¿La CIA prepara operación de bandera falsa desde Colombia? Misión Verdad, Venezuela

¿La CIA prepara operación de bandera falsa desde Colombia? Misión Verdad, Venezuela
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Es amplio y elocuente el papel de Colombia en la ya permanente operación de cambio de régimen contra Venezuela. Puede que algunos sucesos recientes ocurridos en aquel país sean dignos de atención y análisis, sin embargo todo eso pasaría por una serie de preguntas que ayuden a despejar qué está detrás de esos hechos y hacia dónde se dirigen.

Quizás el suceso más curioso es la visita del jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, William J. Burns, a ese país para participar en una misión “delicada” en materia de seguridad, como parte de la cooperación entre ambos países. La visita se lleva a cabo luego de que el presidente estadounidense Joe Biden conversara por vía telefónica con su homólogo colombiano Iván Duque.

El embajador de Colombia en Washington, Francisco Santos, no quiso dar mayores detalles sobre la visita de Burns a Bogotá. Al ser cuestionado sobre la misión, Santos dijo:

Prefiero no decirle es una misión delicada, una misión importante en materia de inteligencia que logramos coordinar.

Agregó que la visita del funcionario estadounidense a Colombia se hizo por un contacto, luego de haber tenido ya tres reuniones con el organismo y que en esas reuniones les han comentado a dónde van y qué está pasando, por lo que consideran que su visita es “muy importante”.

¿Humo en torno a un carro-bomba?

Otro suceso inquietante es el supuesto ataque ocurrido en una base utilizada por la Brigada 30 del Ejército colombiano en Cúcuta, a 10 km de la frontera con Venezuela. Sin pruebas, el ministro de Defensa colombiano, Diego Molano, culpó del hecho a las guerrillas del Ejército Nacional de Liberación (ELN) y las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) diciendo: “Rechazamos y repudiamos este acto vil y terrorista que pretendía atentar contra los soldados de Colombia”, agregando que “Treinta y seis personas resultaron heridas. Tres de ellas de gravedad”.

Según versiones oficiales, dos hombres condujeron una camioneta blanca, marca Toyota, hacia la base después de hacerse pasar por funcionarios y posteriormente hubo dos explosiones que, además de causar heridos, afectaron la infraestructura de la base militar. Videos en redes sociales mostraron lo que parecía ser personal militar estadounidense en la base después del ataque.

Según opiniones de exfuncionarios y periodistas hay elementos de la versión que no concuerdan, algunos llegaron a afirmar que el Ejército transportaba explosivos militares del tipo pendrita (que no necesita detonante) que se activaron.

Además se preguntan por qué los grupos irregulares no actuaron en otras ocasiones sino en medio de una larga jornada de dos meses de protestas y paro nacional en la cual el gobierno de Duque ha desatado una ola represiva. El saldo ha sido 327 desaparecidos y 83 homicidios, 44 de estos con presunta autoría de la Fuerza Pública.

Otros, como el periodista Gonzalo Guillén, han mostrado extrañeza sobre detalles, como que el carro-bomba no dejara ninguna marca en el poste de al lado ni en el carro de atrás y que los cauchos (llantas) hayan quedado intactos. “¡Milagro! El carro-bomba de Cúcuta no dejó ninguna marca en el poste de al lado ni en el carro de atrás. ¡Bendito sea dios!”, publicó en su cuenta de Twitter.

De allí que se haya diseminado la sospecha de que se trataba de una cortina de humo para distraer de algunas decisiones controversiales como el hundimiento del proyecto “Matrícula Cero” que le daría educación gratuita a 140 mil jóvenes colombianos anualmente, los partidos tradicionales también hundieron la ley que prohibiría el fracking; el proyecto de renta básica para los más afectados por la pandemia y al mismo tiempo aumentaron el presupuesto a la Procuraduría, entidad de control criticada por la poca transparencia en su política de contratos y por persecución política.

Según el blog La Tabla, el ELN aseguró en un breve comunicado que no tienen que ver con el ataque, además, tras el atentado resultaron ilesos los 11 agentes de la Misión SFAB (1ª Brigada de Asistencia y Fuerza de Seguridad adscrita al Comando Sur) del ejército estadounidense que permanecían en la base militar.

Se trata de un comando militar que asesora in situ para el combate contra el narcotráfico desde junio de 2020. Está conformado por especialistas en análisis de operaciones, forma táctica y estrategia contra “amenazas o factores desestabilizantes” y proviene de la Academia de Capacitación de Asesores Militares en Fort Benning, Georgia. Tal presencia ha sido rechazada por el gobierno venezolano y distintos movimientos sociales del continente.

Duque ofreció recompensa de 500 millones de pesos (133 mil dólares) para los que den información sobre los autores del “atentado” y anunció asistencia militar para el patrullaje de Cúcuta, viajó a esa ciudad en la noche del día siguiente, se pronunció sobre los posibles autores de la acción y dio cuenta de la hoja de ruta para atrapar a los responsables.

El jefe de Estado colombiano también anunció la creación de un grupo especial de criminalística, apoyado por personal especializado del Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Estados Unidos para llevar a cabo las pesquisas. También de un “plan muralla” en la frontera para evitar que los posibles autores del atentado huyeran a Venezuela para esconderse.

Diez días después, ataque al helicóptero presidencial

Mucho más inquietante ha sido el supuesto atentado al mismo presidente Iván Duque. El pasado viernes 25 de junio el helicóptero Black Hawk en el que viajaba fue atacado cuando el mandatario cumplía con un compromiso en el municipio de Sardinata, zona fronteriza del Catatumbo en el departamento Norte de Santander.

Fuentes oficiales informaron que viajaba con los ministros del Interior, Daniel Palacios, de la Defensa, Diego Molano, y el gobernador de Norte de Santander Silvano Serrano, quienes asistían a un evento llamado “Paz con Legalidad, capítulo Catatumbo Sostenible”.

De acuerdo a los informes, el helicóptero en cuestión habría recibido seis impactos de bala y todos los tripulantes concluyeron el viaje a salvo. Minutos después del incidente, mediante un video divulgado en las redes sociales, el mandatario colombiano calificó el suceso como un “atentado cobarde”, afirmó que giró instrucciones a todo el equipo de seguridad de ir tras quienes dispararon contra la aeronave y expresó que “tanto el dispositivo aéreo, como la capacidad de la aeronave, evitaron que ocurriera algo letal”.

Duque agregó que “No nos amedrentan con actos de violencia ni con actos de terrorismo”, a la vez que la Presidencia colombiana publicó un video de la aeronave atacada.

Pocas horas después de los hechos, las autoridades de Colombia publicaron el retrato hablado de dos presuntos autores materiales de la agresión elaborados por la Fiscalía y distintas dependencias policiales.

El ministro de Defensa, Diego Molano, afirmó que ambas personas dispararon unos fusiles AK-47 y FAL 7,62 que fueron encontrados cerca de la zona donde se produjo el ataque y reportados al día siguiente, consideró que no se trató de un ataque aislado y que “no está desarticulado de lo que ha venido pasando a lo largo de los últimos dos meses”, ya que “los ataques a gobernaciones y alcaldías llegan a su punto máximo con este ataque al presidente”.

Molano dijo que “Se ha recibido información de una posible alianza criminal narcotraficante entre el frente urbano del ELN y las disidencias de las FARC grupo armado residual 33”. Medios locales anunciaron la realización de 102 actividades de estudio de criminalística genética, balística y dactiloscópica, 45 entrevistas judiciales y el análisis de 22 cámaras con 160 horas de grabación por parte de las autoridades.

El director de la Policía Nacional, general Jorge Luis Vargas, aseguró desde Cúcuta el hallazgo de las armas ya mencionadas y afirmó que “de las 20 vainillas percutidas encontradas en el lugar de los hechos 14 pertenecen al fusil FAL preliminarmente y 6 de ellas al fusil AK-47, según los peritos preliminares de la Policía y la Fiscalía General”. Agregó que una de las armas halladas tiene marcas de las Fuerzas Armadas de Venezuela (sic) y que los disparos se realizaron desde un sector aledaño a la terminal aérea, un barrio que lleva el mismo nombre del aeropuerto: Camilo Daza.

Algunos analistas han expuesto dudas respecto a algunos datos criminalísticos aportados por las autoridades como el uso de un fusil FAL por parte de grupos guerrilleros, este tipo de armamento fue desincorporado por el presidente Hugo Chávez en 2005 y es conocida la preferencia de las guerrillas por armamento más liviano, incluido el AK-47.

Otros han satirizado sobre el hecho de que ninguno de los disparos mostrados haya atinado a la parte inferior del fuselaje de la aeronave sino en la parte superior.

Más analistas han explicado la necesidad del gobierno uribista de desatar más agresiones e inestabilidad contra Venezuela haciéndole creer al público que desde este país se les ha atacado, lo típico en una operación de bandera falsa.

¿Señalar a Venezuela como distracción?

Aunque hasta ahora desde la Casa de Nariño no se ha acusado al gobierno venezolano de ambos hechos, ya es conocido el acto reflejo de la administración Duque que le hace señalar a Caracas, sin pruebas siempre, en cuanto suceso negativo le ocurre. La gravedad de los supuestos hechos recientes no ha impedido que el mandatario continúe participando en actos públicos, no se ha implementado el lógico repliegue y resguardo que ameritan sucesos de dicha naturaleza.

Quien sí enfiló contra su propio país, sin pruebas, fue el exdiputado Juan Guaidó, quien escribió en su cuenta Twitter que “el auge de atentados en nuestro hermano país tiene relación con acceso a recursos y protección de la narcoguerrilla desde la dictadura en Venezuela”.

Caben muchas preguntas respecto a la motivación de tal declaración, la más evidente es si el vocero del antichavismo pro-estadounidense busca notoriedad luego de que tanto Biden como Duque le han ignorado de manera continua en los últimos meses. Al punto que no fue mencionado en ninguno de los dos comunicados derivados de la llamada entre ambos presidentes.

Como se supo, el pasado lunes 28 de junio Biden ofreció a Duque “su apoyo para enfrentar acciones terroristas” y, según comunicó la presidencia colombiana, “…expresó su preocupación por la situación en Venezuela y su impacto regional, y subrayó la importancia de buscar un consenso internacional para unas elecciones libres y justas”. Asimismo “reconoció el esfuerzo de Colombia al ofrecer el Estatus de Protección Temporal para los migrantes venezolanos que han tenido que salir por la situación de su país”.

Aunque Guaidó ha ido al punto, tanto en Washington como en Bogotá pareciera rondar la tentación de involucrar a Venezuela y algo falta por ocurrir. Por su parte el expresidente y operador de la derecha global, Andrés Pastrana, aseguró tener claro que las razones del paro en Colombia no están en su país sino en la injerencia del “castrochavismo”.

El político conservador ha declarado que hay injerencia del presidente Nicolás Maduro en la violencia de las protestas en Colombia debido a que dijo en 2019 que “la brisa bolivariana llegaría a Colombia” y ese mismo año se dieron protestas. Pastrana declaró a comienzos de junio pasado: “Esto es un andamiaje criminal que quiere incendiar a Colombia. El enemigo de Colombia no son los sindicalistas ni los estudiantes, el enemigo de Colombia se llama Venezuela y directamente Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, toda esa narcodictadura que está en Venezuela”.

Ha aportado como prueba que el primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello, dijo que si Colombia se metía con Venezuela, les harían la guerra en su territorio. Agregó que el bolivarianismo “quiere tomarse a Colombia porque es la Joya de la Corona”.

La vicepresidenta y canciller colombiana, respaldando declaraciones sin pruebas del entonces presidente saliente de Ecuador, Lenin Moreno, tuiteó el 6 de mayo pasado: “Siempre dijimos que la narcodictadura de Maduro no solo ha generado la más grande tragedia humanitaria para el pueblo venezolano, sino que además pretende exportar su modelo a Colombia a través de sus aliados y amigotes de siempre. No lo lograrán. Colombia es grande. Marta Lucía Ramírez”.

En septiembre de 2019 el mismo Duque entregó un informe al secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, con fotos e informaciones sobre la supuesta presencia de varios miembros del ELN en Venezuela y también la presunta protección y respaldo del Gobierno Bolivariano a estos guerrilleros.

Posteriormente el diario local El Colombiano publicó un informe que demostraba cómo una de las fotos presentadas por el presidente colombiano como una parte de la “penetración del ELN en escuelas rurales del estado de Táchira (en Venezuela) (…) en abril de 2018”, no correspondía ni a ese lugar ni a la fecha expuesta. La foto mencionada fue tomada tres años antes, en 2015, en el departamento del Cauca, suroeste colombiano.

Colombia como avanzada imperial

La tarde del 1° de julio el presidente Maduro alertó sobre la visita del jefe de la CIA y las acciones del Comando Sur manifestando que “Allá, en Colombia, estuvo el comandante del Comando Sur, Craig Faller, y me dicen que estuvo, recientemente, el director de la CIA en Colombia, andan montados en algún plan secreto para hacerle daño a Venezuela”. Aseguró que algunos informes lo revelan y destacó que no fue publicada ninguna información sobre la agenda o los puntos conversados entre la CIA y la administración Duque.

El Comando Sur de Estados Unidos posee siete de las más de 70 bases militares que Estados Unidos tiene en Latinoamérica, está desplegado en territorio colombiano y activo en la frontera colombo-venezolana, así lo demostraron informaciones en torno a lo ocurrido con el carro-bomba.

La presencia de los militares estadounidenses tan cerca de Venezuela es justificada por Colombia y Estados Unidos bajo el pretexto de la lucha antinarcóticos, sin embargo no hay fuente oficial que incluya su presencia en alguna base militar del departamento Norte de Santander.

Desde 2009 fue firmado un convenio Washington-Bogotá por el entonces presidente Álvaro Uribe y Venezuela lo denunció como parte de una estrategia imperial para retomar la hegemonía perdida en América Latina tras el llamado “ciclo progresista”. Se trata de la década en la que varios gobiernos de izquierda y nacionalistas accedieron al poder por la vía de los votos. El mencionado convenio entre Bogotá y Washington estipula que los efectivos estén en instalaciones ubicadas en departamentos lejanos a Venezuela.

La política de “seguridad democrática” de Uribe ha estado vinculada a hechos poco transparentes como falsos positivos y operaciones de bandera falsa desde sus inicios. En 2006 un coronel, un mayor, un capitán y un teniente del Ejército colombiano fueron acusados y juzgados por cometer atentados terroristas en Bogotá con carros-bomba y una casa-bomba para juzgarlos como falsos positivos. Estos sucesos fueron previos a la segunda toma de posesión presidencial de Álvaro Uribe Vélez.

El intento más reciente de una bandera falsa fue el intento de ingresar un convoy de camiones con supuesta “ayuda humanitaria” el 23 de febrero de 2019, desde el mismo departamento de Norte de Santander. Buscando socavar la autoridad del gobierno constitucional del presidente Maduro los medios cartelizados impusieron el relato de un escenario de catástrofe en la frontera y en el resto de Venezuela.

Por su parte, Estados Unidos posee un largo historial de ataques de bandera falsa desde la Batalla de Fort Sumter (1861) pasando por la voladura del acorazado USS Maine (Cuba, 1898), la Operación Gladio (Italia, 1945-1992), el incidente del Golfo de Tonkín (Vietnam, 1964) hasta el montaje de la Toma de la Plaza Verde de Trípoli (Libia, 2011).

Queda por ver atentamente los siguientes pasos de Colombia bajo el auspicio de Estados Unidos, de ello dependerá la estabilidad de la región y el avance de Venezuela en su búsqueda tanto de la independencia nacional como de la integración latinoamericana.

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