El BID, la punta de lanza del dominio financiero

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La designación de un estadounidense a la cabeza del BID tiene como objetivo el tomar las riendas del futuro financiero de toda la región. Quien quiera que sea el próximo inquilino de la Casa Blanca en noviembre de este año, tendrá la mesa servida para avanzar en esa senda.

El reciente nombramiento del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) es la más triste constatación del nivel de sometimiento a EEUU por parte de algunos gobiernos latinoamericanos y la impotencia de otros por querer mantener la tradición de que sea un latinoamericano quien esté a la cabeza de dicha institución.

Cabe aclarar que dicha designación (porque no fue una elección realmente) no se trató de un enfrentamiento ideológico en una institución democrática. Pues el BID, de democracia poco tiene, ya que el voto depende del poder económico en el banco, ahora en manos de EEUU.

Algo interesante y que quedará para la historia, fue que por primera vez en muchos meses se vio a cuatro países unidos en su resistencia a la designación de Claver-Carone, mismos que antes los habíamos observado en discordia por temas políticos. Los gobiernos de Argentina, Chile, Costa Rica y México habían respaldado públicamente la postergación de las elecciones, pero no lograron su objetivo.

Hay que destacar que el BID ha incrementado ampliamente su presencia financiera estos años en todos los países latinoamericanos y caribeños. Tampoco hay que perder de vista que las políticas de préstamos del BID han obedecido siempre a Washington, lo que significa que el BID seguirá otorgando préstamos acordes a sus visiones políticas y a los gobiernos de su simpatía.

EEUU ha invertido suficiente en el banco y ahora está decidido a hacer sentir su poder. Los productos financieros del Grupo BID incluyen: préstamos, donaciones, garantías e inversiones (estas últimas disponibles de BID Invest y BID Lab). El principal activo productivo del BID es su cartera de préstamos la cual ascendió a 96.723 millones de dólares al 31 de diciembre de 2019.

El Gobierno de EEUU tiene meridiana claridad del momento que atraviesa el mundo, donde las instituciones prestamistas multilaterales pasarán a jugar un rol muy importante en tiempos de iliquidez. El presidente norteamericano se ha dejado de hipocresías y por eso decidió colocar a su ficha personal en el BID, que no es una institución que destaque por su democracia.

Pese a las resistencias, Mauricio Claver-Carone fue elegido como presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) durante una reunión por vía electrónica de la Asamblea de Gobernadores del Banco y asumirá funciones el 1 de octubre de 2020, por un período de cinco años, y será responsable de las operaciones del Grupo BID, que está formado por el BID, BID Invest y BID Lab.

¿Por qué ahora el BID?

La CEPAL nos ayuda a entender mejor la actual atmósfera internacional y llama nuestra atención sobre un tema no menor: “ante el escenario de incertidumbre financiera que se vive a nivel mundial, es importante analizar las presiones futuras sobre el servicio de la deuda pública”.

La misma institución hace una advertencia importante: “según cifras de Bloomberg, (correspondientes a febrero de 2020) sobre instrumentos de deuda soberana para los que existe un mercado secundario, se estima que, entre 2020 y 2030, los países de América Latina enfrentarán obligaciones por servicios de la deuda (capital e intereses) por 2.485 millones de dólares. De este monto, el 77% (1.904 millones de dólares) se registra en el período 2020-2025, con una marcada concentración (el 20% del total) en 2020”.

Más preocupante aun cuando agrega que “este perfil de vencimiento de los servicios de la deuda pública debería cambiar en los próximos meses debido a las presiones que ejerce la pandemia del COVID-19 sobre las necesidades de financiamiento de los gobiernos centrales”.

Dicho organismo internacional, asimismo, informa que la deuda bruta de los gobiernos centrales de América Latina en 2019 alcanzó un promedio del 45,2% del PIB, lo que representó un aumento de 3,3 puntos porcentuales del PIB en comparación con 2018 y advierte que las cifras económicas preliminares señalan que el mundo ha entrado en una fuerte recesión y dan indicios de que esta probablemente sea de una intensidad superior a la de la crisis financiera mundial, lo que tendría graves consecuencias para el bienestar de la población.

Solo como ejemplo tomemos el caso de Colombia, cuyo endeudamiento externo ronda el 50% del PIB. A junio de 2020, el saldo de la deuda externa alcanzó los 146.642 millones de dólares y, para 2020, el Gobierno prevé que las fuentes de financiamiento externas serán de 10.855 millones de dólares.

Otro país que oyó las instrucciones de Washington fue Bolivia, que según datos del Banco Central de Bolivia (BCB), a febrero de este año el saldo de la deuda externa pública de mediano y largo plazo alcanzó los 11.261 millones de dólares. Bolivia debe al BID un total de 3.361 millones de dólares.

Se fortalece la Iniciativa América Crece

Así Washington ha logrado enlazar y tener bajo control dos mecanismos importantes: la presidencia del BID y la Iniciativa América Crece, que es el plan para la expansión de la influencia de EEUU en Latinoamérica y el Caribe para lograr un reformateo de la dependencia económica, financiera y política de la región.

A través de América Crece, EEUU y los gobiernos de la región (donde por ahora son parte Argentina, Chile, Jamaica, Panamá, Colombia, Ecuador, Brasil, El Salvador y Honduras y Bolivia) hicieron un compromiso diplomático de encaminar la agenda que será trazada por los organismos y agencias norteamericanas y sus respectivas entidades empresariales de los países.

Ahora Trump tiene la sartén por el mango: el manejo directo de la institución financiera y por otro lado el compromiso mediante la Iniciativa América Crece de consultar y diseñar con las agencias norteamericanas el rumbo del endeudamiento, las inversiones y las políticas de la región.

Dicho esto, sería un error pensar que con esta decisión en el BID el Gobierno de Trump busca simplemente compensar sus fracasos de otras acciones sobre América Latina y el Caribe.

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