La guerra entre Armenia y Azerbaiyán

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Por Alberto Rodríguez García, Russia Today (RT)

Hay algo que nunca perdonará Turquía a los armenios: haber sobrevivido al genocidio. Hoy, el intento de sultán Recep Tayyip Erdogan apoya con todo a Azerbaiyán en la mayor escalada bélica de Nagorno Karabaj en dos décadas; una guerra que más bien se ha convertido en una larga y lenta campaña de limpieza étnica.

Ya desde la independencia de ambos estados nunca ha habido una paz real entre Armenia y Azerbaiyán, y a pesar de verse hoy como un conflicto post-soviético, ya durante la era soviética, en 1988, se desató la violencia étnica entre ambos cuando la población armenia de Nagorno Karabaj –la absoluta mayoría– inició un proceso democrático y pacífico para reunificar la región autónoma con Armenia, que culminó en una votación histórica el 20 de febrero de ese mismo año. La respuesta azerí fueron pogromos en Kirovabad y Bakú. Otra vez, el 10 de diciembre de 1991, la población volvió a votar en un referéndum con un 99,98 % de votos a favor de la creación de una república independiente (Nagorno Karabaj, ahora Artsaj) como respuesta a la decisión de Azerbaiyán en noviembre de ese año de abolir la autonomía de la región.

Durante el invierno del año siguiente, la violencia aumentó exponencialmente desatándose una guerra hasta 1994, cuando tras más de 30.000 muertos se logró un alto el fuego con mediación rusa impulsando el Grupo de Minsk (Rusia, Francia y EEUU, pero también Bielorrusia, Alemania, Italia, Suecia, Finlandia, Turquía más Azerbaiyán y Armenia) de la OSCE. Ello no llevó a la firma de la paz, que todavía hoy no se ha logrado. Tal es así que las escaramuzas nunca cesaron y el alto el fuego se rompe entre tanto y cuanto, como en abril de 2016, en julio de 2020 y en estos momentos (es importante destacar que los tres enfrentamientos empezaron tras la agresión de Azerbaiyán). Una paz lejana ya imposible tras la agresión azerí del 27 de septiembre de este 2020; la escalada más violenta en dos décadas que ha demostrado estar planificada desde hace tiempo por los azeríes y por los turcos.

Tal vez al lector le pueda sorprender la mención a un referéndum para integrar el Alto de Karabaj en Armenia. Para comprenderlo debemos echar la vista atrás; concretamente al principio del siglo pasado. Aunque el conflicto de Nagorno Karabaj se reactivó durante la decadencia soviética y ha escalado gravemente tras la disolución de la URSS en 1991, la disputa tiene su origen ya durante la Rusia Zarista (con masacres entre tártaros y armenios) y se hizo mayor con las fronteras dibujadas de la URSS, cuando el 7 de julio de 1923 el joven gobierno socialista creó el Óblast Autónomo del Alto Karabaj, integrado en el territorio azerí a pesar de ser étnicamente armenio y culturalmente cristiano. Un terreno pequeño pero importante para la historia de Armenia, ya que sus montañas protegieron el territorio de incontables intentos de invasión. Es parte de su identidad, pero hoy, como ayer, también de su supervivencia.

Ya desde la independencia de la Primera República de Armenia en 1918, su existencia ha estado ligada a la lucha por la supervivencia entre enemigos. En apenas dos años de existencia y por el nefasto reparto de Transcaucasia, los armenios tuvieron conflictos con los otomanos (más allá del genocidio armenio cometido por los jóvenes turcos), georgianos, azeríes y nacionalistas turcos, hasta que en 1920, en la guerra en la que sufrieron la invasión de los nacionalistas turcos, tuvieron que rendirse en el tratado de Alexandropol (o de Gümrü). La derrota supuso la pérdida, entre otros, de Nagorno Karabaj y Najicheván; el fin de la Gran Armenia, que se había acordado el mismo año en Sèvres (pero que Turquía no respetó), y la integración de la república pocos días después en el embrión de lo que sería la Unión Soviética como única salvación ante la campaña de conquista de los turcos que buscaban la aniquilación del estado armenio.

Además del ya mencionado reparto injusto de fronteras, la URSS de Stalin siempre estuvo determinada por un trato de favor hacia Turquía en el Cáucaso –influenciado en gran medida por el acercamiento a Kemal Ataturk–; en detrimento de los intereses armenios. Tal es así que no solo el Alto Karabaj, sino que también entregaron a Azerbaiyán Najicheván; un territorio histórico de Armenia que los turcos lo ocuparon en 1918, lo recuperaron los armenios al año siguiente y que finalmente conquistaron turcos y bolcheviques hasta que Lenin decidió entregárselo a los azeríes. Es importante destacar que aunque la mayoría de la población actualmente de Najicheván es de origen azerí, en 1988 hubo un pogromo en el que se expulsó a los armenios que quedaban tras el genocidio de 1915.

Un escenario de desequilibrio

Para Armenia, el Alto de Karabaj, República de Artsaj desde 2017, no solo es un ‘pedazo de tierra’ como tiende a interpretarse desde fuera. Es el territorio que históricamente los ha protegido de las invasiones, por el que distintos imperios han prestado batalla. Es parte de su identidad, y es un territorio de población armenia que intenta ocupar Azerbaiyán; el mismo estado que en 1920 masacró y expulsó a miles de armenios de Nargono Karabaj durante el Pogromo de Shusha, que profesa un nacionalismo túrquico tremendamente radical, belicista y depredador.

Azerbaiyán se puede permitir pensar a largo plazo frente a una Armenia cada vez más aislada, que si bien ocupa los territorios en torno de Nagorno Karabaj en base a un argumento lógico de supervivencia para impedir la invasión azerí del territorio autónomo, cara a la galería sigue siendo una ocupación y no respetan los ‘Procesos de Madrid’ que acordaron la retirada armenia

Los armenios están aislados.De los pocos aliados que le quedan son Irán, Siria y, más que ningún otro Rusia, que se encuentra en una situación realmente compleja: si no actúa, perderán la popularidad decreciente que le queda en Armenia, mientras que si actúa, habría un aumento de la hostilidad en Siria, Libia, el Cáucaso y Asia Central. Actualmente Moscú solo puede intentar forzar una desescalada y apoyar a su aliado armenio enviando armas desde Irán.

Azerbaiyán, mientras, cuenta con la superioridad en todos los aspectos. A nivel económico se ha vuelto fuerte gracias al gas y petróleo que lleva desde el Mar Caspio hasta el Mar Negro y Mediterráneo a través de Georgia y Turquía. A nivel militar cuenta con armamento ruso e israelí de gran calidad, cuenta con el apoyo directo de Turquía y un potentísimo arsenal de drones. A nivel diplomático, los azeríes tienen de su lado en esta disputa a Turquía, Israel, Pakistán, Ucrania, Afganistán, Uzbekistán, Kazajistán… Por lo que Azerbaiyán se puede permitir pensar a largo plazo frente a una Armenia cada vez más aislada, que si bien ocupa los territorios en torno de Nagorno Karabaj en base a un argumento lógico de supervivencia para impedir la invasión azerí del territorio autónomo, cara a la galería sigue siendo una ocupación y no respetan los ‘Procesos de Madrid’ que acordaron la retirada armenia. Esto se traduce en sanciones.

Para tener algo de perspectiva de esta guerra, el presupuesto militar armenio es de 500 millones de dólares anuales, mientras que el azerí supera los 2.000 millones.

Además, mientras Armenia solo tiene a su juventud para defender el frente, Azerbaiyán cuenta con la horda de terroristas que, tras masacrar el norte de Siria y defender al gobierno islamista de Sarraj en Libia, ahora han viajado a Nagorno Karabaj para hacer lo mismo como carne de cañón. Si bien esto al principio podían parecer habladurías, ya se ha confirmado la muerte de una treintena de rebeldes sirios leales a Ankara en el frente de Karabaj.

Y en este escenario de desequilibrio, en el que Azerbaiyán es indudablemente más poderoso que Armenia en todos los aspectos, se da esta escalada. Hasta ahora Armenia había intentado mantener el statu quo (aun siendo una opción terrible con el 80% de su frontera bloqueada por países hostiles), limitando su actividad potencialmente hostil e incluso manteniendo despobladas zonas conflictivas del territorio que ocupa en torno a la República de Astraj (o Nagorno Karabaj). Pero los azeríes, sabiéndose cada día más poderosos, con el respaldo Turquía –cada vez más expansionista (aunque no se podría decir que poderosa con una lira en caída libre) gracias a la inoperancia de una UE ‘deeply concerned’ que, como la ministra de Exteriores española, Arancha González, solo está para hacerle la cama y mendigar reuniones al turco mientras este desafía continuamente al mundo y a la paz– llevan tiempo preparando una escalada como la de estos momentos para cambiar las cosas.

El objetivo de Azerbaiyán y Turquía es terminar lo que no pudieron en 1915. Armenia, que ha sobrevivido gracias a sus montañas, está librando una batalla decisiva. El presidente de la República de Artsaj ha afirmado que deben prepararse para un conflicto largo, y es que los armenios no claudicarán ni con todo en contra.

Quieren cambiar las cosas porque si bien perdieron la guerra de los años 90, saben que ahora tienen la posición ventajosa; y esto se suma a una mentalidad expansionista, belicista, de dominación y exterminio. La mentalidad de los tártaros, los hijos de Gengis Kan con la memoria del Imperio Otomano; de África al Cáucaso. Se suma también a que en los últimos años la República de Artsaj, que a efectos prácticos es indisoluble de Armenia, ha visto una mejora importante en su economía e independencia energética, lo que la distancia aún más del dominio azerí, a quien pertenece administrativamente cara a la mayoría de Estados de la ONU.

Azerbaiyán ha lanzado una especie de ‘blitzkrieg’ chusquera que, tras lograr avances las primeras 24 horas entrando en territorios tutelados por Armenia, se ha estancado. La guerra ha pasado a fase de desgaste donde los drones y la artillería están siendo determinantes para desatar el infierno y los peores horrores entre los soldados de ambos bandos. Una guerra sucia donde ninguno sabe de dónde llegará el proyectil o la metralla que lo mate. Una guerra infame en la que los azeríes, en un alarde de soberbia el 16 de septiembre, 11 días antes de su ofensiva, dijeron al mundo lo que iban a hacer sin que nadie reparase en que podía ser más una declaración de intenciones que un farol o una arenga para motivar a su población. Porque el 16 de septiembre de 2020 el ministro de defensa azerí llegó a afirmar que “el ejército está preparado para cumplir con su deber sagrado de liberar sus tierras”. Lo que confirma que llevaban tiempo preparando esta escalada de la guerra, y que nunca tuvieron compromiso con la paz o siquiera al menos la estabilidad. Del mismo modo que días antes de la ofensiva Erdogan dijo que era hora de la retirada de Armenia.

Los recursos del Caspio

Actualmente Azerbaiyán, que mantiene su economía con las exportaciones de gas y petróleo, saca las materias primas principalmente a través de Georgia y Turquía, con unas rutas que pasan muy cerca del territorio disputado de Nagorno Karabaj. Con un conflicto tan latente, en el caso de una escalada, Azerbaiyán podría perder el gaseoducto del Sur del Cáucaso y las tuberías de petróleo Baku-Tbilisi-Ceyhan y Baku-Supsa. Es decir: el país se hundiría económicamente, con un impacto también en Europa. Expulsando a Armenia del norte, los azeríes tendrían aseguradas las rutas de exportación y con ello su economía.

Pero no hay que ser inocente y pensar que eso le basta a Azerbaiyán y Turquía. Su objetivo es terminar lo que no pudieron en 1915. Armenia, que ha sobrevivido gracias a sus montañas, está librando una batalla decisiva. El presidente de la República de Artsaj ha afirmado que deben prepararse para un conflicto largo, y es que los armenios no claudicarán ni con todo en contra. Con todo y contra todos, Armenia está luchando por su supervivencia.

Las principales preguntas sobre el conflicto

Nagorno Karabaj es una región montañosa, boscosa y sin salida al mar en el sur del Cáucaso, que se encuentra en el centro de una confrontación de décadas entre Armenia y Azerbaiyán. Es un Estado independiente ‘de facto’ que ocupa territorios reclamados por Azerbaiyán y tiene fuertes vínculos con Armenia.

El domingo pasado, acaparó los titulares de los medios internacionales después de que estallaran los enfrentamientos más fuertes entre ambas naciones desde 2016. La escalada de tensión provocó temores de una guerra real entre las dos exrepúblicas soviéticas.

Mientras que ambas partes se acusan mutuamente de iniciar la violencia, diferentes países y organizaciones instan a Ereván y Bakú a detener los enfrentamientos y evitar una catástrofe. ¿Por qué esa pequeña región mantiene en vilo a la comunidad internacional?

La manzana de discordia

Poblado históricamente por armenios, durante la época de la Unión Soviética este territorio estaba administrativamente sujeto a Azerbaiyán bajo el nombre de Provincia Autónoma de Nagorno Karabaj, aunque gozaba de cierto nivel de autonomía.

A finales de los años 80, las relaciones entre los armenios y los azerbaiyanos empeoraron hasta producirse enfrentamientos entre las dos etnias. Cuando en 1991 Azerbaiyán anunció su independencia, la provincia —que en 1989 tenía 189.000 de habitantes, un 77 % de los cuales eran armenios— también se proclamó independiente.

Con la escalada de hostilidades entre 1992 y 1994, la República de Nagorno Karabaj —apoyada por Armenia y voluntarios de otros países— logró contrarrestar la ofensiva de Azerbaiyán e incluso anexó varios distritos vecinos, asegurándose una frontera común con Armenia.

En 1994 se puso fin a la guerra con la firma de acuerdos sobre un alto al fuego. Para controlar la tregua se creó el llamado Grupo de Minsk, supeditado a la OSCE y presidido por Rusia, Francia y EE.UU. Desde entonces, sin embargo, la tregua se ha violado en numerosas ocasiones, y las últimas escaladas más notables tuvieron lugar en abril de 2016 y en julio de este año.

¿Por qué esta pequeña región tiene tanta importancia internacional?

La comunidad internacional está preocupada por la perspectiva de una guerra porque Nagorno Karabaj sirve como corredor para los oleoductos que llevan petróleo y gas a los mercados mundiales, según sugiere Al Jazeera.

“Es una región de importancia internacional, que de hecho se ha vuelto más importante en los últimos 25 años debido a los oleoductos y gasoductos que la atraviesan”, explicó al medio Thomas de Waal, especialista de Carnegie Europe en Europa del Este y la región del Cáucaso.

Por su parte, el periodista Robin Forestier-Walker, también subrayó la importancia estratégica de Nagorno Karabaj. “Tenemos a Turquía al oeste, Irán al sur, Rusia al norte y enormes cantidades de reservas de hidrocarburos del Caspio al este, que transita por el Cáucaso, muy cerca de donde se están llevando a cabo los combates en este momento”, destacó el experto.

¿Quién atacó primero?

El 27 de septiembre, ambos países informaron sobre una nueva escalada en el conflicto, aunque discreparon sobre su causa exacta.

Desde Bakú, aseveraron que el primer golpe fue asestado por el Ejército armenio, que a las seis de la mañana de la hora local atacó posiciones militares y poblaciones azerbaiyanas con “armas de gran calibre, morteros y artillería”. En respuesta, las Fuerzas Armadas de Azerbaiyán lanzaron una contraofensiva “en toda la línea del frente” con el país vecino, afirma un comunicado oficial.

Por su parte, el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinián, declaró que fue Azerbaiyán quien atacó primero, detallando que los militares azerbaiyanos utilizaron sistemas múltiples de lanzamiento de cohetes y aeronaves.

Desde el Ministerio de Defensa armenio señalaron que los azerbaiyanos bombardearon objetos a lo largo de la línea de contacto en Nagorno Karabaj, además de la capital de la región, Stepanakert, y acusaron a Bakú de haber planeado el operativo de antemano.

Las bajas

Según estimaciones de la parte azerbaiyana, Armenia tuvo 550 bajas y perdió más de 60 unidades de técnica militar en la primera jornada del conflicto, entre ellas, 22 tanques y vehículos blindados, 15 unidades del sistema de misiles Osa, 18 drones, 8 piezas de artillería y tres almacenes de municiones.

El Ministerio de Defensa de Armenia, por su parte, desmintió la información sobre las bajas proveniente de Azerbaiyán y reportó 16 muertes y 100 heridos entre los soldados de Nagorno Karabaj. El Centro de Información Unificado de Armenia bajo auspicios del Gobierno de Armenia informó que otros 15 soldados de Nagorno Karabaj perdieron la vida en la zona del conflicto, con lo cual el número total de bajas sería de 31.

El portavoz del Ministerio de Defensa armenio, Artsrún Ovannisián, afirmó que Azerbaiyán perdió 200 militares, unos 30 tanques y vehículos blindados y una veintena de drones el primer día del enfrentamiento, mientras que desde Bakú informan sobre seis muertos y 19 heridos a causa de los ataques armenios.

El domingo, Nagorno Karabaj y Armenia anunciaron el estado de guerra y la movilización general. Por su parte, el presidente de Azerbaiyán, Ilham Alíev, firmó este lunes un decreto que establece una movilización parcial en el país.

Reacciones internacionales

Como era de esperar, la reacción internacional a la reanudación del conflicto armado fue negativa. En una conversación telefónica con su homólogo armenio Pashinián, el presidente ruso, Vladímir Putin, afirmó que es necesario evitar una mayor escalada del enfrentamiento y, lo que es más importante, detener las operaciones militares en Karabaj.

El ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, habló con sus homólogos de Azerbaiyán y Armenia y “pidió influir en la situación para poner fin a la violencia”.

Putin mantiene una conversación telefónica con el primer ministro de Armenia en medio de la escalada de tensiones entre Bakú y Ereván

Putin mantiene una conversación telefónica con el primer ministro de Armenia en medio de la escalada de tensiones entre Bakú y Ereván

Otro vecino de los dos Estados involucrados en el conflicto, Irán, pidió terminar las hostilidades sin demora y ofreció su ayuda para “que comiencen las conversaciones entre las dos partes”.

Los copresidentes del Grupo de Minsk de la OSCE expresaron “una seria preocupación por las violaciones generalizadas del régimen de alto el fuego”. La OTAN también se pronunció a favor del cese del conflicto.

La mayoría de los funcionarios evitaron culpar a cualquiera de las partes, excepto el secretario de prensa de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), Vladímir Zainetdinov, que culpó a Bakú de las hostilidades.

Turquía apoya a Azerbaiyán

El único país en expresar abiertamente su respaldo a Azerbaiyán fue Turquía quien el mismo domingo acusó a Armenia de iniciar el conflicto. “Condenamos enérgicamente el ataque armenio, que es una clara violación del derecho internacional y causó víctimas civiles”, afirmó la Cancillería turca en una declaración y agregó que apoyará a Bakú “por todos los medios”.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, instó al pueblo de Armenia a “defender su futuro” e hizo un llamamiento “al mundo entero” para que brinden su apoyo a Azerbaiyán “en su lucha contra la ocupación y la opresión”.

Este lunes, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Armenia acusó a Turquía de estar directamente involucrada en las acciones militares en la zona del conflicto. “Especialistas militares turcos que usan armas turcas, incluidos drones y aviones militares, están luchando con los azerbaiyanos”, reza el comunicado emitido por la Cancillería armenia.

Citando fuentes internas, Ereván ha asegurado que Ankara “está reclutando combatientes terroristas extranjeros y está enviándolos a Azerbaiyán”. Además, el ministerio armenio ha destacado que el Gobierno turco proporciona “completo apoyo político y propagandístico a Azerbaiyán”.

El presidente de Armenia, Armén Sarkissian, denunció que Turquía participa en los combates en Nagorno Karabaj apoyando a las fuerzas de Azerbaiyán con ayuda de mercenarios y cazas F-16. El mandatario destacó el diálogo como vía para resolver el conflicto en la disputada región fronteriza.

Poco después, Erdogan, reiteró que Armenia debe retirarse inmediatamente del territorio azerí que está “invadiendo” y que es hora de poner fin a la crisis en Nagorno Karabaj.

Por su parte, el ministro de Defensa turco, Hulusi Akar, aseveró que Ereván debe detener su ocupación de las tierras de Azerbaiyán y enviar de regreso a los “mercenarios y terroristas” que trajo del extranjero con el fin de lograr la estabilidad en la región tras el enfrentamiento entre fuerzas armenias y azerbaiyanas.

El ‘Terminator’ regional

El principal asesor del primer ministro armenio, Vagharshak Arutiunián, declaró que se está produciendo una guerra a gran escala en Nagorno-Karabaj con la participación de Azerbaiyán y Armenia, y Turquía está influyendo directamente en esta situación.

“Nos estamos preparando para una guerra a largo plazo. ¿Por qué? Porque vuelvo a decir que el jugador principal aquí no es Azerbaiyán, sino Turquía. Y persigue sus objetivos geopolíticos”, dijo Arutiunián en una entrevista a un canal de YouTube.

Según el funcionario, Ankara busca conseguir una conexión terrestre con Azerbaiyán, por lo que Nagorno Karabaj y Armenia son un obstáculo en este camino.

“Turquía se está comportando hoy como el ‘Terminator’ regional”, aseveró el experto. “Erdogan usará esto para sus juegos, como en el Mediterráneo, y también lo usará para fortalecerse en la arena internacional”.

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