Occidente se prepara para congelar el conflicto en Ucrania Por Oleg Ladogin | Instituto de Estrategias de Rusia (RUSTRAT)

Occidente se prepara para congelar el conflicto en Ucrania Por Oleg Ladogin | Instituto de Estrategias de Rusia (RUSTRAT)
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Imagen de portada: ¡Debes hacer más gestos de buena voluntad!

Un artículo escrito por el Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, publicado el pasado el 31 de mayo en The New York Times, pasó casi desapercibido.

Para entender los cambios contrastados en la percepción del escenario geopolítico por parte de las élites políticas estadounidenses, conviene recordar el discurso del propio Biden en Polonia el 26 de marzo, casi un mes después de que Rusia lanzara la Operación Militar Especial en Ucrania. También da motivos para especular sobre las perspectivas del conflicto ruso-ucraniano.

En ese discurso en Varsovia, titulado “Sobre los esfuerzos combinados del mundo libre para apoyar al pueblo de Ucrania”, Biden habló de la lucha fundamental entre la democracia y la autocracia en el mundo, utilizando a Ucrania como ejemplo.

“Debemos tener claro que esta batalla no se ganará en los próximos días o meses. Tenemos que prepararnos para la larga lucha que nos espera”, dijo el presidente estadounidense. “No será fácil, tendrá un precio. Pero debemos pagar ese precio, porque la oscuridad que guía a la autocracia no es rival para la llama de la libertad que ilumina las almas de los pueblos libres de todo el mundo”, expresó Biden.

A continuación, explicó el carácter principista de la situación: “Cada generación ha tenido que derrotar a los enemigos mortales de la democracia. La historia demuestra que esta es la tarea de nuestro tiempo, la tarea de esta generación”.

Asimismo, el presidente estadounidense explicó que Rusia nunca derrotaría a Ucrania porque “la gente libre no vivirá en un mundo de desesperanza y tristeza”. Comparó al presidente ruso Vladimir Putin con un dictador “que cree que la fuerza triunfará”, mientras que, en opinión de Biden, Putin “puede y debe” poner fin a las hostilidades en Ucrania.

Resumiendo lo que está ocurriendo en Ucrania, Biden dijo: “Esto es, sin exagerar, una amenaza directa al orden posterior a la Segunda Guerra Mundial. Nos enfrentamos a una vuelta a las décadas de guerra que desgarraban a Europa antes de que se estableciera un orden basado en el derecho internacional. No podemos volver a eso. La gravedad de esta amenaza requiere una acción decisiva por parte de Occidente”.

Según aseguró Biden, como resultado de las sanciones unificadas de Occidente, la economía de Rusia se reducirá a la mitad y pronto no estará entre las 20 primeras del mundo, y supuestamente en ese momento la por cada dólar pagaban 200 rublos.

Por todo ello, el presidente estadounidense dijo que no enviaría sus soldados a Ucrania, pero que se reforzaría la defensa de los miembros de la OTAN. Biden terminó su discurso diciendo que “un dictador que quiere restaurar el imperio nunca destruirá el amor de la gente por la libertad. Por Dios, ese hombre no puede seguir en el poder”. Aquí, por supuesto, se refería al presidente ruso.

Cambio de enfoque

Mientras que el pomposo discurso de Biden en Varsovia duró unos 27 minutos, una lectura de corrido y sin prisas de su artículo en The New York Times durará un máximo de cinco minutos. El propio título del artículo, “Lo que Estados Unidos hará y no hará en Ucrania”, refleja el cambio de enfoque de Estados Unidos en el conflicto entre Rusia y Ucrania: los estadounidenses se defienden del conflicto.

Al principio del artículo, Biden define los objetivos de Estados Unidos para Ucrania: “Queremos ver una Ucrania democrática, independiente, soberana y próspera con los medios para disuadir y defenderse de nuevas agresiones”. Como pueden ver, ya no hay lucha de principios entre democracia y autocracia, luz y oscuridad.

En el cuarto párrafo del artículo dice: «Como ha dicho el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, en última instancia esta guerra “sólo acabará con la diplomacia”. Cada negociación refleja los hechos sobre el terreno. Enviamos rápidamente a Ucrania una cantidad importante de armas y municiones para que pudiera luchar en el campo de batalla y estar en una posición lo más fuerte posible en la mesa de negociaciones».

Una vez más, Biden no menciona la amenaza al “orden establecido tras la Segunda Guerra Mundial” y la “victoria generacional sobre los enemigos de la democracia”, porque aparentemente ya no seduce a nadie. De forma muy peculiar, las exigencias al presidente ruso para que detenga la acción militar, son sustituidas por el tema del proceso de negociación, aunque con la esperanza de una posición ucraniana fuerte.

El artículo continúa hablando de la continua presión a Rusia con las sanciones, de las promesas a los aliados de Estados Unidos de reducir su dependencia de los combustibles fósiles rusos y de acelerar “la transición hacia un futuro energético limpio”. No se dijo nada sobre los “éxitos” de esta política de sanciones, del lugar de la economía rusa en el mundo o del tipo de cambio del rublo.

Paso a paso, retrocede

Según Biden, Estados Unidos no sólo ya no busca una guerra entre la OTAN y Rusia, sino que tampoco derrocará a Putin: “Por mucho que no esté de acuerdo con el señor Putin y que considere sus acciones indignantes, Estados Unidos no intentará que lo derroquen en Moscú”.

Después de las pomposas afirmaciones de que el presidente ruso es un dictador y no puede permanecer en el poder, las palabras “no estoy de acuerdo” en boca del presidente estadounidense son muy humildes, y la intención de sacar a Putin del poder queda completamente refutada.

“No alentamos ni permitimos que Ucrania ataque fuera de sus fronteras. No queremos prolongar la guerra sólo para perjudicar a Rusia”, escribe Biden. El hecho de que en todo este artículo Estados Unidos exprese sus exigencias en relación con Ucrania y no con Rusia sugiere que Estados Unidos está tratando de nivelar este conflicto.

A continuación, el presidente estadounidense retomó el tema de las negociaciones, pero comenzó diciendo que “no presionará al gobierno ucraniano, ni en privado ni en público, para que haga ninguna concesión territorial”. Por lo general, el anuncio público de esta posibilidad está relacionado con los rumores entre bastidores que se filtran desde la Casa Blanca a los medios de comunicación.

Entonces acusó a la parte rusa de hacer descarrilar el proceso de negociación entre Rusia y Ucrania, pero fue la parte ucraniana la que desechó sus propias propuestas transmitidas a los representantes rusos en Estambul el 29 de marzo, alegando la provocación de la masacre de Bucha. Al mismo tiempo, Biden aseguró que EEUU “seguirá trabajando para fortalecer a Ucrania y apoyar sus esfuerzos para alcanzar un final negociado del conflicto”.

Hacia el final del artículo, el presidente estadounidense recordó que “si Rusia no paga un alto precio por sus acciones”, pondrá en peligro a otras democracias y “podría marcar el fin de un orden internacional basado en reglas”. Trazó una línea roja en este conflicto: “cualquier uso de armas nucleares en este conflicto a cualquier escala sería totalmente inaceptable”.

El artículo termina con las siguientes frases: “Vladimir Putin no esperaba este grado de unidad o fuerza en nuestra respuesta. Se ha equivocado. Si espera que vacilemos o nos rompamos en los próximos meses, está igualmente equivocado”.

Nuevos objetivos

Comparando estos dos discursos podemos decir claramente que el Occidente colectivo, representado por Estados Unidos, ya ha flaqueado; la única línea roja que se ha expresado en este conflicto es el uso de armas nucleares por parte de Rusia, lo que significa que todo lo demás es irrelevante.

Cabe recordar que, tras una visita a Kiev el 24 de abril, el jefe del Pentágono, Lloyd Austin, comentando a los periodistas la situación en Ucrania, dijo: “Creemos que nosotros (ellos) podemos ganar si (los ucranianos) tienen el equipo adecuado, el apoyo necesario y hacemos todo lo que podemos. Queremos ver a Rusia debilitada hasta el punto de que no pueda hacer las cosas que hizo antes de invadir Ucrania.”

Sin embargo, desde entonces, Lloyd Austin no se ha pronunciado de esta manera contra Rusia. Incluso el 11 de mayo, en una audiencia del Congreso estadounidense sobre el presupuesto de defensa y la asignación de 40,000 millones de dólares a Ucrania, el jefe del Pentágono describió a China como “el principal problema a largo plazo para el ejército estadounidense”. La necesidad de ayuda militar a Ucrania se justificó por el hecho de que las principales hostilidades se han trasladado a Donbass y “las próximas semanas serán críticas para Ucrania”.

Ya hemos descrito la batalla entre “palomas” y “halcones” en la Casa Blanca sobre Ucrania. Por ello, no es de extrañar que, en un principio, las filtraciones de la Casa Blanca, las filtraciones de la Casa Blanca –difundidas por una fuente muy creíble, la revista “Politico”– aseguraran que Biden se resistía a las demandas de Ucrania de lanzadores de cohetes de largo alcance. Sin embargo, un poco más tarde se aprobó el suministro de MLRS (sistema de misiles de lanzamiento múltiple) estadounidenses, pero sin la munición de máximo alcance.

Esta incoherencia en el planteamiento de la Casa Blanca se ha trasladado a la opinión pública e incluso se ha convertido en demandas específicas para Biden en los medios de comunicación, que siempre han apoyado a su partido. En el artículo de Politico titulado “En EEUU y la UE se alcanza el límite de la confrontación con Rusia”, describe que, por razones de política interna, se exige a Biden que defina objetivos concretos de EEUU sobre Ucrania. Los medios de comunicación también querían que la Casa Blanca redujera los “apetitos” de Ucrania y transmitiera a sus dirigentes la necesidad de acuerdos de paz, incluso a costa del propio país.

Resolver la guerra… sin Zelensky

Ahora podemos ver por nosotros mismos que Biden cumple parcialmente con estas demandas, publicando un artículo político en el que la estrategia de Estados Unidos sobre Ucrania parece muy modesta en comparación con las declaraciones iniciales. Sin embargo, sería prematuro decir que la batalla entre las “palomas” y los “halcones” de la Casa Blanca ha terminado.

Por supuesto, la situación en el frente juega un papel importante en este cambio de enfoque político, ya que los medios de comunicación occidentales ya admiten que Ucrania está perdiendo la batalla por el Donbass. The New York Times informó de que Ucrania está ocultando deliberadamente información sobre el estado real de las cosas en el frente con el fin de garantizar que las entregas de armas de Estados Unidos permanezcan intactas.

Además, el Occidente colectivo ha calculado mal sus fuerzas en la guerra económica contra Rusia y ahora está sufriendo pérdidas que amenazan con cambiar a las propias élites gobernantes. Con la caída del nivel de vida de la población, hay pocas posibilidades de que sean reelegidos según los procedimientos democráticos.

Por eso se nota un cambio de posición sobre Ucrania también en Europa. Por ejemplo, la ministra de Asuntos Exteriores alemana, Annalena Berbock, se negó a mantener una reunión con el embajador de Ucrania en Alemania, Andriy Melnyk. Antes, nadie podía rechazar a Melnyk, incluso los insultos a los máximos dirigentes de la RFA podían salirse con la suya y seguía hablando en la televisión alemana.

Ahora el influyente semanario alemán Die Zeit (El Tiempo, editado en Hamburgo) admite que después del 24 de febrero había una norma en los medios de comunicación alemanes: “sólo cosas buenas en público sobre Ucrania”, pero mientras tanto ese país está sumido en la corrupción y su presidente Volodímir Zelensky está construyendo una dictadura.

Según la CNN, EEUU, Gran Bretaña y la UE están discutiendo formas de resolver la situación en Ucrania sin los representantes de Kiev. El Occidente colectivo es incapaz de soportar el prolongado conflicto entre Rusia y Ucrania: además de los costes de las sanciones, el aumento de los precios de la energía. Ucrania tendrá que financiarse casi por completo mientras su economía se tambalea y se degrada con cada día de lucha. Es casi imposible explicar los enormes costes de Ucrania a un ciudadano europeo que ya ve la perspectiva de congelarse en invierno en un piso frío.

Resolver, no posponer el conflicto

En Ucrania, la situación se entiende bien: “Todo el mundo quiere empujarnos un poco hacia algún resultado que es exactamente desventajoso para nosotros, pero ventajoso para ciertas partes que tienen sus propios intereses. Los intereses vuelven a ser diferentes: tanto financieros como políticos”, declaró Zelensky a los medios de comunicación ucranianos.

El primer ministro británico, Boris Johnson, ya ha advertido a sus colegas de que no deben forzar a Ucrania a un acuerdo de paz que no sea rentable, lo que significa que esas conversaciones sí se están llevando a cabo a alto nivel.

Por supuesto, Occidente quiere acuerdos de paz entre Rusia y Ucrania en términos aceptables para sí mismo, para luego poder explicar a su electorado que han logrado salvar a Ucrania de la completa destrucción por parte de Rusia. Occidente no está dispuesto a admitir su derrota, es más fácil declarar que no hay perdedores en esta batalla. Por supuesto, propondrán concesiones por parte de Ucrania, pero es poco probable que estas concesiones acordadas con Occidente satisfagan a Rusia.

Una fuente de alto rango en el gobierno ruso dijo al periódico Izvestia que si Kiev se pone en contacto con Moscú, no se discutirá el estatus de las regiones de Kherson y Zaporozhye, ni la cuestión de Crimea y Donbass. Rusia está subiendo la apuesta, y con razón.

Al mismo tiempo, el propósito de la Operación Especial de Rusia en Ucrania se define como la desnazificación y desmilitarización de ese país, y Vladimir Putin ha expresado que la cuestión de cualquier amenaza procedente de Ucrania debe resolverse de forma inequívoca, no posponerse.

Resumiendo lo anterior, el Occidente colectivo está maduro para hacer propuestas a Rusia para congelar este conflicto, pero nuestro país necesita lograr sus objetivos iniciales en Ucrania, de lo contrario estas negociaciones sólo resultarán en un indulto que se convertirá en una nueva guerra aún más amarga con la junta de Kiev.

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