría, de los aproximados cien que se dicen “disidentes”, obtienen un salario, un aporte, una ayuda de 20 o 30 dólares, y no cada mes.

Son las imágenes para un suculento negociado. La casi totalidad de las millonadas se ha quedado, principalmente, en los bolsillos de organizaciones con base en la Florida. Organizaciones europeas también comen del pastel. Tan sólo en el 2005 la NED entregó $2.4 millones para ese trabajo en esta parte del mundo. (2)

Los gobiernos y aparatajes dichos ” organizaciones no gubernamentales, ONG ” de Polonia, Rumanía y la República Checa, están entre los preferidos.

La francesa Reporteros Sin Fronteras, recibe también una buena tajada para que engrase la empresa propagandística. (3)

Desde el 2006 la General Accountability Office, GAO, brazo investigativo financiero del Congreso, decidió mirar en serio el rumbo de esos dineros, confirmando lo que se sabía desde hace años: el proyecto de “llevar la democracia a Cuba”, ha beneficiado a personas y sus y grupos, sin lograr acabar con la revolución.

Organizaciones dichas “no gubernamentales”, de países como España, Alemania o Suecia, están listas a aceptar ese nada despreciable financiamiento. Aunque algunas ya hacen parte del proyecto, con o sin fondos de Washington, como es el caso de la fundación alemana Konrad Adenauer. Novedad es que su sede en Paris, que atiende Francia y España, empezó a organizar conferencias dirigidas hacia intelectuales y universitarios.

Los millones de dólares están a la disposición en Washington. Se sabe que no pocas organizaciones europeas, llamadas “defensoras de los derechos humanos”, de “libertad de expresión”, o cualquier otro tema “civil”, ya tienen preparado su dossier. Que la pelea empiece.

Entre tanto… Sería bueno que los “disidentes” preguntaran si algún dinerito extra les pueden enviar. Quizás sea urgente. De seguro sus viviendas han sido estropeadas por los dos últimos huracanes que azotaron la Isla. O, de nuevo, ¿es el gobierno cubano quien debe encargarse de los asalariados de sus enemigos?

Para terminar esta nota, valga una aclaración siempre necesaria. En su más pura definición, “disidente” es aquel que no está de acuerdo con algo, que discrepa. Por ejemplo, uno puede disentir, discrepar, oponerse a la esposa por el método de corregir a los hijos. Pero si uno va donde la vecina, quien es enemiga de su mujer, y se une con ella para ganar el problema hogareño… Eso no es ser disidente: un simple traidor.

¿Quiénes y dónde inventaron los «disidentes»? (julio 2010)

La Agencia Central de Inteligencia, CIA, fue fundada oficialmente en julio 1947. Como parte de su primera gran estructuración, en enero de 1952 se creó a su interior la Office of National Estimates, ONE, compuesta por académicos provenientes de las más importantes universidades.

Según Ray S. Cline, quien escalara a subdirector de la CIA, la ONE teorizaba y proponía acerca de los aspectos más delicados de la política exterior estadounidense, principalmente sobre la Unión Soviética y sus aliados. (1) Con este u otro nombre, la ONE funcionó durante más de treinta años.

Uno de sus primeras elaboraciones, y quizás la más estratégica, fue “Ofensiva Psicológica contra la URSS. Objetivos y Tareas”, redactado en 1953, desclasificado en 1976, y depositado en los archivos del presidente Harry Truman. Este documento se constituyó en el manual teórico para la creación de “disidentes” en el ámbito académico, intelectual y científico.

Hacia 1958 los estadounidenses encontraron al “disidente” ideal para montar su primera gran campaña de propaganda: Alexander Solzhenitsyn. Según cuenta Jacob D. Beam, embajador estadounidense en Moscú de 1969 a 1973, Solzhenitsyn les entregaba sus escritos para que fueran difundidos en el exterior. Ellos eran “una voluminosa, locuaz y cruda masa, a la que había que organizar y redactar en un todo coherente”. (2) Beam describe cómo ellos hicieron de Solzhenitsyn el “gran escritor” que recibió el Nóbel de Literatura en 1970.

Cuando el presidente Jimmy Carter llega a la presidencia, enero de 1977, Estados Unidos era acusado de ser cómplice de los principales gobiernos violadores de los derechos humanos en el mundo. Por tanto, al interior del país, “derechos humanos” eran dos palabras que decían bien poco. Este gobierno se apropió de ellas para utilizarlas a su favor, como nueva y poderosa arma de la Guerra Fría. Se recogía la vieja recomendación del documento de la ONE: “Toda nuestra propaganda debe dirigirse al deseo de restablecer los derechos humanos, presentados como herencia del pueblo ruso”.

Zbigniew Brzezinski, consejero de Seguridad Nacional de Carter, y experto en asuntos soviéticos, fue el cerebro de la manipulación política de esos conceptos. Siendo profesor en la Universidad de Columbia, dirigió el Research Institute on International Exchange, el cual publicaría en 1975 “Disidencia en la URSS: Política, Ideología y Pueblo”. Contenía los análisis de varios académicos, donde se reconocía que los “disidentes” no eran alternativa política para el pueblo soviético, por lo tanto no servían para erosionar al sistema. Se afirmaba que el tema de los derechos humanos sería lo ideal contra la URSS y demás países del campo socialista. Urgía, decía el documento, una “campaña internacional por los derechos humanos”; encontrar y apoyar “luchadores por los derechos humanos”; y crear “un gran movimiento por los derechos humanos”.

Aunque no era compartido por el secretario de Estado, Cyrus Vance, esto fue lo que se hizo durante el gobierno Carter. Además de las Unión Soviética, las baterías se enfilaron hacia Alemania del Este y Polonia, principalmente. Brzezinski, de origen polaco, convenció al presidente de apoyarse en la Iglesia Católica en ese país para la labor de zapa, cuyos resultados le dieron razón varios años después.

Mientras Washington vendía el discurso sobre la importancia de una distensión con la URSS, lanzaba una agresión ideológica, sicológica y propagandística contra ese adversario.

Los “disidentes” pro derechos humanos no acabaron con la URSS ni con el llamado Bloque Socialista del Este, pero sí fueron utilizados para la presión política internacional. Así unos tuvieran razón, fueron manipulados.

Triste es su epílogo. Al día siguiente del derrumbe del Muro de Berlín, hasta las ONG que los financiaron y vanagloriaron, empezaron a lanzarlos al oprobioso desprecio. La mayoría de estos hombres y mujeres terminaron en la delincuencia o pidiendo limosna para sobrevivir.

Finalmente, si se quiere saber más sobre la guerra contra la Revolución cubana desde Estados Unidos, así como los orígenes de la “disidencia” y su relación con el poder en Washington, pueden descargar gratuitamente mi libro: ¿Disidentes o mercenarios? (wordpress.com)

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