Desde Perú, un maestro rural sacude el tablero político latinoamericano Diario Página/12, Argentina

Desde Perú, un maestro rural sacude el tablero político latinoamericano Diario Página/12, Argentina
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Desde el lugar menos pensado, un maestro rural sacudió el tablero latinoamericano.

Con el cien por ciento de las actas electorales procesadas, el profesor y sindicalista de izquierda Pedro Castillo es el ganador de las elecciones y presidente electo, pero no puede haber una proclamación oficial porque hay votos impugnados y pedidos de nulidad de otros votos, que deben ser revisados.

De acuerdo a diversos expertos, el resultado es irreversible, pero la derecha se niegue a aceptarlo. Castillo gana con 50.2 contra 49.8 por ciento de la derechista Keiko Fujimori, una ventaja de 70 mil votos.

Hay unos 150 mil votos, de más de 18,7 millones, que faltan ingresar al cómputo final porque están observados y eso debe resolverse. Esos votos no cambiarían el resultado, por lo que el fujimorismo pretende anular otros 200 mil votos en zonas que apoyaron ampliamente al candidato de la izquierda. No habrá un resultado oficial y proclamación del presidente electo hasta que se resuelvan los votos observados y los pedidos de nulidad hechos por el fujimorismo, una acción final desesperada de una derecha que con todo su poder económico y mediático perdió estas elecciones.

“El profesor Pedro está tranquilo”

El maestro rural que en julio debe asumir la presidencia del Perú mantuvo durante el jueves reuniones con diversos colaboradores, conversó con el presidente argentino Alberto Fernández, recibió la felicitación del mandatario boliviano Luis Arce y recibió la visita del excandidato presidencial de centroderecha George Forsyth.

Castillo no habló, pero sí lo hizo su vicepresidenta, Dina Boluarte. “El profesor Pedro está tranquilo, sereno, descansando de la campaña que ha tenido”, dijo. Con los resultados sobre la mesa, Boluarte destacó que éstos daban como ganador a Castillo, pero señaló que esperarán “con serenidad y calma” que se definan los votos observados y los pedidos de nulidad y se oficialice el resultado para declarar su victoria.

“La señora Keiko Fujimori está hablando de fraude sistemático, rechazamos esas afirmaciones. Le digo al pueblo peruano que no se deje engañar por mensajes de terror y odio. Llamo a la señora Fujimori a reflexionar y no polarizar más a la población. Hay que saber perder con dignidad y humildad”, declaró a la prensa la vicepresidenta virtualmente electa.

Sin sostén

El fujimorismo se resiste a aceptar su derrota electoral y tensa más un ambiente ya bastante polarizado. Sin pruebas, insiste en hablar de fraude y busca ganar en mesa lo que ha perdido en las urnas. Keiko ha dicho que todavía hay 500 mil votos que faltarían revisarse, una cifra inflada.

Los fujimoristas dicen que los votos observados pendientes de sumarse al cómputo final -unos 150 mil que inflan a 300 mil- son en su mayoría suyos, algo de lo que no hay evidencia. La tendencia de lo que ya se ha avanzado es validar la mayor parte de esos votos. El fujimorismo necesitaría no solo que se validen todos esos votos observados, sino que al menos el 80 por ciento sean a su favor, algo que desafiaría toda lógica de una elección muy reñida. En su principal bastión electoral, Lima, Keiko obtuvo 65 por ciento.

Como esos votos no le dan para voltear el resultado, el miércoles en la noche el fujimorismo sacó una última carta: demandar la anulación de unos 200 mil votos de regiones donde Castillo gana ampliamente, en algunos casos con más del 80 por ciento. La mayor parte son de zonas rurales, bastión electoral de Castillo. Sus argumentos no se sostienen.

Para pedir esa nulidad señalan que hay mesas de sufragio en las que sus miembros -tres, elegidos por sorteo- son de una misma familia, y, sin ninguna evidencia, saltan a la conclusión que serían familias partidarias de Castillo que coparon las mesas. Ya han salido varios de esos supuestos familiares acusados por el fujimorismo a aclarar que llevan el mismo apellido, pero no tienen ninguna relación familiar. Y no estuvieron en las mesas por su voluntad, sino que salieron elegidos en un sorteo. El plazo para impugnar a los miembros de mesa había vencido largamente antes de las elecciones.

El fujimorismo señala que hay actas en las cuales las firmas de algunos miembros de mesa no coincidirían exactamente con las de sus documentos de identidad, con lo que pretenden hablar de una supuesta suplantación. No hay ninguna pericia que determine que esas firmas no pertenecen a los miembros de mesa designados por sorteo. Y ninguna evidencia de suplantación.

También indican que hay actas de mesas donde casi todos los votos van a Castillo y Keiko saca muy pocos o en algunos casos ninguno y aseguran que eso “es imposible” y por eso exigen que todos los votos de esas mesas sean anulados. Esas actas son de zonas rurales en las que Castillo superó el 90 por ciento, por lo que esa baja o nula votación de Keiko en algunas mesas está lejos de ser “imposible”.

Así de endebles son los argumentos del fujimorismo para tratar de anular votos de Castillo y ganar en mesa. Abogados de los principales y más caros estudios de Lima trabajan con el fujimorismo para anular los votos de los ciudadanos más pobres del país, los de las zonas rurales, y con eso cambiar el resultado electoral.

Desconocer y deslegitimar

“Tienen derecho a solicitar la nulidad de votos, pero una cosa es pedir la nulidad y otra que tengan posibilidades que ese pedido se apruebe. Las razones que han dado para pedir la nulidad de votos son poco atendibles. Se busca anular votos donde Castillo gana abrumadoramente, pero los mismos problemas en otras mesas no los tocan. Este reclamo lo único que hace es alargar el fin del proceso electoral, y en el ínterin tenemos una campaña política y mediática muy fuerte hablando de fraude. La estrategia es manchar el proceso electoral y si no hay manera de revertirlo, desconocer los resultados y deslegitimar al gobierno electo”, le declaró a Página/12 Fernando Tuesta, politólogo y exjefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), encargada de organizar las elecciones y contar los votos.

Los pedidos de nulidad de votos presentados por el fujimorismo deberán ser resueltos por la justicia electoral de cada región donde se ubicaban las mesas electorales cuestionadas. Esa decisión puede ser apelada al Jurado Nacional de Elecciones (JNE), proceso que tomará varios días. Con argumentos sin base, el pedido de anulación de votos no debería pasar, con lo que se confirmaría oficialmente la victoria de Castillo. Pero hay fuertes presione sobre la justicia electoral.

Pedido de prisión preventiva

Al tiempo que los votos decretan su tercera derrota electoral consecutiva y sus desesperados recursos retrasan el anuncio oficial de esa derrota, Keiko Fujimori enfrenta la posibilidad de volver a la cárcel. La fiscalía ha pedido su prisión preventiva por no cumplir con las reglas de conducta de la comparecencia con restricciones en el proceso por lavado de dinero, organización criminal y obstrucción a la justicia que se le sigue por recibir más de 15 millones de dólares en secreto y en efectivo para sus campañas electorales de 2011 y 2016. Keiko ya estuvo varios meses en prisión preventiva por este caso.

Para Fujimori, esta elección, que se resiste a perder, es la diferencia entre zafar de un juicio con la inmunidad presidencial o enfrentar un proceso con un pedido de la fiscalía, que tiene un caso sólido, de 30 años de prisión.

¿Una esperanza plebeya para América Latina?

Por Gerardo Szalkowicz

Cabalgando las sierras andinas con su sombrero de ala ancha y un lápiz gigante en la mano, con una campaña artesanal, sin big data ni despliegue 2.0, desde un pequeño partido de izquierda y encarnando un sueño de siglos, Pedro Castillo le ganó la batalla a la clase política tradicional, a la élite empresarial y al latifundio mediático.

Logró vencer a los poderes facticos que cerraron filas con el fujimorismo activando una implacable y millonaria campaña sucia con “el peligro del comunismo”. Pero la ilusión le ganó al miedo y una histórica revancha popular se pone en marcha. Con muchas incógnitas, con algunas pocas certezas pero sobre todo con esperanzas de sobra, se abre paso por primera vez una alternativa de poder desde el Perú profundo, desde el mundo andino-amazónico siempre marginado y despreciado, un terremoto político y simbólico-cultural de gran impacto regional.

La súbita irrupción del fenómeno Castillo es producto, en primer lugar, de la descomposición del sistema político peruano; de una crisis institucional crónica marcada por la corrupción endémica, el descrédito hacia la clase política y las profundas heridas sociales y económicas que dejan 30 años de neoliberalismo y 15 meses de pandemia. Castillo, con su impronta sencilla y su lenguaje de pueblo, supo conectar con ese hastío generalizado.

Pero también es emergente de una polarización histórica. Una grieta geográfica y de clase que divide al Perú desde su conformación como Estado: el clivaje estructural entre la élite costeña y la población serrana y amazónica, entre el poder metropolitano de Lima y el empobrecido universo campesino-indígena tierra adentro. El antropólogo José Matos Mar, en su libro Perú: Estado desbordado y sociedad nacional emergente, describe esta brecha entre el “Perú Oficial” que representa el poder central, tradicional y criollo, y lo que llama “el Otro Perú”, mestizo y periférico, en una larga relación de dominación y discriminación. Y justo en las vísperas del bicentenario de la Independencia, irrumpe un proyecto que parece encarnar las demandas y la memoria colectiva de ese “Otro Perú”.

Quién es y qué promete Castillo

Tercero de nueve hermanos, nació hace 51 años en el caserío de Puña, provincia cajamarquina de Chota. La escuela de su comunidad sólo tenía hasta tercer grado así que para terminar la primaria debía caminar más de dos horas hasta un distrito vecino. “Cargar agua de lejos, ir a bañarse al manantial, correr para ir a la escuela”, así describe la infancia su hermano mayor en el documental El profesor.

Antes de empezar la secundaria trabajó dos años en las plantaciones de arroz en la selva. En las vacaciones arrancaba para Lima a changuear de lo que toque; fue canillita, vendió helados e hizo tareas de limpieza. Ya en la juventud se destacó como líder estudiantil, después empezó a ejercer la docencia y también se graduó como magíster en psicología educativa. Su militancia se curtió en las Rondas Campesinas –extendida organización en defensa del territorio–, desde donde se fue forjando como dirigente comunitario y sindical.

Desde 1995 da clases en la misma escuela rural en la que estudió de chico donde, suele contar, solo tres de sus 20 alumnos tienen celular. Saltó al centro de la escena nacional en 2017 cuando encabezó una histórica huelga docente de 70 días y en 2020 aceptó el desafío presidencial de Perú Libre, un partido que se define marxista y mariateguista. Para la primera vuelta nadie lo tenía en los planes y las encuestas lo daban séptimo.

Su propuesta de gobierno incluye una batería de transformaciones estructurales como la convocatoria a una Asamblea Constituyente para reemplazar la Carta Magna fujimorista de 1993 –el armazón que encorsetó la democracia peruana–, “una segunda reforma agraria”, nacionalizar los recursos estratégicos y aumentar los presupuestos de educación y salud del 3 al 10 por ciento del PBI.

Como contrapartida, se opone a la ampliación de derechos como el matrimonio igualitario y el aborto (aunque aclaró que trasladaría su debate al proceso constituyente), signo de un conservadurismo religioso fuertemente arraigado en la sociedad peruana.

¿Época de cambios o cambio de época?

Se abre un nuevo tiempo lleno de interrogantes. Castillo agarra un fierro caliente, el país con más muertes por covid por millón de habitantes y una economía devastada, con más del 70 por ciento de informalidad laboral. Arranca con la cancha inclinada y el árbitro en contra, con el establishment buscando desestabilizar desde el día 1 (o antes, ya se vio el terrorismo financiero con la caída de la bolsa y la disparada del dólar). La prensa caníbal hará lo suyo y tampoco estará fácil en el Congreso, donde Perú Libre tendrá sólo 37 de las 130 bancas, en un país donde los últimos cinco presidentes electos terminaron destituidos y/o presos. ¿Cómo podrá maniobrar con esta frágil gobernabilidad?

Otra incógnita es cómo se parará Castillo en el escenario regional. Es inevitable la comparación con Evo Morales, por la simbiosis entre origen humilde, identidad étnica y discurso de izquierda. El ex presidente boliviano fue el primer entusiasta con su aparición: “Es del mismo linaje”. También recibió el espaldarazo de José Mujica, con quien realizó un vivo por Facebook, y de gran parte de los movimientos populares latinoamericanos. Seguramente se acerque al polo progresista y saque al Perú del moribundo Grupo de Lima, cuyo nombre quedará en ridículo.

El devenir marcará el rumbo de esta encrucijada. Si a Castillo lo devora el sistema y, como el dicho, termina bajándose del caballo por la derecha, o si se anima a refundar el país y a cambiar el rumbo de la historia construyendo ese futuro que, como imaginaba Mariátegui, no sea “ni calco ni copia sino creación heroica”.

Editor de NODAL. Autor del libro “América Latina. Huellas y retos del ciclo progresista”.

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