Garrote imperialista pero sin zanahoria

Garrote imperialista pero sin zanahoria
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Estados Unidos tiene la capacidad de ejercer una amplia presión sobre otros países, no sólo a través de las relaciones bilaterales, sino también a través de organizaciones internacionales subordinadas como el FMI y el Banco Mundial. Aunque esto viola el derecho internacional, se ha convertido en una práctica habitual de la diplomacia preventiva, es decir, amenazas de castigos posteriores que pueden tener efectos económicos y políticos a largo plazo.

En particular, se ha observado anteriormente que los países que votaron en contra de la posición de Estados Unidos en la ONU se enfrentaron entonces a restricciones para recibir préstamos o créditos de estas instituciones financieras. Este fue el caso de la votación durante la Operación Tormenta del Desierto contra Irak. Una opción similar fue utilizada por Estados Unidos contra Rusia. Esto explica por qué tantos países en desarrollo están en la lista de Estados que votaron contra Rusia en la ONU.

Al mismo tiempo, para evitar ser golpeado por el látigo estadounidense, ¡incluso la amistosa Serbia votó en contra de Moscú! El presidente Aleksandar Vučić justificó entonces que la decisión se había tomado bajo la presión de los países occidentales, pero que Serbia no iba a imponer ninguna sanción a Rusia. Dada la ocupación de Kosovo, Serbia no tiene plena soberanía ni siquiera en teoría, por lo que se ve obligada a hacer equilibrios entre el colectivo de Occidente, por el cual está rodeada, y Rusia.

Sin embargo, allí se entiende que el restablecimiento de la soberanía sólo puede venir con la ayuda de Rusia, no con la acción de Occidente. El futuro próximo mostrará cómo se desarrollará esta dirección, especialmente teniendo en cuenta las recientes entregas de armas por parte de Gran Bretaña a los kosovares, que Belgrado ha valorado como inamistosas.

Insolente injerencia en Pakistán

El caso más evidente de la reciente injerencia estadounidense en los asuntos internos de otro país por una posición independiente es el cambio de gobierno en Pakistán. El primer ministro estuvo en Moscú cuando se inició la operación especial en Ucrania y se reunió con los dirigentes de nuestro país.

Pakistán no votó contra Rusia en la ONU y también se negó a condenar a Moscú tras un llamamiento colectivo de los embajadores de la UE. Desde Washington se le dijo, a través del embajador de Pakistán en EE.UU., que debía dimitir o de lo contrario sería peor para Pakistán. Imran Khan no tuvo reparos en decirlo abiertamente en un mitin público, donde denunció una clara injerencia del exterior.

Pero el golpe parlamentario se produjo, aunque se intentó evitar una moción de censura. Pakistán tiene ahora un gobierno proamericano, que ha empezado a cambiar a los principales ministros. Y el Movimiento de Solidaridad está sacando a la calle a miles de simpatizantes en varias ciudades del país. Están previstas protestas masivas para el final del mes sagrado del Ramadán en el propio Islamabad.

Ya existe un nivel récord de sentimiento antiamericano en Pakistán. Imran Khan ha prometido luchar tanto contra la injerencia estadounidense como contra el “gobierno importado”, entendiendo por tal la actual coalición en la Asamblea Nacional de la Liga Musulmana-N y el Partido Awami de Pakistán.

Dada la frágil situación de Pakistán, este “golpe” afectará en primer lugar al propio pueblo pakistaní, que sufre prolongadas perturbaciones y falta de estabilidad política.

También contra India

En la vecina India, Washington también ha intentado influir en la toma de decisiones sobre la interacción Nueva Delhi-Moscú.

En la cumbre 2+2 entre India y Estados Unidos, celebrada en la capital india el 12 de abril, se habló del conflicto en Ucrania y de posibles restricciones comerciales y económicas. Durante la conferencia ministerial conjunta, hubo una condena inequívoca de las muertes de civiles y se pidió un alto el fuego inmediato, pero fue imposible conseguir que la India dejara de comprar recursos energéticos rusos e incluso armas de Estados Unidos.

Aunque Blinken y el jefe del Pentágono, Lloyd Austin, intentan atraer a India a su órbita, Nueva Delhi no se cree las promesas y es pragmática en cuanto a la ampliación de la cooperación técnico-militar entre India y Estados Unidos. Con India no hay ni zanahoria ni palo, aunque Estados Unidos no tiene ninguna zanahoria.

Turquía, por su parte, ha sucumbido claramente a la presión de Estados Unidos. Ankara anunció la víspera el cierre del espacio aéreo turco para los aviones rusos que vuelan a Siria. El ministro turco de Asuntos Exteriores, Mevlüt Çavuşoğlu, explicó que el permiso para volar con aviones rusos se había concedido durante tres meses y se había prorrogado repetidamente, y ahora ha expirado. Los turcos lo han notificado a Moscú con antelación. Esto se aplica tanto a las aeronaves civiles como a las militares.

Evidentemente, aquí no intervino Estados Unidos, que intenta presionar al máximo a Turquía porque no se sumó a las sanciones contra Rusia (esto habría golpeado duramente los propios intereses de Turquía).

América Latina

En América Latina, la Casa Blanca también está intentando, si no formar una coalición antirrusa, al menos conseguir que algunos países acepten las sanciones antirrusas. En Colombia, donde se avecinan nuevas elecciones presidenciales y en medio de una aguda inestabilidad social, se escuchan cada vez más acusaciones contra Venezuela, donde supuestamente hay personal militar ruso, que podría causar algún daño a Colombia.

Además, el presidente colombiano Iván Duque ha hablado con dureza de Rusia, señalando que los combatientes de las FARC pueden tener algún tipo de vínculo con Rusia. Y en relación con su retórica, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Maria Zakharova, hizo una declaración especial, señalando la necesidad de preservar las relaciones amistosas entre Rusia y Colombia a pesar de ese tono ignorante del jefe colombiano.

Es de suponer que la actividad actual del Departamento de Estado de EE.UU. está, de un modo u otro, vinculada a la política antirrusa. Si no se hace directamente, al menos indirectamente.

En los días 20 de abril, el Secretario de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken, visitó Panamá con el Secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorcas, para tratar temas de migración y sanciones contra Rusia. Oficialmente, Blinken agradeció a los dirigentes panameños su postura proamericana.

Dado que EE.UU. es el principal socio económico de Panamá y el principal inversor directo (incluyendo la operación del Canal, donde más del 70% de la carga que pasa por él tiene como destino o es enviada desde EE.UU.) es obvio que seguirán el ejemplo de Washington en este aspecto.

Además, Ucrania había intentado anteriormente, a través de su embajador en ese país, que Panamá cerrara el canal al paso de los buques rusos. Sin embargo, las autoridades panameñas se negaron a imponer tales restricciones, alegando la condición de neutralidad del canal en relación con los asuntos políticos internacionales.

De manera reveladora, el caso anterior del dossier de Panamá, con datos sobre las cuentas de varios oligarcas, fue utilizado por EE.UU. contra Rusia para imponer sanciones adicionales. Es probable que las futuras restricciones de Panamá sean por utilizar su país para inversiones rusas o algún tipo de transacciones financieras. Pero los principales actores de América Latina han resistido hasta ahora las exigencias antirrusas de Washington.

México se ha negado a seguir las sanciones contra Rusia, como ya hizo contra Cuba. Aunque aquí hay que tener en cuenta que el presidente López Obrador es crítico con Estados Unidos, aunque es consciente de la fuerte dependencia de su país con el vecino del norte.

Hasta ahora, Argentina ha tenido éxito a la hora de hacer frente a estas presiones: su ministro de Asuntos Exteriores, Santiago Cafiero, ha declarado que Argentina no secundará estas acciones.

En general, Brasil ha condenado las sanciones occidentales contra Rusia por agravar el impacto económico del conflicto y perjudicar a los pueblos que dependen de los recursos básicos. “[Estas sanciones] podrían agravar las consecuencias económicas del conflicto y afectar a la cadena de suministro básico”, dijo el ministro de Asuntos Exteriores brasileño, Carlos França, a principios de abril, en referencia al embargo impuesto por Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, contra Rusia.

En una comparecencia ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado, el jefe de la diplomacia brasileña dejó claro que esas medidas iban dirigidas a los intereses de un pequeño grupo de gobiernos, mientras que perjudicaban a otros que dependen de los recursos básicos. En este sentido, hay que tener en cuenta la gran dependencia de ambos países del suministro de fertilizantes rusos, de los que Brasil y Argentina dependen para sus sectores agrícolas.

Todavía hay muchos países de África y Asia que han condenado externamente las acciones de Rusia en la ONU, pero que formalmente siguen participando. Tarde o temprano, Washington llegará a ellos, exigiendo que se sumen a las sanciones o que impongan algunas restricciones especiales.

Está claro que esto afectará a su propia soberanía y en esta difícil elección mucho depende de la voluntad política de los dirigentes. Sin embargo, la diplomacia rusa no debería esperar a algunas nuevas intrigas del Departamento de Estado, sino que debería llevar a cabo una política exterior más activa y maximizar la cooperación con los Estados amigos y neutrales.

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