¿Qué ha pasado en Venezuela? Por Juan Carlos Monedero | Diario digital Público, España

¿Qué ha pasado en Venezuela? Por Juan Carlos Monedero | Diario digital Público, España
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No nos engañemos: en España, los medios han hecho más escándalo por cómo iban vestidos los Reyes Magos en la Cabalgata en Madrid que por el hecho de que el jefe de la oposición haya asistido a una misa en honor de Francisco Franco, el mayor asesino de la historia de España. ¿Qué van a decir de las elecciones en Venezuela el domingo pasado después de llevar años repitiendo que todos los males del mundo son culpa de ese país?

Siguiendo con la sinceridad: no es extraño que las élites mundiales odien a Venezuela. No se trata de ningún compromiso con los derechos humanos ni nada que se le parezca. El mayor asesino de Colombia ha sido Álvaro Uribe y esas élites le invitan a dar conferencias en sus universidades corruptas, igual que agasajan a los que mintieron con las armas de destrucción masiva –al menos 600.000 asesinados en Irak– con los que ejecutan mujeres por querer ser ciudadanas o con los que practican el terrorismo de Estado, a los que llaman “estadistas”.

El odio a los de abajo

El odio de hoy a Venezuela es similar al odio en su día a Robespierre, a Lenin, a Azaña y a Negrín, a Ho Chi Min, a Fidel Castro, al Mandela que ponía bombas –no al que luego han presentado como si lo hubieran domesticado– a Malcom X, a Angela Davies, a Evo Morales, a Correa o a Hugo Chávez: es el odio a los que no han podido derrotar y humillar, a veces incluso después de muertos.

Es el odio a los que metieron miedo a las élites, a los que les sacaron de los palacios de gobierno, a los que les impidieron que siguieran sintiendo que sus países eran su propiedad particular. Y a los que sembraron ejemplo y organizaron el descontento. Eso hizo Chávez con la UNASUR, relanzando la OPEP, creando fondos latinoamericanos para sustituir al FMI, organizando los diferentes ejércitos latinoamericanos, creando Telesur, amenazando al dólar como moneda de intercambio mundial y de comercialización del petróleo. Desde Venezuela, un país que no tenía derecho a levantarse, siempre títere de Estados Unidos, atravesado por el Opus Dei, lleno de oro negro y siempre, hasta que llegó Chávez, con su pueblo hambreado.

Las elecciones de este pasado 21 de noviembre eran elecciones a alcaldes y gobernadores, es decir, unas elecciones de menor relevancia que las elecciones a diputados o las presidenciales. Sin embargo, han tenido una enorme repercusión nacional, regional y mundial.

¿Por qué? Pues porque después de la salida de Donald Trump del Gobierno –intento de golpe por medio incluido– una vez constatado el fracaso de la operación Guaidó –nombrar presidente legítimo de Venezuela a un títere de EEUU autoproclamado en una plaza de Caracas– tras ver cómo desde Estados Unidos y Gran Bretaña les robaban las riquezas de todos los venezolanos –Citgo, las cuentas bancarias– o el oro depositado en Inglaterra– o cómo el bloqueo ha golpeado, como siempre, a los más humildes, las diferentes oposiciones al Gobierno de Maduro decidieron presentar a las elecciones.

Han sido sorprendentes los editoriales de la prensa española de derecha –es decir, la práctica totalidad– reprochando a la oposición venezolana por haberse presentado a las elecciones y “legitimar” con su participación el Gobierno de Maduro. ¿Cómo se le ocurre a la derecha venezolana quitarle a la derecha española su gran excusa para no hablar de otra cosa que no fuera Venezuela?

Los resultados de la derecha

La derecha ha sacado un buen resultado. Si no han sido capaces de alcanzar más poder político ha sido porque la oposición es un conjunto abigarrado que ya no se puede sumar sin más. Ya no existe “la oposición”, sino que se trata de diferentes oposiciones, muchas de ellas incompatibles entre sí, de manera que pretender sumarlas es un ejercicio arriesgado. Alianza Democrática, insultados como “alacranes” por la derecha más proclive al golpismo -la que representa Guaidó– logró 38 alcaldías, mientras que otros partidos críticos con el chavismo, como Fuerza Vecinal, ganaron otras 22.

Las diferentes oposiciones han sacado 4,734,233 votos frente a los 3,925,119 del chavismo, con una participación del 42.26% (similar a este tipo de elecciones en la región, aunque muy superior a las de otros países como Chile y aún más al haber tenido lugar mientras aún dura el Covid-19). Los opositores al Gobierno de Nicolás Maduro han ganado en 117 alcaldías (de las cuales, 63 la MUD) y tres gobernaciones, Cojedes, Nueva Esparta y una de las más poderosas del país y la más poblada, la del Zulia. ¿Puede nadie hablar de “fraude” con ese resultado? Reconocer por parte de la derecha sus victorias tiene la contraparte de que tienen que reconocer la victoria del chavismo: 20 gobernaciones, la alcaldía de Caracas y otras 211 alcaldías.

A las derechas europeas, que han hecho de Venezuela el equivalente de la Unión Soviética durante la guerra fría –con la diferencia de que la URSS tenía capacidad de influir en el tablero mundial, mientras que Venezuela no deja de ser un país pequeño– les ha molestado enormemente que estas elecciones hayan tenido lugar. ¿Cómo van a defender ahora, con la participación electoral de la oposición, que Venezuela es una dictadura, cómo van a justificar al títere de Guaidó, cómo van a justificar el bloqueo y las sanciones? Se acabó. En Venezuela empieza una nueva etapa.

Desde el comienzo quisieron poner palos en las ruedas. Empezaron criticando que la Unión Europea mandara una Misión de Observación Electoral, lo que era, desde el primer momento, una manera de legitimar las elecciones. Han criticado a las oposiciones por presentarse, aunque solo ha aumentado la sensación de que Guaidó es un cadáver político –de hecho, la llamada Mesa de la Unidad Democrática, la MUD, ha empeorado su resultado electoral– y han querido presentar el informe de la UE como negativo, cuando ha sido todo lo contrario.

Europa avala las elecciones

El documento de la Unión Europea iba encabezado con un enunciado claro: “Un retorno a la mesa electoral de la mayoría de las fuerzas políticas con mejoras en las condiciones electorales”. Es decir, se avalaban las elecciones. Como han hecho el 100% de los expertos. Quizá por eso mismo -el regusto colonial europeo– acompañaba un elemento crítico: “Aunque con persistentes deficiencias estructurales”. Las 16 páginas del informe estaban salpicadas de afirmaciones que avalaban el resultado final, en la misma línea contundente sostenida por los expertos electorales de América Latina -muchos de ellos expresidentes de Tribunales Electorales– que han avalado las elecciones de manera unánime. Según el informe europeo:

“Las elecciones regionales y municipales del 21 de noviembre fueron una primera y crucial prueba para el regreso de la mayoría de los partidos de la oposición a las elecciones en Venezuela. El proceso electoral mostró la persistencia de deficiencias estructurales, aunque mejoraron las condiciones electorales en comparación con las tres elecciones nacionales anteriores (…) Una administración electoral más equilibrada, con representación de los partidos de la oposición y de la sociedad civil en la supervisión de las elecciones, la realización de numerosas auditorías en las distintas fases del proceso electoral, y una actualización más amplia del registro electoral mostraron una mejora de las condiciones. Además, los partidos de la oposición pudieron presentarse con la tarjeta de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), anteriormente suspendida (…) El marco jurídico electoral venezolano cumple con la mayoría de estándares electorales internacionales básicos (…) El actual Consejo Nacional Electoral (CNE) se considera el más equilibrado de los últimos 20 años y la mayoría de sus decisiones se han tomado por consenso”.

No han faltado, obviamente, críticas en el informe europeo que, más allá de su veracidad, eran el requisito necesario para que los sectores conservadores de la UE firmaran el documento. Que es donde se han querido agarrar las derechas y sus medios para presentar de manera torticera el informe. Mienten, pero hace tiempo que eso les da lo mismo.

Como concluyó la jefa de la Misión, Isabel Santos, “el informe no puede ser objeto de instrumentalización política. Se trata de una aproximación técnica al proceso electoral y el momento electoral vivido, una herramienta útil para mejorar procesos en el país. Combatiremos cualquier intento interesado de interpretar esta declaración a favor de intereses partidistas con los que no tenemos nada que ver”.

El resumen del Alto Comisionado de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, más allá de los equilibrios de su cargo y de las herencias de decisiones equivocadas del pasado, ha reconocido que: “Estas elecciones fueron organizadas bajo mejores condiciones en comparación con procesos anteriores, incluido un Consejo Nacional Electoral ampliamente considerado como el más equilibrado de los últimos 20 años en Venezuela”.

Por esas herencias y equilibrios -y por el miedo a una derecha que necesita a Venezuela para que no se hable de las cosas importantes– ha querido lanzar también su regaño, añadiendo que: “No obstante, la Misión observó deficiencias estructurales, como inhabilitaciones políticas arbitrarias de candidatos, acceso inequitativo a los medios de comunicación y un uso extensivo de los recursos del Estado durante la campaña política”.

Algo que llama la atención cuando en España se acaba de inhabilitar de manera obviamente injusta al diputado Alberto Rodríguez (de Unidas Podemos) –después de hacerlo de manera similar con Isa Serra– el PP se lleva presentando a las elecciones desde al menos 1999 con dinero obtenido de la corrupción, y el duopolio mediático en España, al igual que RTVE, trabajan evidentemente para la derecha y, en menor medida, para el PSOE, dejando a fuerzas como Unidas Podemos muy lejos de lo que le correspondería.

Las mentiras de los medios

Todo lo que se dice y publica sobre Venezuela por parte de la derecha y sus medios casi siempre es mentira, aunque hasta un reloj parado da dos veces al día bien la hora. ¿O no es acaso cierto que pese al bloqueo y el embargo, las compañías norteamericanas relevantes, como Halliburton, que son las que deciden qué pasa o no pasa en Washington, han seguido trabajando en Venezuela? ¿Alguien las ha sancionado? Porque una cosa es lo que se hace y otra lo que se dice, siempre determinado por intereses económicos y electorales. Venezuela ha sido y sigue siendo el demonio con el que las derechas asustan para que las víctimas sigan votando a los verdugos.

En conclusión, con el regreso de la oposición a las elecciones termina un tiempo turbulento en el que el golpismo de un sector de la derecha venezolana ha llevado a su país a la peor crisis de su historia. Las críticas a las elecciones en Venezuela son las propias de casi cualquier proceso electoral. El 100% de la veeduría internacional, donde están los organismos electorales más respetados de América Latina, han zanjado que las elecciones han sido limpias. Que deje Europa de querer dar lecciones. Los medios de comunicación han vuelto a mentir. ¿Fraude? ¿Violencia? ¿Desequilibrios? Por cierto, violencia real en Colombia, donde el mismo día de las elecciones siempre se asesina a candidatos, o en EEUU, donde el día de la proclamación del nuevo presidente, se asaltó el Capitolio y murieron cinco personas. ¿Nos imaginamos qué dirían los medios y la derecha si el día de la elección de Maduro se asaltara el Congreso y murieran cinco personas? Pero Estados Unidos sigue queriendo dar lecciones de democracia a los pueblos del mundo. Pero ya nadie quiere esa sopa recalentada.

Si la Unión Europea ha reconocido la legitimidad de las elecciones, no tiene sentido que sigan reconociendo a Guaidó como presidente interino. Y España, que ya ha hecho bastante el ridículo, convendría que recuperara la influencia en la región empezando a tener criterio propio y desligándose de Estados Unidos –a los que les pesa el voto en Florida para mantener las sanciones– ayudando a la paz y al diálogo y no como hasta ahora poniéndose del lado de la confrontación y la violencia. Aunque solo sea para que defiendan los intereses económicos españoles en la región.

Que España no esté en el proceso de diálogo en México entre el Gobierno de Nicolás Maduro y las oposiciones, es una señal de su pérdida de influencia. La derecha que quiso prender fuego a Venezuela ya no tiene argumentos para seguir justificando su beligerancia. Y si sigue haciéndolo, que sea por su inclinación hacia la extrema derecha y no por ningún acuerdo con el PSOE. Tiempo de paz, tiempo de diálogo.

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