Las vacunas contra el Covid-19 y la geopolítica mundial Por Mario Antonio Padilla Torres | Agencia ALAI, Ecuador

Las vacunas contra el Covid-19 y la geopolítica mundial Por Mario Antonio Padilla Torres | Agencia ALAI, Ecuador
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Muchas personas en el mundo están pensando y exhibiendo las vacunas que acabarán con el virus. Pero aún no sabemos cuándo esto ocurrirá, ni cuánto demorará su aplicación y si será efectiva por largo tiempo. Las guerras por la vacuna ya se perfilan y los grandes imperios están a la búsqueda de riquezas ante un contexto de pandemia. No existe la conciencia necesaria para comprender la necesidad de las vacunas para todos.

¿Se podrá inmunizar hasta el 80% de los habitantes de la tierra antes del fin de año? Lo puedo dudar por el comportamiento de la industria farmacéutica por lograr la primicia a nivel mundial y poder tener más ganancias. La infección comunitaria sigue descontrolada y, por lo tanto, la pandemia del Covid-19 continuará presente.

Por lo tanto sería una utopía de que en tan corto tiempo se disponga de las dosis necesarias para vacunar más del 50 % de la humanidad: no hay sistema logístico ni suficientes vacunas para lograr que sea una realidad. A finales de abril de este año 130 países ni tan siquiera habían comenzado a vacunar la población, ¿dónde estaban concentradas las vacunas? Ahí en el primer mundo, donde existían los fondos suficientes para adquirir las dosis. Esa es la realidad.

Los objetivos fundamentales de este artículo es demostrar la lucha geopolítica mundial por la vacuna y como segundo presentar al mundo las ideas generales que Cuba se traza por lograr que su población quede inmunizada en el menor tiempo posible bajo una organización rigurosa donde el propio pueblo es el protagonista.

La guerra de las vacunas

Ya a mediados del 2020, diferentes órganos de prensa del mundo presagiaban una nueva guerra fría relacionada con las vacunas. China, Rusia, Reino Unido, EUA, comienzan una “nueva carrera” por el antídoto contra la enfermedad convertida en pandemia.

Comienza entonces por algunos países del primer mundo una especie de nacionalismo en la ciencia y la biotecnología y la industria farmacéutica pasan a jugar un papel importante, que conllevará en algunos casos que se ahonden las desigualdades en gran parte de los países.

La pandemia del coronavirus ha desencadenado la mayor crisis global desde la Gran Depresión: por lo tanto la vacuna contra el Covid-19 ha comenzado una guerra geopolítica por lograr llegar a la meta.

Las grandes potencias se juegan mucho. Los actores transnacionales están en la batalla: desde la Fundación Gates, hasta millonarios de otros lares y también las empresas farmacéuticas más potentes del mundo se encuentran en la puja por ofrecer lo necesario para la producción a gran escala, porque no se trata solo de que surja una vacuna que neutralice al enemigo invisible, sino de contar con suficiente parque para comercializar según los intereses.

Chema Vera, director ejecutivo de Oxfam Internacional explica: “Hay una batalla abierta y es la batalla de la era. Está en juego que la desigualdad aumente aún más o no sea así. Es un momento crucial. Hay un doble camino: el emprendido por los países ricos, que quieren garantizarse vacunas cuanto antes, y otra vía cierta de movilización global de algunos países de la Unión Europea, la fundación Gates, para asegurar unos fondos que permitan que al tiempo que se accede a esa vacuna nacional al menos pueda alcanzarse al 20 por ciento de la población global” (Alonso, 2020).

Como se puede apreciar ese doble camino se ha manifestado hasta nuestros días y podría agregarse un tercero no mencionado en muchas publicaciones de occidente: el camino de lograr potenciarse a nivel mundial y poseer la primacía absoluta en el fortalecimiento biotecnológico y farmacéutico.

Tener–es no tener–para poder tener

Por otra parte hay otras valoraciones interesantes que podrían llamarse con la siguiente fórmula: tener–es no tener–para poder tener, que especifica que lo globalizado debe llevar a una unidad de acción y no a la ganancia por la acción. Al respecto Richard N. Haass, presidente del centro de estudios del Council on Foreign Relations, y ex director de Planificación de Políticas en el Departamento de Estado de EEUU, en declaraciones a la BBC expresó:

“Puede describirse como un nacionalismo preventivo. Es muy negativo que los gobiernos se dejen llevar por este egoísmo. Si tienes una gran cantidad de personas infectadas en el mundo, dada la globalización, el virus continuará activo. Hay un juego político, económico y estratégico detrás de las vacunas que es una receta para el desastre, si no es posible construir algún acuerdo internacional” (Haass, 2021)

La carrera que se desarrolla por las vacunas se puede convertir en algo extremadamente peligroso si el conocimiento no se globaliza, porque caería en manos del poder financiero. Por lo tanto uno de los problemas serios que podrían presentarse sería una nueva guerra, esta vez por las vacunas, y al mismo tiempo el utilizarla como un arma geopolítica.

La UE, después de haber pasado por una crisis generalizada por la influencia de la pandemia, después de sus primeros ocho meses también comenzó la lucha por la vacunación a escala de la Unión, y ha presionado a los laboratorios para tener unas anheladas vacunas que frenen el Covid-19, enfermedad que está hundiendo las economías y transformando el orbe en sus múltiples áreas.

El bloque comunitario había firmado en agosto del año pasado un contrato por 870 millones de euros para la adquisición de 300 millones de dosis; incluso se había adelantado 300 millones de euros para cooperar en los riesgos de la investigación y desarrollo de la vacuna y su producción.

La rivalidad con el Reino Unido por obtener las vacunas constituyó una cadena de exigencias y acusaciones. La Comisión Europea alegó que los contratos firmados obligaban a AstraZeneca a que las vacunas que tenían que llegar ya fueran en producción dentro de la Unión o fuera de ésta, acusando a los laboratorios de que estas vacunas se estaban fabricando en el Reino Unido con materiales de la Unión.

Todavía en el mes de febrero del presente año, las contradicciones entre la UE, Reino Unido y el gigante farmacéutico AstraZeneca continuaban: la UE amenazando con la restricción en la exportación de vacunas a terceros países incluido el Reino Unido, y todo esto con una gran preocupación por los países del continente de una lenta distribución de vacunas.

Por otra parte los principales líderes de las industrias farmacéuticas se presentaron preocupados por las acciones de la UE, cuestión que podría provocar que otras naciones y bloques comerciales provoquen parecidas situaciones que podría llegar a una especie de guerras comerciales de vacunas.

“Temen que las decisiones de la UE hayan enviado una señal peligrosa al mundo de que el ‘nacionalismo de las vacunas’ es una táctica aceptable para hacer frente a la pandemia” (Colson, 2021).

Vacunas para ser más ricos

El debate científico, a mi criterio, va por el camino de lograr la vacuna casi ideal para la inmunización de las personas logrando una globalización en su implementación. Pero también, desgraciadamente, por la consideración de que parte de la ciencia está unida a la geopolítica por la monopolización de vacunas, lo que conlleva al aumento de las riquezas para amortiguar la catástrofe económica que ha causado la pandemia y al intento de mantener un liderazgo de coerción.

Al mismo tiempo han surgido diferentes concepciones que pueden repercutir en la lucha por las vacunas como son: ¿Debería de cambiar la forma de actuar de los científicos? ¿Hay que basarse en evidencias y hechos? ¿Debemos pensar cuánto puede durar la inmunización? ¿Cuántas dosis serían necesarias?

Además debería tenerse en cuenta con seriedad las mutaciones, dado que con las inmunizaciones parciales corremos un riesgo potencial.

Hay una gran presión social por vacunar de un modo ágil a cuanta más gente mejor. Pero esta necesidad no debería cambiar nuestra manera de actuar como científicos. Nos tenemos que basar en la evidencia y los hechos. ¿Con una dosis hay inmunización? Sí, aparentemente. ¿Es suficiente? A corto plazo, sí. ¿Es duradera? No lo sabemos.

¿Pero qué no nos debemos permitir? Darle oportunidades al virus para que nuevas variantes se abran camino en estos individuos “semi-inmunizados”.

Nada de esto es nuevo: el debate científico sobre los efectos de las vacunaciones y más las incompletas llevan años realizándose, sin llegar a conclusiones que definan la realidad.

No debemos olvidar que la llamada guerra de las vacunas que ya se encuentra como una moda política, representa un referente de cuanto se hace por tener el dominio geopolítico de forma regional y a nivel mundial.

La decisión de la administración norteamericana sobre el apoyo a la exención temporal de las patentes sobre vacunas anti–Covid-19 despierta interés de la comunidad internacional. La idea de forma parcial no es de las peores cuando se habla de la globalización de las vacunas, pero tiene dos elementos que pueden ser posibles: el primero es que las patentes van más allá de eso, porque erosiona un principio sagrado –la propiedad intelectual— lo cual repercute de forma directa en el proceso empresarial, de comercialización e innovación. En segundo lugar puede posibilitar un paso importante para lograr una fuerza geopolítica que logre dominar la industria farmacéutica a su favor.

En el caso de las industrias de fármacos, el proceso de exención desestimula también la industria para investigar en nuevos medicamentos y, segundo, puede poner en manos de fabricantes poco preparados a tecnologías genéticas que no dominan bien. La industria debe formar a los nuevos productores, de modo que el mundo pobre seguirá necesitando de su colaboración, dependiendo del interés que pueda prestar el país desarrollado.

En todo este proceso en que nos movemos, es llamativo también que Estados Unidos no ha exportado vacunas hasta ahora. A diferencia de la UE, China y Rusia, la decisión de Washington solo ha llegado una vez que el país se ha asegurado la vacunación de sus propios ciudadanos: a cuantos llegarán no sabemos, dado que sus industrias farmacéuticas tendrán sus propias decisiones. En este sentido, Europa, China y Rusia han mostrado una posición más ética.

La soberanía cubana

El 23 de mayo de 1963, partieron para Argelia 29 médicos, cuatro estomatólogos, 14 enfermeros y siete técnicos de la salud. Se iniciaba así la primera misión médica solidaria cubana en la historia de la Revolución Cubana, que durante 57 años ha prestado sus servicios desinteresadamente a los más necesitados en África, América Latina, Asia y Europa.

La colaboración médica cubana ha transitado por varias etapas. Desde la misión en Argelia, compuesta por 55 colaboradores, hasta la actualidad, más de 600 mil colaboradores del personal de la salud han prestado servicios en 164 países.

El Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias “Henry Reeve”, fue creado por Fidel Castro en 2005, con la intención de asistir justamente a los damnificados del huracán Katrina en Estados Unidos. La ayuda médica cubana nunca llegó a este destino pues el presidente George W. Bush no lo permitió. La tragedia dejó más de 1.800 muertos. Un año después Bush declaró: “Mi Gobierno no estuvo a la altura de su responsabilidad” (Cobas, 2020).

Desde entonces, el Contingente Henry Reeve ha acudido en casos de terremotos (Paquistán, 2005; Indonesia, 2006; Perú, 2007, China, 2008; Haití, 2010; Chile, 2010; Nepal, 2015; Ecuador, 2016). Ante lluvias intensas (Guatemala, 2005; Bolivia, 2006; México, 2007; El Salvador, 2009; Chile, 2015; Venezuela, 2015). En emergencias médicas (cólera en Haití, 2010; ébola en Sierra Leona, Guinea Conakry, Liberia, 2014). Y en huracanes (Dominicana, 2015; Islas Fiji, 2016; Haití, 2016).

Por otra parte prácticamente en los medios de información de la mayoría de países desarrollados, la existencia de los candidatos vacunales cubanos no es noticia a pesar de la divulgación que permanentemente se realiza.

Las direcciones fundamentales de descrédito la comenzaron con el cumplimiento de las misiones en el mundo, menoscabando los logros de la medicina cubana y el desarrollo de la industria biofarmacéutica.

Sin embargo hay que puntualizar que todos los colaboradores cubanos de la salud que viajaron a cumplir misión para enfrentar y controlar el SARS–CoV–2/Covid-19 lo hicieron a solicitud expresa de las autoridades de los países donde brindan sus servicios, al igual que los que antes de la pandemia ya ofrecían asistencia médica.

Hoy la presencia de técnicos y profesionales de la salud en más 60 países y territorios siempre se sustenta en convenios bilaterales de colaboración suscritos entre los respectivos ministerios de salud. En algunos casos ha participado la OMS/OPS.

Al mismo tiempo, desde Cuba se promovió el intercambio virtual para compartir nuestra experiencia y ofrecer asesoría cuando fuera necesaria. Para ello se han realizado más de una docena de videoconferencias entre expertos y científicos cubanos con autoridades de salud y profesionales en la atención a pacientes de Asia, África, Europa, EEUU, Oceanía, Medio Oriente y América Latina y el Caribe.

Cuba coopera y resuelve

En la actualidad, existen tres modalidades de cooperación que también se utilizan frente a la pandemia de Covid-19: en una Cuba asume los gastos cuando se trata de naciones muy pobres; en segundo lugar, los gastos se comparten con el país receptor de la colaboración; en tercera instancia, la Isla recibe ingresos (Cobas, 2020).

La vida continúa y se encarga de demostrar que aquellos médicos a los que se les llamó cualquier cosa, desde espías, esclavos, incompetentes, hasta activistas políticos, eran médicos de verdad que salvaron muchas vidas. Cuba no exporta médicos, exporta servicios de salud.

Uno de los elementos que se destaca en la estrategia cubana del desarrollo de la biotecnología es la profesionalidad de los investigadores, la concepción humanista y de pensar como colectivo y como país por salvar una vida, en el proceso de las investigaciones.

Los antecedentes que impactaron desde el punto de vista científico y social están asociados a la seguridad de las vacunas de alta repercusión como la de la Meningitis B/C y la hepatitis B, tecnologías para el diagnóstico tubo neural, VIH, dengue, síndrome de Daw, embarazo, cáncer, fármacos dedicados a combatir enfermedades, infartos del miocardio, rechazo de trasplantes de órganos y otros. 1

Considerando el trabajo que se viene desarrollando con nuestros candidatos vacunales contra el Covid-19, la Dra. Ileana Morales Suárez, directora nacional de Ciencia e Innovación Tecnológica del Ministerio de Salud Pública opinó: “Otro pilar esencial es el componente ético, un tema que suscita preguntas, y en el que Cuba está preparando publicaciones, acotó la doctora. “Aquí hemos innovado también, para el desarrollo de ambos candidatos vacunales: hemos constituidos comités de ética centralizados adjuntos al Ministerio. Esto es una forma novedosa, innovadora y nueva que se ha utilizado para otorgarle el máximo rigor en el acompañamiento ético a estas investigaciones”.

En el caso del comité de ética para el desarrollo de Soberana 02, Morales Suárez especificó que está integrado por 19 miembros de muchas instituciones científicas de prestigio de La Habana, los cuales han intervenido en la evaluación del protocolo, seguimiento de cada una de las fases del ensayo y sitios clínicos para ver la garantía de todo lo planteado en el protocolo de una investigación en seres humanos (Morales 2021).

Como se pude apreciar, existe un elemento esencial que se tiene en cuenta en nuestras investigaciones: estos son los criterios éticos que constituyen momentos esenciales para los ensayos y otros momentos de las investigaciones. Durante nuestros candidatos vacunales contra el Covid-19 los comités de ética han jugado un papel importante como complemento de las investigaciones y la intervención. Esto responde también a la experiencia de nuestro país en otros momentos de investigaciones. Cuba posee desde hace varios años una Comisión Nacional de Ética de investigaciones.

La soberanía cubana en estas ramas científicas posee un fundamento de años, donde hombres y mujeres que forman parte de los contingentes y centros científicos han demostrado la calidad de la ciencia cubana a pesar de ser un país bloqueado a nivel internacional, así como demuestra también el sacrificio y la inventiva de profesionales de la salud y del área de la biofarmacéutica.

Conclusiones

Ha pasado ya más de un año desde que surgió el paciente “0” con el Covid–19 y surgieron las vacunas que están comenzando a inmunizar a personas de países desarrollados y a aquellos que han podido comprarlas: sin embargo los que no tienen el dinero suficiente ni una dosis podrán ponerse.

También se han producido convocatorias de la Organización Mundial de la Salud para practicar la solidaridad ante el nacionalismo expreso de varios países del primer mundo. Los que han podido crear sus vacunas comienzan además en su gran mayoría a pujar una guerra por posicionar y vender sus productos biofarmacéuticos y así obtener mejores ganancias.

Gran parte del mundo no tiene ni las posibilidades de crear una vacuna, ni de comprar aquellas que se venden no como una acción solidaria, sino como un producto que pueda enriquecer las arcas de los poderosos. El hegemonismo abierto da a la mayoría de los desarrollados la posibilidad de no utilizar la vacuna como un gesto de amor y garantía de vida si no como una permanente presión geopolítica.

Cuba, fiel a sus principios desarrolla sus candidatos vacunales para lograr proteger al 100% de la población y desarrollar el acostumbrado gesto internacionalista con el resto del mundo desprotegido.

(*) Mario Antonio Padilla Torres, cubano, es doctor en Ciencias Filosóficas; se desempeña como Secretario Académico del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI) de la República de Cuba.

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